12 de febrero de 2009

La situación actual, la famosa cacería, el contexto previo y las implicaciones posteriores, es el paradigma de lo que vengo argumentando desde hace tiempo, antes incluso de empezar a escribir en este blog. Los dos trenes chocan y chocan, y vuelven a chocar. Tigres y leones (gracias Torrebruno) siguen dándose caña sin parar ni aprender de sus errores.
Además termina por convertirse en un auténtico diálogo de besugos, en la más pura línea marxiana (la de Groucho claro está...esos momentos inolvidables de la 'primera parte contratante' o el mítico '¡más madera!'). Cada uno habla de lo suyo en sus lugares habituales y son defendidos por los tertulianos habituales. Incapaces de oír al contrario, incapaces de convencer a otro alguien. Sólo tienen adeptos y acólitos. Son un fiel reflejo el uno de otro. Y encima se te enfadan con mucha dignidad y orgullito, porque no son iguales:' ¡yo no puedo se igual que esa gentuza!' te dicen. Desde luego han conseguido maquillar el odio y el desprecio por el otro con pinturas y cremas de las caras.
Que si es obsceno, que si cada uno usa el tiempo libre como quiera, que si las formas son importantes, que si tu más porque eres un ratero de cuidado y esto es una pantalla, que si tu más porque eres más corrupto que yo, que si te inventas conspiraciones, bla,bla,bla, y así un larguísimo etcétera donde se terminan mentando mutuamente a los muertos de cada bando y a las barbaridades de la Guerra Civil. ¡Tremendo!
Yo me niego en rotundo a alinearme o posicionarme con alguno de los dos bandos, me niego en redondo a formar parte de esta bipolaridad absurda.

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