14 de marzo de 2010

La Sabiduría de Irán (I)

Para los expertos en muchas disciplinas del conocimiento (historia, lingüística, antropología, filosofía, religión y un largo etcétera) el impacto del pueblo indoeuropeo es indudable. Pero ocurre que una gran oscuridad se cierne sobre su estudio directo: no han legado documento escrito alguno y tampoco hay restos materiales unívocamente suyos en ninguna de las regiones donde se supone que reposan sus huesos. Lo que se sabe de ellos es de manera indirecta: el estudio filológico y el estudio arqueológico.
Por tanto llamamos indoeuropeos a los primitivos hablantes del indoeuropeo. Las preguntas que comenzaron a hacerse los expertos tenían que ver con el cuándo y el dónde del surgimiento de estas tribus que compartían semejante lengua. Las interminables llanuras de Europa Oriental, de las actuales Polonia, Rumania y Ucrania, es la más que probable cuna de estos pueblos. En el -2000 los hetitas cruzan los Balcanes, cruzan el Bósforo y se establecen en Anatolia. En el -1900 los protogriegos hacen el mismo camino pero siguen hacia el sur, hasta el Peloponeso.  En ese mismo tiempo comenzó la emigración hacia el Oeste de celtas e itálicos; y hacia el este de los iranios y los indo-arios.
     Hacia finales del III milenio a.C., pueblos indoeuropeos procedentes de las regiones situadas al norte del Mar Negro llegan hasta Asia central, donde permanecen por algún tiempo. Después se desplazan hacia el sur y, al comienzo del II milenio a.C., los encontramos en la llanura irania y en las montañas de Afganistán. Finalmente, alguno de esos pueblos penetran en el subcontinente, mientras los otros se adentran en Irán. Aunque instalados en diferentes regiones de esta vasta región mantiene singularidades lingüísticas y un sentimiento de pertenencia a una misma comunidad.
     Para distinguirse de los nativos, todos estos pueblos se llaman a sí mismos arios, del sánscrito arya, noble. La religión es el elemento básico de la estructura cultural de los pueblos arios, y también la que provee el cuerpo ideológico sobre el que descansa la idea misma del carácter ario. Los arios entendían la ocupación de una región como la sacralización de una zona estimada profana antes de que ardiese por primera vez el fuego ritual.
Básicamente eran pastores nómadas de ovejas, cuyos rebaños constituían su principal riqueza. También criaban bueyes y cerdos. Sabían sembrar cebada y moler el grano. Pero lo que de verdad supuso un salto de calidad en su desarrollo fue la pronta domesticación del caballo: no sólo era una mejora en el pastoreo también fue una estupenda evolución en la técnica bélica. Las tribus indoeuropeas debieron ser prácticamente invencibles en el campo de batalla. La enorme importancia del caballo queda reflejada posteriormente en numerosos nombres, mitos y ritos. La organización social era simple y se basaba en la tripartición:
- Individuo - Casa[Patriarca] – Tribu[Monarca].
- Tres clases sociales: guerreros, sacerdotes y productores.

      El panteón
     El panteón se divide entre los devas y los asuras, a los que se les ofrecen sacrificios. La persona espera, tras la muerte, llegar a los dominios celestiales donde resplandece la luz eterna, para ello el individuo debe actuar de acuerdo con el bien y luchar contra el mal.
La antigua religión irania tenía un panteón común con los habitantes del subcontinente: Indra, Mitra, Nasatyas y Varuna. Hacia el siglo X a.C. se separan y Mitra ocupa el peldaño más alto del panteón iranio; tras él, la diosa Anahita tuvo un papel relevante. Los medos veneraban a Zurván, en Sogdiana a Baga. Adoraron al Sol, la Luna, la estrella Sirio, la tierra, el agua, el fuego y el aire. El lugar de culto eran lugares altos de montañas o bosques. Sacrificaban caballos, toros y carneros.
     Es en este contexto cultural y religioso sobre el que actuará uno de los grandes hombres religiosos de la Humanidad: Zaratustra.

      La vida de Zaratustra
   Aun siendo tan grande su obra, como la de Buda o de Confucio, hubo de transcurrir mucho tiempo antes de que su influencia se dejara sentir sobre el pensamiento y la religión de Occidente. Quien primero representó la sabiduría oriental para Europa fue un profeta persa llamado Zaratustra (también conocido en su forma helenizante como Zoroastro, de ahí que se llame Zoroastrismo a la religión de sus seguidores).
     La vida de Zaratustra se halla cubierta por una espesa niebla de leyendas. Hay imprecisiones e inseguridades tanto en la datación de la época donde nació y vivió, como por determinar el lugar exacto de su nacimiento. Los Gathas, documentos más antiguos y autorizados, nos presentan un hombre de fuerte personalidad. Hay indicios que permiten afirmar que nació en Raga, fruto de un enlace de un varón del linaje Spitama, criadores de caballos, y la hija de un rey medo. La colectividad a la que adoctrinó estaba constituida por pastores sedentarios que tenían unos jefes: kavi (príncipes), usig (sacrificadores) y karapan (sacerdotes murmuradores). Zaratustra se pronunció contra las creencias religiosas de estos sacerdotes custodios de la religión aria, y como se opusieron a sus reformas tuvo que huir y refugiarse en Visthapa, donde predicó con mayor fortuna su nueva doctrina religiosa. Tampoco hay acuerdo sobre su muerte: algunos afirma que fue asesinado y otros (los parsis) que murió tras la conversión del monarca que fue su protector.
      
      El Avesta
     La doctrina de Zaratustra es conocida gracias a la colección de textos de diversas épocas denominadas Avesta (fundamento). El texto que actualmente poseemos no es más que una pequeña parte del existente en tiempos de los asácnidas y sasánidas. Hoy sabemos que es en realidad una obra fragmentaria y desigual, compilada en una época relativamente reciente con trozos de textos, cuya redacción debió extenderse a lo largo de varios siglos. En el núcleo del Avesta figura un conjunto original que se distingue de todo el resto de la obra por el estilo, el dialecto en que está escrito, y el género literario. Se compone de cuatro bloques:
- Gathas (Cantos): se trata de himnos de extensión mediana atribuidos al propio Zaratustra.
- Yasna (celebración de sacrificios): se trata de himnos más largos que los anteriores.
- Yashts (cantos de sacrificios).
- Vendidad o Vivevdat (ley contra los demonios) ofrece las normas relativas a todas las situaciones de la vida, consideraciones en torno al destino del alma tras la muerte, los rituales y las prescripciones de pureza. Es el único texto que ha llegado íntegro a nuestros días.

12 de marzo de 2010

LA FILOSOFIA POLITICA DE ORTEGA Y GASSET EN EL ESPECTADOR

1.     POLITICA MENTIROSA.
La política ha calado hondo en el hombre. Aunque Ortega parece no tener en buena estima dicha disciplina. Para Ortega y Gasset política es la supeditación de la teoría a la utilidad, es también pensar utilitario. El pragmatismo, que descubre la esencia de la verdad en lo útil, es especialmente criticable. Y lo es porque en primer lugar el pensamiento se degrada a operación, y en segundo lugar, se obvian la finalidad de las acciones: queda reducido el pensamiento a la operación de buscar buenos medios para los fines.
Para Ortega la política está en un plano secundario y dice de ella que es una saludable fuerza de que no podemos prescindir. Pero con condiciones. Mientras tomemos lo útil como útil, nada hay que objetar. Pero si esta preocupación por lo útil llega a constituir el hábito central de nuestra personalidad, cuando se trate de buscar lo verdadero tenderemos a confundirlo con lo útil. Y esto, hacer de la utilidad la verdad, es la definición de la mentira. El imperio de la política es, pues, el imperio de la mentira. Como ya dije antes la política se ha extendido, hay política por todos lados. Y también políticos, gentes a quien no interesa ver el mundo como él es, dispuestas sólo a usar de las cosas como les conviene.
Ortega ve el mundo que lo rodea lleno de política y de políticos, de mentira y de mentirosos. Se ve en la obligación de buscar la verdad, más bien, afirmarse de nuevo en la obligación de la verdad, en el derecho de la verdad.

2.     DEMOCRACIA MORBOSA.
Las ideas de Ortega sobre la democracia son muy críticas, como queda patente  en el fragmento citado. Pero son muy críticas porque la democracia (la llama saludable y noble) imperante en la España (y en los políticos) de su época es, en su opinión, perversa y ruin y provoca degeneración en los corazones, ya que se ha lanzado en brazos del plebeyismo. La democracia nació pensando en la plebe, salvarla de su baja condición, para que medrara. Y finalmente la plebe, no solo, no medra, sino que, es la democracia la que acaba plebeya.
Y es que Ortega no es amigo de los extremismos, como tampoco lo es de absolutismos. Y con la democracia ocurre tal cosa. La democracia, como democracia, es decir, estricta y exclusivamente como norma del derecho político, parece una cosa óptima. Pero la democracia exasperada y fuera de sí,..., es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad. La democracia ocupa un término medio, mesurado, un lugar concreto. Si ponemos la democracia fuera de su sitio, o en otros ámbitos, o distorsionada y extrema, piensa Ortega que es la peor enfermedad de una sociedad.
No es lícito ser ante todo demócrata, porque el plano a que la idea democrática se refiere no es un primer plano, no es un “ante todo”. La política es un orden instrumental y adjetivo de la vida, una de las muchas cosas que necesitamos atender y perfeccionar para que nuestra vida personal sufra menos fracasos y logre más fácil expansión. La democracia no lo es todo, es una cosa más de entre otras, con su utilidad y su función. Tampoco es lícito ser “sólo demócrata”. El amigo de la justicia no puede detenerse en la nivelación de privilegios, en asegurar igualdad de derechos para lo que en todos los hombres hay de igualdad. Siente la misma urgencia por legislar, por legitimar lo que hay de desigualdad entre los hombres. Si se absolutiza llamando “todo” a la democracia, del mismo modo, llamar “lo único” a la democracia, como si no hubiera nada más, es también absolutizar. Es aquí, donde la democracia deviene plebeyismo. Quien se irrita al ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se inmuta al ver tratados igualmente a los desiguales, no es demócrata, es plebeyo.

BIBLIOGRAFIA:
EL ESPECTADOR. José Ortega y Gasset. Biblioteca Básica SALVAT. Libro RTV 4. Madrid 1969.
 Los textos en cursiva están sacados literalmente del texto original:
Ø  VERDAD Y PERSPECTIVA. Páginas 17, 18 y 19.
Ø  DEMOCRACIA MORBOSA. Páginas 67 a 71.



5 de marzo de 2010

Ya lo estoy viendo venir...

... de aquí a nada, los políticos estos que sufrimos en nuestras carnes, volveran a reunirse en una importantísima y vital Comisión de Investigación para poner fin a otra de esas salvajadas que jalonan desgraciadamente nuestra geografía vital: la pesca de la carpa en los ríos.
     Efectivamente, veremos de nuevo a otro prohombre, que desde la poltrona, saca a la luz las herramientas de la felonía. El carrete, la caña y esas afiladas y ganchudas máquinas de matar que son los anzuelos. Veremos fotos y videomontajes, quizás algún que otro powerpoint con música de tango de fondo, con el sufrimiento de la pobre carpa, y cómo inane deja de debatirse entre la vida y la muerte al caer dentro de un cesto de mimbre.
     Veremos los rostros de esos criminales embutidos en sus largas botas pantalón de goma. Nos horrorizaremos ante esas fotos donde aparecen todos ellos con los ojos inyectados en sangre posando ufanos y alegres con sus capturas.
     La carpa sufre. ¿Cómo es posible que haya tanto descerebrado que no se de cuenta del horror que supone el sacrificio de semejante criaturita, con sus escamitas y su bigotito? ¡Malvados! No temais más carpas del Foix, del Tordera, del Sec, del Llobregat, del Segre, que mientras haya políticos en Cataluña de recia humanidad no sufrireis más el martitio y la barbarie de estos.


Y digo yo, ¿no habrá cosas más importantes que debatir en Cataluña, y en España, que esto?. Además de recibir los sueldos que reciben estos impresentables, ¿se tienen que gastar el dinero de los españoles contribuyentes en estas pantomimas? ¿Qué hay detrás de todo esto? No me creo que sea simplemente una defensa de los animales, aquí hay algo más, pero a las carpas le saldrán pelo si tenemos que esperar a que los políticos sean sinceros y digan la verdad de lo que transcurre detrás de esto. En fin... ¡Carpas del mundo unios!


PD: Lo que me ha dejado de piedra han sido las declaraciones de Jesús Mosterín sobre la ablación de clítoris en la mujer. No salgo de mi asombro. Mosterín es uno de los filósofos más prestigiosos que tiene actualmente el panorama de la filosofía española en el campo de la lógica, la filosofía analítica y la filosofía del lenguaje. Además de haber escrito una de las mejores 'Historias de la Filosofía' publicada en Alianza Editorial, y ser experto en antropología filosófica y teoría de la cultura. Yo tengo varios de sus libros y es un pensador de vanguardia. Pero estas declaraciones dejan su prestigio personal algo tocado, desde luego.  Se ve que el tema de la tauromaquia le toca alguna fibra sensible, tanto para decir el disparate que ha dicho.

http://www.telecinco.es/informativos/toros/noticia/100016808/El+filosofo+Mosterin+compara+los+toros+con+la+ablacion+de+clitoris+y+la+violencia+de+genero

    




4 de marzo de 2010

Shinto La Sabiduría autóctona de Japón (VII)

PUNTO FINAL


La historia de Japón es inextricable de la religión. El concepto de un Japón hipertecnológico es muy reciente. Pero ha sido tanto lo que han exprimido la religiosidad que en la actualidad y para la mayoría de los nipones la religiosidad tiene más que ver con manifestaciones tradicionales y culturales que con profundos y trabajosos actos de fe. Siguen peregrinando a las montañas sagradas, abarrotan los Santuarios en las fechas señaladas, siguen asistiendo a los Festivales, no faltan a las Purificaciones, pero generalmente lo hacen con la parsimonia del que está haciendo algo cotidiano y natural, y no con la fuerza y el tremor del que se entrega a la divinidad. Tras la 2ªGM la productividad y la competitividad se han convertido en la cotidianidad del japonés, también se ha producido una masificación de las ciudades y una modificación de las grandes familias a la ya típica familia nuclear. EL japonés ha abandonado el campo y la montaña para agolparse en bloques de cemento. El noble combate del samurai se ha transplantado en el feroz mundo de la producción y los negocios. Las esencias de los kami y su arraigo en la naturaleza ha sido olvidado por muchos, especialmente por las nuevas generaciones.
Podemos decir que el budismo es el “gran vencedor” (sin que sea esta una expresión peyorativa) de la religiosidad en Japón: la mayoría de las sectas y escuelas siguen vigentes y el 90 % de los ritos funerales se celebran según el rito budista.
Por el contrario, la religión autóctona y primigenia, el shintoísmo sigue repugnando intelectualmente a muchos japoneses. No le perdonan su asociación con el Shinto Estatal y la deshonrosa derrota de la guerra. El shintoísmo que en la actualidad está vigente tiene mucho de folclore popular.
Para concluir ya, y como postdata final, hacer una mención a la obra cinematográfica de un japonés: Hayao Miyazaki. Si todo esto que he venido exponiendo sobre los kami y su ‘camino’ pudiera ser difícil de comprender o asimilar, por la lejanía de los conceptos y las abstracciones, gracias a la obra de este insigne Maestro, se torna cercana y amena. En dos de sus obras especialmente: ‘La Princesa Mononoke’ y ‘El viaje de Chihiro’. En ambas, el brillante cineasta japonés nos enseña de manera asequible, qué son los kami y qué impacto tuvieron y, seguramente, tienen sobre la vida de los japoneses.

Para los que no hayan tenido bastante con esto:

Bibliografia:
§  La sabiduría oriental: taoísmo, budismo, confucianismoVíctor García Ediciones Pedagógicas 2002 Madrid
§  Historia de las religionesE. O. James Alianza Editorial [Traducción: Mª Luisa Balseiro]
§  Breve Historia de las ReligionesFco Diez de Velasco Alianza Editorial 2006 Madrid
§  Religiones de JapónMichiko Yusa Akal Religiones del Mundo 2005 Madrid [Traducción: Fco. López Martín]

Para el que quiera saber cosas de japón:
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
·        En el Japón EspectralLafcadio Hearn Alianza Editorial 2008 Madrid
·        Kwaidan: cuentos fantásticos del JapónLafcadio Hearn Alianza Editorial 2007 Madrid
·        Leyendas y cuentos del JapónIrene Seco Sierra Akal 2006 Madrid
·        Kojiki: Crónicas de Antiguos Hechos en JapónVV.AA. Trotta 2008 Madrid
·        Antiguos mitos japonesesNelly Naumann Herder 1998 Barcelona
·        Mitología japonesaMasaharu Anesaki Ediocomunicaciones 1996 Barcelona
·        ‘La estructura fundamental del pensamiento japonés’ Hitoshi Oshima Universidad Autónoma 2005 Madrid

3 de marzo de 2010

Shinto La Sabiduría autóctona de Japón (VI)

LA NACIÓN Y EL IMPERIO
Hemos ido viendo como a lo largo y ancho de la evolución del shinto todos los cauces parecían ir confluyendo a la misma gran desembocadura: el nacionalismo. El Ujigami y el Kojiki, luego se añaden los dos conceptos motrices que veremos ahora, Shikkoku y Fukko, hasta llegar a la Reforma Meiji.
Como vimos anteriormente, el Kojiki, que data del s. VII-VIII, muestra el inextricable enlace entre la divinidad Amaterasu con el clan Yamato. De esta manera queda claro que el Mikado, esto es, el Emperador del Japón tiene un vínculo con los Kami. Es más, el Emperador, como descendiente de la diosa del sol es una auténtica divinidad viviente, así que se le debe absoluta lealtad. De este modo el Shinto se une a la nación y al Estado japonés hasta sus últimas consecuencias. El Santuario sintoísta es donde se irá acrisolando todo este sentimiento patriótico.
Hay un episodio en la historia del Japón, que aun teniendo tintes novelescos, tiene un gran peso a la hora de explicar la fuerte raigambre del shinto en la nación nipona: el Kamikaze, el viento divino. A finales del s. XIII Khubilai Khan gobernaba sobre toda China, el pueblo japonés no era desconocedor del gran Imperio que tenían como vecino, tampoco desconocían las intenciones expansionistas de los mogoles. En sendas ocasiones los tifones derrotaron a los ejércitos chinos, haciéndolos desistir de la invasión del archipiélago. Aquello amplificó en el pueblo japonés el sentimiento y la idea de que era el pueblo elegido de los kami, que era una nación gobernada por los dioses, Shikkoku, y que de algún modo eso les convertía en un pueblo inexpugnable e invencible.
En el cambio de siglo, del XVIII al XIX, hemos de destacar la figura de Hirata Atsutane, defensor a ultranza de las tesis nativistas y de Fukko o ‘retorno a lo antiguo’. Estudió en profundidad el Kojiki y llegó a la conclusión de que el país fue creado por los dioses “como señal especial del favor de las divinidades celestiales. Por lo tanto si la herencia del Japón era superior a las otras herencias y tradiciones extranjeras, la manera de honrar a los kami ancestrales era reencontrase con sus raíces.
Este proceso de nacionalización llega su expresión máxima a finales del s. XIX con la reforma Meiji. Este es el momento en el que Japón se convierte en un Estado-nación moderno, desbancando al que fuera núcleo central de la vida política japonesa, el Shogunato; y descubre que un mundo enorme, complejo y muy desarrollado técnicamente existe al otro lado de sus costas. Desde un principio el gobierno Meiji jugó, por decirlo coloquialmente, con una doble baraja. La modernización industrial del país adquirió una velocidad meritoria, pero a la vez auspiciaba claramente medidas nacionalistas y conservadoras. El sintoísmo nacional, centrado en los templos diseminados por todo el país, da un paso adelante y se convertirá en una religión estatal civil. El shinto deja de ser una sabiduría y se convierte en un culto patriótico e imperial de obligado cumplimiento. Los sacerdotes se convirtieron en funcionarios que dependían directamente del Ministerio del Interior. El Estado se convirtió en la fuente de financiación de este culto, llevándolo incluso al sistema educativo, transformándolo en auténtica ideología nacional: Edicto Imperial de Educación. En 1868 se decreta el Shinbutsu bunri-rei o la separación total del sintoísmo y del budismo, lo que generó una oleada de violencia antibudista. El gobierno Meiji estaba empecinado en eliminar todo rastro del Shogunato y no sólo adoptó las citadas medidas en los niveles teológicos, también en los más populares. Introdujo el calendario gregoriano, eliminó inveteradas festividades estacionales, prohibió taxativamente las prácticas chamánicas de los médiums, liquidó viejos tabúes, como el de permitir el acceso de la mujer a las montañas sagradas o permitir la entrada a budistas y extranjeros al Santuario de Ise.
En este proceso de obediencia ciega al Emperador se encuentra la raíz del expansionismo bélico japonés que terminará con la derrota en la Segunda Guerra Mundial. En 1940 la Jingi´in o Consejo de los Santuarios otorga al Shinto Estatal el status de credo nacional. Sólo un año después Japón se lanza a la guerra enarbolando la hinomaru, bandera del sol naciente rojo, en honor a Amaterasu y al Santuario de Ise. El militarismo ultranacionalista se había apoderado de los símbolos augustos. Tras la derrota, y la capitulación ante MacArthur en el Missouri, el Shinto Estatal fue abolido, y el propio Emperador Hirohito repudió la divinidad del Mikado en la ‘Declaración de Humanidad’ de 1946. Tras siglos de vigencia, una forma de vida llega su fin.

Pero como nos dice el Kojiki tras la muerte llegará una nueva generación, el ciclo vital nos lleva de la mano por toda la eternidad. Amaterasu no abandona al pueblo que durante siglos la ha venerado con fuerza, dedicación y fidelidad. El Shinto no ha desaparecido de las almas niponas, tampoco de sus templos, sus festividades y rituales. Los kami no se han separado del espíritu educado y recto, pero también cómico, de los japoneses. El archipiélago no dejará de ser nunca la tierra donde habitan los kami.

2 de marzo de 2010

Shinto La Sabiduría autóctona de Japón (V)

LOS SANTUARIOS
Desde el comienzo, el Shinto es una sabiduría que se asocia a los santuarios, a los rituales y a los festivales. El santuario se construye a menudo en las faldas de las montañas, y siempre en bosques. La Montaña, como sede de lo inmutable, es el lugar privilegiado para la experiencia mística, el lugar idóneo donde instalar los Santuarios para venerar a los kami. El Shinto está plagado de montañas sagradas: Fuji, Yoshino, Kumano o Koya son los más importantes.
Los Santuarios fueron evolucionando desde los pequeños altares familiares o kamidana y estatuas en la orilla de los caminos; a pequeños santuarios cerrados con cuerda y paja como techado y una verja de madera en emplazamientos naturales de gran belleza; hasta los Santuarios y grandes complejos. Destacan por su importancia y antigüedad el Gran Santuario Imperial de Ise, dedicado a la diosa Amaterasu y el Gran Santuario Meiji en Tokio. En ellos hay un objeto que representa el cuerpo del Kami. Cada santuario se dedica a un Kami. El Torii es el gran Pórtico de entrada de los dioses. El Torii más conocido y característico de Japón se encuentra en el mar, en la costa de la isla de Miyajima, y es el Pórtico de entrada al Santuario de Itsukushima.
El Gran Santuario de Ise resulta ser santo entre los santos y muchos japoneses sienten la obligación moral de viajar en peregrinación hasta él, en la llamada Ise mairi, al menos una vez en la vida. Fundado alrededor del 300 d. C. este magnífico complejo construido en fina madera de ciprés japonés, está compuesto por el Geku o Santuario Exterior, edificado en honor a la diosa de las cosechas Toyouke; y por el Naiku o Santuario Interior dedicado a Amaterasu. Las princesas imperiales ocupaban el cargo de Saigu, o celebrantes de los rituales en honor de la gran diosa solar. Y es que el buen gobierno del país dependía de que los kami recibieran el culto apropiado.
El Shinto ordena la vida comunitaria de los hombres mediante rituales. Era, y sigue siendo, una sabiduría llena de festividades. Ceremonias de imploración a los kami solicitando la fertilidad, la abundancia y la protección: Niinamesi, el rito más importante del Jinja, es la ofrenda de las cosechas a Amatersu. Ceremonias de acción de gracias y banquetes en honor de los kami. Ceremonias conmemorativas de las etapas de la vida que son importantes: el Genshisai es el primer rito del año. Finalmente, rituales de curación y de adivinación: Mamori son encantos curativos y protectores. En todos ellos encontramos varios puntos en común. Vemos Kagura o danzas rituales, Miyuki o procesiones y Matsuri que son rezos y ofrendas, de sake, pescado o ramas de pino, que se hacen a los kami para honrarlos. Un rito particularmente especial e importante es el Kegare o rito de purificación. La higiene corporal tiene una gran importancia; las inmundicias, la sangre y los corazones impuros desagradan a los Kami. Así el Misogi o lavado ritual del cuerpo antes de la entrada al santuario era una práctica habitual y fundamental para los japoneses.
Creo importante reiterar la idea de la pureza. En el Kojiki ya vimos la importancia suprema que tenía, para los dioses, el ser puros, física y espiritualmente; evitando primero todo aquello que los convierte en impuros, y segundo, limpiando exhaustivamente las impurezas: Izanagi tras su paso por le ultramundo se purifica por completo y el ‘castigo’ impuesto a Susa no Wo es la limpieza completa de su cuerpo. 


El Torii de Miyajima


[Esta es la web oficial del Santuario de Ise ]

1 de marzo de 2010

Shinto La Sabiduría autóctona de Japón (IV)

RYOBU-SHINTO o SHIMBUTSU-KONKO o SHINBUTSU SHUGO

El budismo nunca impuso ni su credo ni sus enseñanzas a los pueblos a los que se dirigía. Pero sí es cierto que al poco tiempo de llegar al Japón ya gozaba de una tremenda influencia y carisma. Podemos rastrear dos razones para ello. La primera razón fue que la casta aristocrática del momento se vio envuelta por el encanto y la fuerza del legado de Gautama. Incluso hubo un momento en que Shotoku Taishi (Período Asuka) instauró un régimen de neta inspiración budista. Siglos después con la imposición de la casta militar en todo el archipiélago, Shogun a la cabeza, el budismo será fundamental en la concepción de la vida y la muerte del samurái a través del Bushido. La segunda es que el budismo no reconoce los sistemas de castas, nivela a todos los individuos en su camino a la iluminación; con lo que era una sabiduría muy sugerente para las clases no dirigentes del archipiélago. El budismo, que encajó a la perfección en los Heimin y en los Eta, envolvió al Shinto, obligándolo a revisar a fondo su sistema de creencias. Mientras que el sintoísmo no se recompone como identidad propia, se crea un singular sincretismo en el que los templos eran compartidos y un mismo monje oficiaba budismo y sintoísmo. Efectivamente, en el día a día de la población nipona durante siglos hasta la actualidad, el kami y el buddha se dan la mano; es más, seguramente les sea difícil señalar donde acaba la creencia en unos y comienza la creencia en el otro. Mejor prueba que ésta no hay para entender como las sabidurías auténticas son las que buscan las analogías, las asonancias y los puntos de encuentro. 

En el s. X durante el período Heinan comienza el solapamiento de ambas sabidurías. Las sectas budistas más importantes del momento, la Tendai y la Shingon no tuvieron problemas para incorporar a los kami en su marco institucional. La forma de lograr esa reconciliación es llamado Honji Suijaku, o ‘teoría de la esencia-manifestación’: los kami eran manifestaciones de los budas. Así la identidad de los kami fue asimilándose a la de un Buddha o bodhisattva concreto, incluso llegando a lo más alto de panteón sintoísta, Amaterasu era identificada como la manifestación del Buddha solar, Mahavairocana.
Esta convivencia tácita y de facto en la cotidianidad nipona parece tener una fecha de caducidad en un -digamos coloquialmente- nivel intelectual superior, esto ocurre partir del s. XIV, en el período Muromachi. Un erudito llamado Kitabatake comenzó a sostener que Japón era Shinkoku, el país de los dioses, e intentó dar una explicación sistemática al simbolismo shintoísta animando el posterior desarrollo de la teología shinto. Los puntos de partida de Kitabatake fueron, por un lado, unos hechos acaecidos un siglo antes, a finales del s. XIII: el impulso de la fe sintoísta tras la victoria incruenta sobre los invasores mongoles. Sobre ese tema tendré que hacer hincapié más adelante. Por otro lado, lo que hizo este erudito fue volver a beber de sus fuentes primigenias, y como no podía ser de otro modo, miró al centro neurálgico del shinto ancestral, la pureza de Ise. Allí encontró lo que buscaba, en las obras de un sacerdote sintoísta llamado Watarai Yukitada. La teología sintoísta había comenzado a andar, pero para poder desarrollarse por completo tenía que desembarazarse del budismo. En esa cuestión puso todo su empeño Yoshida Kanemoto que a finales del s. XV declaró la supremacía del Shinto sobre el Budismo, utilizando a la inversa la ya conocida teoría de la esencia-manifestación. Fundó una escuela sacerdotal conocida como Yoshidashinto donde defendía que el shinto era la fe más profunda y original. Paralelo a este proceso conceptual y teológico comenzó un movimiento populista en los Santuarios locales, el genze riyaku o ‘beneficio mundano del aquí y ahora’. Eran promesas de longevidad, de salud, de victorias militares y beneficios, de buenas cosechas y capturas abundantes, a todos aquellos que rindieran culto a los kami.
Referir brevemente que, durante el período Edo, el sintoísmo tuvo también una conciliación con el neoconfucianismo. Destaca la figura de Yamasaki Ansai un erudito neoconfunciano que vio reflejado en el shinto las posturas básicas que ya defendía: la lealtad, la sinceridad y la honradez. Creó su propia secta, la Suika Shinto, y fue reverenciado como un kami viviente.

28 de febrero de 2010

Shinto La Sabiduría autóctona de Japón (III)

AL KOJIKI

Kojiki se traduce generalmente como ‘Historia de los Hechos Antiguos’ o ‘Registro de los Asuntos Antiguos’. Desde la Antigüedad circulaban por todo Japón, en boca de las katabari o narradoras de historias, unas tradiciones orales de origen heteróclito. Esta mezcolanza de mitos locales de diversas épocas y regiones transmitidas oralmente durante siglos fue recopilada por Hieda no Hare a comienzos de s. VIII. La escritura final, en el 712 d. C., parece que corrió a cargo de O no Yasumaro. Está escrito en el dialecto común a la zona Yamato de aquel tiempo, el Jodai Nihongo, que mezcla el japonés arcaico con el chino. Siglos más tarde, durante la época Edo (s. XVIII), un intelectual de la corte Imperial, Mootori Norinaga, lo estudió en profundidad, publicando el ‘Kojiki den’ o ‘Comentarios al Kojiki’, que es la primera obra que trata de interpretar la vetusta mitología nipona. El primer occidental que tradujo el Kojiki fue el japonólogo británico Basil H. Chamberlain a comienzos del siglo XX. Posterior al Kojiki, podemos leer el Nihon Soki o Crónica del Japón.
Todos los expertos coinciden en apuntar que la Casa Imperial reinante del s. VII necesitaba un pasado sagrado sobre el que fundar su presente y abriera el camino de expansión hacia el futuro. Pero al hacerlo, hicieron algo más grande e importante, sacaron de las profundidades de su memoria, poniendo negro sobre blanco, las concepciones más importantes de su existencia.

El libro se estructura en forma de Anales, como si fueran crónicas que narrasen los acontecimientos año tras año. Se divide en tres partes.
• Kamitsumaki: Narra la época de los dioses. En esta parte se encuentra el grueso de la mitología japonesa. Es la parte más importante, también las más difundida, conocida y estudiada.
• Nakatsumaki: La narración comienza con el primer Emperador de Japón, Jimmu y su conquista del archipiélago, hasta el decimoquinto, Ojin. También son narraciones de gran contenido mitológico
• Shimotsumaki: Aquí encontramos las narraciones relacionadas con los otros Emperadores, del decimosexto, Nintoku, hasta el trigésimo tercero la Emperatriz Suiko.

El Kojiki es el libro donde se narra, en forma de leyenda mitológica, el nacimiento del Japón. Básicamente el Kojiki nos cuenta como de un caos primigenio, de un océano oscuro de lodo, van surgiendo los dioses. Luego narra las peripecias de estos dioses, los conflictos surgidos entre ellos y su interacción con el mundo que crearon. A continuación, y aquí encontramos una de las claves más importantes, se produce la extensión del estatus divino de las deidades celestiales al linaje de los Emperadores, otorgando de esta manera a todo el pueblo japonés en general y a su casta imperial en particular, la posesión de una situación o un carisma privilegiado.

27 de febrero de 2010

Shinto La Sabiduría autóctona de Japón (II)

DE UNA MIRÍADA DE KAMIS…

El sintoísmo, esto es, la religión indígena o autóctona o primitiva de Japón era, antes de la llegada del budismo, una mezcla de animismo, seguramente chamanista, y de culto a los antepasados. No tenía ni estructura teológica ni moral adyacente, tampoco jerarquía eclesiástica. Sí tenía un politeísmo muy desarrollado y una mitología muy compleja. El Shinto era la sabiduría de los kami, de los espíritus de la naturaleza concebidos como seres vivos y sagrados:

• Kami de la naturaleza: piedras sagradas, lagos, ríos, árboles, montañas, cuevas, animales salvajes, etc.

• Kami astrales como las estrellas y la Luna.

• Kami de fenómenos meteorológicos como el rayo, el fuego, las nubes, la lluvia, el viento o las tempestades, etc.

• Kami de las cosas cotidianas como Inari o kami del arroz, de los alimentos, del camino, etc.

• Kami diabólicos u Oni.

• Kami de los clanes o Ujigami: deidad tutelar de los clanes. Es el ancestral espíritu colectivo que protege a los clanes

• Deidades vivientes o Ikigami: Individuos excepcionales por su poder o sus capacidades.

• Amatsukami o Divinidades celestiales que residen en el Takarmagahara o Altiplanicie celestial a cuya cabeza se encuentra Amaterasu Omikami.

• Los kami revelan sus oráculos a través de las Miko o médiums chamánicos. Era la designación divina, a través de sueños y posesiones, la que elegía a las chamanes.

Los kami son entidades sobrenaturales y misteriosas, reveladas en la naturaleza y que provocan un sentimiento de solemnidad, veneración y serenidad. Invaden todos los aspectos de la existencia. Están, además, dotados de tama, fuerza, que bien puede ser armoniosa, serena y protectora, como ruda y violenta. Es tarea del hombre controlar esa fuerza y captar la voluntad del kami en su beneficio propio. El modo de captar esa atención será a través de los ritos y las celebraciones. La percepción de los kami es posible de forma intuitiva y emocional. La manifestación de los kami era espontanea durante los sueños o bajo la apariencia de seres misteriosos.

Los antiguos japoneses dedicados a la agricultura, a la caza y a la pesca, también a la artesanía y a la jardinería, sentían fervorosamente que los kami obraban a través suyo. Esta concepción simpática y positiva de la vida es de rasgos similares a la que había en la India védica y que luego cambió en la época de las Upanishad. En el shinto parece que asistimos a un giro similar: del jovial animismo chamánico de los kami pasamos, con la estructuración de los conceptos, a una religión de marcado corte nacional.

26 de febrero de 2010

Shinto La Sabiduría autóctona de Japón(I)

El Shinto no tuvo en su origen ni libros sagrados donde se revela la Verdad, ni estructura sacerdotal jerárquica ni dogmas que lo controlen ideológicamente. No es producto de la revelación de ideas ni el engendro de algún hecho histórico trascendente. No se conecta ni a un fundador, ni a grandes maestros desarrolladores. En su origen carece de escrituras, dogmas y credos. Nada de esto encontramos en el Shinto. El culto, los rituales, los festivales y los santuarios son los lugares, tanto físicos como abstractos, donde se manifiesta la religión. Sin embargo, como ocurre con el hinduismo, millones de personas, en el pasado y en el presente lo consideran una manera de vivir y sentir singular y única, que se manifiesta en una cultura tradicional perfectamente definible y de gran riqueza, y en muchos y variadas formas de culto, populares, familiares y nacionales. Ha sobrevivido desde tiempos remotos hasta la actualidad, pero con el transcurso de los siglos ha experimentado innumerables adaptaciones y transformaciones.

PARA EMPEZAR UN NOMBRE CHINO

Para cuando el budismo entra en Japón, Siddharta Gautama ya hace siglos que disfrutaba de su extinción total, del paranirvana. Con esto quiero decir que cuando el budismo hace acto de presencia en las islas no es una sabiduría novicia y en crecimiento. La tradición budista es una robusta tradición en clara expansión misionera.

Antes de la entrada del budismo en el Japón existía una estructura dispersa y sin nombre de mitos (Shinwa), leyendas (Densetsu) y cuentos (Ninsetsu). Lo que luego sería etiquetado como Shinto. Shin-To procede de una palabra china. Esto es así porque cuando el sintoísmo comenzó a desarrollarse el chino era la única lengua que tenía escritura en Japón. Shin-To proviene del chino Shen, que significa espíritu; y Tao o Dao que significa camino. Significa por tanto, el camino de los espíritus o de las divinidades o de los dioses, en contraposición al nuevo camino llegado del continente: el Butsudo o camino del Buda. En el s. VI con la entrada en escena del budismo y del confucianismo, lo primero que hace el Shinto es nombrarse, catalogarse como algo diferente a lo que llega. Antes de esta entrada, la sabiduría natural de los kami no necesitó ni siquiera de un nombre para habitar plácidamente entre los nipones. Y lo hace con lo que hay, con el lenguaje chino, de ahí que sea Shin-To. Más tarde con el desarrollo escrito del japonés se llamará Kami-no-michi.

Con la llegada de las religiones continentales y su rápida extensión, surge la necesidad de sistematizar, nombrar, etiquetar, hacer explícito en definitiva, lo que hasta entonces no lo había sido. El Shinto tuvo que evolucionar entonces para interactuar con las otras religiones recién llegadas. Efectivamente, el budismo y el confucianismo ya llevaban siglos de evolución que los dotaron de gran complejidad, sofisticación y empaque. Es una ardua y compleja tarea la de estructurar lo desestructurado, lo que nunca antes había sido conceptualizado. El Budismo contaba con doctrinas altamente estructuradas y un sistema monacal recio y de probada funcionalidad. Contaba además con un corpus dogmático escrito y una tendencia estética clara. Por el contrario, y a su lado, el Shinto parecía solamente un puñado de creencias espirituales, con mucho arraigo, pero completamente desorganizadas. Esa fue, digamos que la segunda tarea del sintoísmo, hacer frente al organizado corpus ideológico budista. Y pasar de ser una religión familiar, privada y naturalista a ser territorial y luego imperial. Por tanto, y sea como fuere, el budismo jugó un papel relevante e imprescindible en el desarrollo del sintoísmo. Primero como acicate en su nacimiento y luego como espejo donde mirarse para madurar, aunque más tarde se separasen sus caminos. Profundizaré en este tema algún capítulo más adelante.

A lo largo de la historia el Shinto se desarrollo bajo cuatro formas fundamentales: Jinja, Koshitsu, Shuha y Minzoku.
     • Jinja: Shinto de los santuarios. Es un Shinto popular practicado por la población común e inseparable del santuario.
     • Koshitsu: Shinto Imperial. Shinto nacionalista de exaltación del emperador. Ritualismo encaminado a la unidad del estado y la felicidad de la ciudadanía. Es el de más complejidad ritual. De ellos se encargan clérigos masculinos (Shoten) y femeninos (Nai-Shoten).
     • Shuha: Shinto sectario. Shinto desarrollado a partir del s. XIX siguiendo las tradiciones pero alejados del control político estatal.
     • Minzoku: Shinto folclórico y populista.

 
Como cualquier otra religión, el shinto fue evolucionando con el paso del tiempo. Desde la optimista forma anímica de los kami hasta el Shinto Imperial ultranacionalista transcurrieron un buen puñado de siglos. Entre medias, desde el s. VIII se produce una conciliación entre el Shinto y el Budismo que dura varios siglos. Sólo algunos lugares, como el Santuario de Ise, logran mantenerse sin sincretismo. A partir del s. XIII y en adelante se vuelven a separar, aunque popularmente siguió vigente el sincretismo. En el s. XVII, el Shinto desarrollado por los Yoshida renovó la tradición nacional. Con la llegada de los Meiji, en el s. XIX, se establece el llamado Shinto Renacido o Fukko Shinto: se elimina todo vestigio del budismo y los sacerdotes son nombrados funcionarios estatales. La religión sintoísta fomenta el patriotismo, y ya en el s. XX el militarismo expansionista del Imperio. Tras la derrota en la 2ª GM, y el fuerte impacto negativo sufrido, volvió a resurgir pero sin atributos políticos.
Podíamos terminar reflexionado, y claro está valorando positivamente la capacidad de asimilación de lo extraño y lo ajeno que tiene el pueblo japonés desde tiempos inmemoriales. La sabiduría nipona fue una auténtica esponja que fue absorbiendo y convirtiendo en propio todo lo que le fue llegando de afuera, especialmente desde China. Esta falta de creatividad es compensada, y con creces, por la adaptabilidad radical.