7 de octubre de 2011

Punto de partida o punto de llegada

Desde el punto de vista genético-histórico la cristalización progresiva de las ideologías es mucho más temprana que la irrupción de los partidos políticos y los liderazgos. La ideología ha sido siempre, y será, un concepto baboso y resbaladizo: para algunos es un marco teórico imprescindible y para otros es una forma sutil de manipulación y adoctrinamiento. Hay largos elencos bibliográficos a favor de ambas posturas. Al final estamos ante un momento de voluntad y de libre preferencia: elegir entre una de ambas opciones.
La ideología en sus primeras etapas era una serie de abstracciones y pensamientos en las cabezas y los libros de algunas personas, generalmente filósofos y sociólogos. Para que pudieran salir de ese mundo interior hacia el mundo de la realidad comenzaron crearse los partidos políticos y los sindicatos. Había que bajar a tierra firme todos aquellos planteamientos. Por eso, junto a toda ideología ha de haber una pragmática o praxis, entendida por ahora como puesta en marcha práctica de lo que se piensa. Por eso en todos los partidos políticos serios encontramos a ideólogos, hoy en día se llaman think tank, y políticos de acción.
Generalmente, se han dividido a los partidos políticos por sus ideologías, de izquierda o progreso, de derecha o conservadores, de centro o liberales. Actualmente, se han de dividir a los partidos políticos según su pragmática, por su modo de operar y no por el modo de pensar. Así tenemos que separar entre los que entienden la ideología como un punto de partida y los que la entienden como un punto de llegada.  Hubo un tiempo en que esta clasificación por la ideología era realista. De un tiempo a esta parte son muchos los teóricos que están revisando a fondo estas categorías clasificatorias.  Me explico...
Todo esto tiene que ver con la forma de vida de los políticos, ya que estos no son entidades abstractas, sino personas de carne y hueso incardinadas en contextos socio-culturales e históricos concretos. El mundo ha cambiado mucho, pero la clase política aún más. En la época en la que los partidos políticos y los políticos todavía eran parte activa de las sociedades en las que vivían, sí que podía hacerse esta distinción. Pondré un ejemplo arquetípico: un político de izquierdas era un trabajador de fábrica por ejemplo que defendía esa determinada ideología militando en su partido o sindicato; lo mismo se podía decir de otras personas que defendían a la ideología liberal o conservadora. La política era una parte más de su vida, no era TODA su vida. 
Pero eso ya no es así, en los tiempos en los que estamos. En primer lugar, los políticos se han profesionalizado. Ser político es una profesión como otra cualquiera, es más, para muchos es una vocación temprana similar a la vida religiosa o monacal, o una carrera, dedicando toda una vida al partido, sin tener relación alguna con ningún otro campo laboral o civil. En segundo lugar, la otrora jerarquía piramidal e infranqueable de clases sociales se ha desvirtuado casi por completo, aunque haya mucho que sigan dando pábulo a determinados análisis rancios y apolillados que sirven de consumo interno y para que se mantenga un nivel de beligerancia poco productivo hoy en día. Gracias al Estado de Bienestar, la pirámide se ha metamorfoseado en una serie de subconjuntos dentro del gran conjunto social de la clase media homogénea e informe. Uno de esos subconjuntos es el de la casta política, que por el mero hecho de dedicarse a la vida política pública y activa se ha visto recompensada con una remuneración y un nivel de vida, social y económica, de alta gama. Así que, con independencia de su militancia ideológica, y la filiación a un partido, por el mero hecho de ser político profesional y pertenecer al algún tipo de institución y/o corporación pública, ya tiene derecho a una serie de derechos elitistas que no están al alcance de la gran clase media de donde, generalmente, fueron saliendo. Solo hay que mirar la reciente publicación de los patrimonios de los políticos profesionales del Congreso y del Senado.
En un marco como éste tiene pleno sentido una protesta como la que sigue a continuación, aunque a título personal, matizaría la cosa de otro modo y por eso escribo en un blog mis matizaciones y no me dedico al noble arte del pancartismo.
Pero lo que está claro es que ya no hay relación ni representatividad entre los políticos profesionales y la ciudadanía. Antes sí porque los políticos salían de entre la ciudadanía. Estamos ante una de las razones del fracaso de las ideologías y los partidos políticos, y por ende, de la Política. En estos tiempos de grave crisis, nadie está a la altura de las circunstancias, y de poder ser parte de la solución se han convertido en parte del problema, ya que mantener a la casta política en su alto nivel de vida le cuesta a la res pública muchos millones de euros.
Pero más allá de estas cuestiones de la percepción popular y la indignación, yo quiero subir algunos peldaños más y centrar mi reflexión en la distinción basada en la pragmática política. Porque aquí también se explica el fracaso de los políticos, en su propia cuestión técnica, la política es un fracaso total en estos tiempos que corren. Los políticos profesionales son muy malos profesionales, no saben hacer bien la profesión a la que dedican su vida y por la que reciben una fantástica remuneración. Y si cualquier profesional se ve enfrentado tanto a críticas como a acciones judiciales cuando no ejerce bien su profesión, los políticos también tendrían que pasar por esa crítica y esas acciones penales. Como lo segundo no ocurre debido a su blindaje, qué menos que ser sinceros y decirles claramente en lo que fallan como profesionales de la política. 
Como digo, si la ideología no logra hacerse realidad no sirve para nada, es una pieza de museo, bonita pero inservible. La cuestión estriba aquí en cómo se manejan prácticamente esos ideales y esos punto de vista. Hay dos formas de ver la cuestión. Realmente hay tres como veremos a continuación. Están los que toman los ideales como punto de llegada, como si tuvieran entre manos una especie de catecismo cuasidivino que hay que llevar a la práctica sí o sí, cueste lo que cueste, rompiendo lo que haya que romper. Y los que toman los ideales como puntos de partida a partir de los cuales todo puede ser cambiado-modificado-negociado sin  límite.  Ambas posturas extremas son igualmente imposibles, una por dogmática y otra por utilitarista (aquí si utilizaríamos el término pragmatismo como algo peyorativo, y no descriptivo como en la vez anterior). 
Hay ejemplo de la política real y actual en nuestro país que explican esto que digo. El actual Presidente del Gobierno y su equipo ministerial durante dos largas legislaturas se han dedicado a la política en la que la ideología era el punto de llegada. Ellos tenían su hoja de ruta marcada y han seguido hacia adelante velis novis, para el beneplácito de los que lo apoyan y para rabia de los que no. Esa cuestión no me interesa tanto como la cuestión de que cuando las cosas pintaban bastos no han tenido la suficiente cintura política como para hacer las mismas cosas de siempre de otro modo más efectivo. Y el toro los han corneado gravemente a ellos, y a todos los demás. Para la posteridad queda una larga lista de reformas de reformas de reformas, hechas con la boca pequeña, como si algo o alguien los estuvieran ultrajando para que las realizaran. Anteponer la ideología ciega al Bien Común es de una gravedad mayúscula. Pero la ridiculez y el esperpento son casi tan nefastos. Y ahora, ayer mismo, se le da carta blanca a los Estados Unidos para que utilicen la base de Rota para que monten allí su tinglado militar, cuando llevan una década defendiendo una serie de principios ideológicos contrarios que eran supuestamente irrenunciables, eso unido a aquel desplante a la bandera en aquel desfile. Este es un primer ejemplo de pragmatismo canallesco, de usar la ideología como punto de partida que queda abandonada a las primeras de cambio. En 1974 la periodista Charlotte Chandler le hizo una entrevista a Groucho Marx en la que dejó para la posteridad una de las frases más brillantes de la política y los políticos: Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.
Pero no solamente estos de ahora han fracasado. Los que estuvieron antes también tienen una larga lista de fracasos terribles. La foto de las Azores explicita como ningún otro documento el perfil de la política como pragmatismo más absoluto, donde no solo se pierden los ideales sino la propia humanidad, al apoyar una guerra sin ningún fundamento racional, más que el infantil presupuesto de pertenecer al bando de los vencedores, de los que escriben los libros de historia, a ver si por suerte caen las migajas de la gran olla. Por desgracia aquí hay basura en todos los cajones. Y no es mejor solución ponerse a medir el tamaño de la pollas, o sea, quién es más culpable si los unos o los otros.
Una política buena, perfectible, y sobre todo, preferible, tendría que moverse entre ambos extremismos. Y esta es la tercera de las formas, la que un buen político profesional tendría que ejercer. Estaríamos hablando de un perfil político que recupere algunas de las esencias antiguas, especialmente la cercanía a la gente y sus necesidades, y las mezcle con otras más actuales. Pero el asunto del perfil rebasa mis pretensiones actuales. Solo una última cuestión, que es la de la sabiduría práctica, la phronesis de mi querido Aristóteles: la racionalidad responsable, y en virtud de ella saber utilizar los medios adecuados para determinados fines. Y ahí radica el problema: los políticos han dado la espalda a la ética. Lo importante no es ni la ideología, ni la utilidad, ni la izquierda ni la derecha, lo importante es el Bien Común y tener cintura suficiente como para, sin dejar de hacer lo correcto, ni traicionar  los ideales ni dejarse llevar por las atrocidades pragmáticas, hacer en cada momento lo que corresponde. Es la antiquísima regla del término medio, tan denostada por muchos por eso mismo: por ser solamente antigua. La política tiene un trabajo ingente, no sólo sacar adelante a un país dentro de la crisis, sino la de ser capaces de crear espacios intermedios y sin extremismos. 




30 de septiembre de 2011

Un pared y enfrente otra pared

Se acercan las elecciones del 20N, ya se han disuelto las Cámaras, estamos en pre-campaña electoral, con todo lo malo que eso conlleva. Si a un político, hoy en día, es difícil escucharle una verdad, en campaña electoral es ya algo imposible. Se apodera de todos ellos un estado catártico, de sublimación física, de cambio de estado químico ¡tremendo! Pero claro, esta circunstancia no es de una sola cara; para que ese político sea así, tiene que haber una cruz: la ciudadanía y sus carencias críticas y educativo-culturales. La crisis económica sigue rugiendo poderosa y los partidos políticos y sus líderes se van a dedicar a destrozarse durante dos largos meses en vez de arreglar de verdad las cosas. ¿Es que no está claro que tenemos lo que merecemos? En fin, voy al grano con lo quiero decir hoy.

Las falacias, mentiras, manipulaciones y medias-verdades con la que los políticos trabajan en su día a día de dialéctica política, al final, recaen sobre la ciudadanía como un enorme cubo de basura fétida y hedionda. Lo que para ellos es su modus vivendi normal, su cotidianidad, para nosotros los ciudadanos son sacudidas de agitación y escándalo que provocan todo tipo de emociones negativas. Los políticos rara vez apelan a la cordura, al sentido común y la razón de los ciudadanos, solo quieren tocar la fibra sensible del Cromagnon que llevamos dentro. Sólo por eso tendrían que estar todos de patitas en la calle, porque se convierten en parte del problema y no en la solución. Y eso es otra cosa negativa más que hay que apuntar en el debe de la clase política española: el no serenar sino de disparatar más las cosas. Entre ellos se ponen a parir, a caer de un burro, pero luego son amiguetes de cuchipanda. Se critican por las ideologías y luego resulta que son todos unos burgueses bien pagados y llenos de privilegios. Pero la irresponsabilidad es que mandan a una pelea de perros diaria a todas las personas de calles de pueblos y ciudades. 
Llevamos semanas con un bombardeo tremendo acerca del Estado de Bienestar, sobre si unos son los mesías que lo fundaron y los otros los malditos diablos que van a dinamitarlos. O que si los angelitos que lo defienden no son tan buenos y los otros quieren renovarlo. Mucho bla,bla,bla y nadie coge el toro por los cuernos. El problema está en que ninguno de los grandes partidos, sus ideólogos y sus líderes quiere una solución verdadera,lo que quieren es ganar. Me explico...
Cada una de las ideologías que existen, de aquí hasta Alaska, han creado toda una mitología y una narración basada en 3 núcleos concéntricos que tienen que ver con el hombre, la sociedad y el gobierno. ¿Qué es el hombre? ¿Cómo es la sociedad? y ¿Cómo se gobierna al hombre en esa sociedad? La respuesta y desarrollo de esas tres grandes preguntas es la carne que conforma cada ideología. Y como hay varias respuestas a esas preguntas hay varias ideologías, y como hay muchos tipos de personas, éstas se agrupan en torno a esas ideologías en los distintos grupos o partidos políticos. Cada ideología, cada partido, se cree en posesión de la verdad y que su definiciones son la verdad más absoluta e irrebatible, y las medidas que toman como emanan de esas verdades son las correctas. Por eso cuando uno ve cómo dos políticos hablan en las tribunas y mítines o cómo los opinólogos discuten en las tertulias, parecen un diálogo de besugos o un diálogo entre dos paredes. Hablan mucho pero son incapaces de convencerse los unos a los otros, lo que les importa de verdad, no es la verdad, ni la coherencia, ni el sentido común, ni el buen funcionamiento de las cosas, sino de ganar de imponerse en el mayor número de espectadores o de votantes que están viendo semejante espectáculo.
Yo soy un defensor de las construcciones de mitologías y arquetipos de todo tipo, bien sean númino-religiosas, simbólico-culturales y también las político-ideológicas. No hay un problema en ese tipo de narración tan nuestra, que nos define como seres humanos. Y que además, haya pluralidad y multiculturalidad en esas construcciones. La cuestión es que en tiempos tan poco bonancibles hay que salir del boquete que crees que es la verdad y encontrarte con el otro, que también ha salido de su boquete, para tratar de solucionar la situación, que es tan rotunda que no hay ideología ni partido que pueda acallar su tronar. En tiempos poco catastróficos uno puede permitirse el lujo de responder ideológicamente a un argumento ideológico, es una chorrada tremenda pero así son los  políticos, es su quehacer diario. Uno dice que esto es así porque en su catecismo político dice que tiene que ser así, y el otro le contesta que no, porque en su catecismo político dice que tiene que ser que no. Y se quedan tan panchos... ¡tócate los...! No confrontan con la realidad, ni con el día a día, ni con la gente de la calle, manipulan como les viene en gana lo datos objetivables de los técnicos, etc. Pero cuando lo que está en juego no es la medida de sus inteligencias ni sus capacidades, sino la vida de tantas personas, tendrían que esforzarse mucho más, y dejar de usar los prejuicios de siempre, los argumentos manoseados durante décadas, las ideas simplonas como si la gente fuera tonta, lela, estúpida o las tres cosas. Tienen que dejar de ser parciales y sectarios y hacer que esto funcione buscando el bien común y no los réditos electorales. Para eso se les eligió y se les votó. Cuando el río vuelva a su cauce, que ellos también vuelvan con sus diatribas, a sus imposturas, a sus escenificaciones tragicómicas, al histrionismo de cine mudo, etc. 
La última vez que ocurrió algo así fue después de la tragedia de la 2º Guerra Mundial y el mundo político y social aceptó por bueno el keynesianismo que dio como fruto el Estado de Bienestar que ahora está exhausto. Es hora de buscar un punto en común, por pequeño que sea, y si Arquímedes tiene razón mover al mundo empujando todos sobre el mismo.


19 de septiembre de 2011

El Pórtico y la Rueca

  En medio de un descampado descomunal había un Pórtico de piedra antigua desgastado por el paso del tiempo. Estaba allí  en medio, como arrojado al azar, en medio de ninguna parte, o quizás en el meollo de todo lo que existe, quién sabe. Hay cosas en esta vida que están ahí y nadie sabe bien el cómo y el porqué. En la parte de arriba, grabada sobre la roca podía leerse Moira. Delante del mismo se disponía una cola de personas que silenciosas aguardaban su turno para ponerse delante de la rueca. Junto al pilar izquierdo del Pórtico, una mujer de venerables canas tejía en silencio con una rueca.
A pesar del gentío solo era audible el traqueteo regular y armonioso del pedaleo de la anciana. El páramo que admiraba semejante procesión humana arrojaba a la vista de aquel que quisiera girar su mirada un espectáculo sin par de colorido floral. Todos los colores que la paleta de la naturaleza pudiera alguna vez siquiera mostrarnos, estaba allí presente. La cosa era que toda aquella compañía de personas andaba lentamente y cabizbajos, como muy preocupados por algo, tanto, que ni siquiera levantaban la vista para ver lo que había alrededor. Realmente parecía una procesión de islas independientes, alejadas unas de otras por mares profundos.
La abuela que movía la rueca, sin embargo, no tenía la cabeza gacha, ni la expresión cejijunta por la preocupación o el miedo, como todos los que se presentaban ante ella. Su rostro plagado de arrugas profundas parecía más un mapa lleno de ríos y montañas, tan bien trazados que nadie podría perderse al seguir sus pasos. Y la mirada, que penetraba como un estilete a todo el que la miraba, era de una oscuridad tenue, de esa clase que no da miedo sino curiosidad. Ese impulso que te hace que te preguntes que habrá ahí detrás, escondido, ocultado por la suave negrura.
Cada uno de los individuos que llegaban hasta el tramo final de su viaje y se enfrentaba a las profundidades de los ojos de la anciana caían, de repente, como en un despertar. Y la lucidez se apoderaba de ellos. La serenidad aparecía en sus gestos. Algunos sonreían. Otros miraban anonadados el majestuoso entorno por donde habían deambulado. Otros derramaban lágrimas de felicidad, mientras atravesaban el Pórtico en un pequeño pero deslumbrante destello de luz. Muy de vez en cuando, la hilandera se dirigía hacia alguno de aquellos viajeros para hablarles. Y su voz, debía impactar en lo más profundo de aquellas trémulas ánimas hasta el punto de devolverles la fuerza que habían perdido.
Durante eones el Pórtico, la hilandera y su rueca han estado allí, como allí han estado también el paisaje colorido de la Naturaleza viva, y el incesante tráfago de personas que, una detrás de otra, se dirigen a la eternidad, al Aídion que espera paciente tras el Pórtico. Pero hoy, estamos aquí para contar una pequeña historia, una más de las muchas historias que cada día se suceden en aquel lugar sin tiempo, en aquel tiempo sin espacio.
El hombre llevaba caminando un buen rato, un buen trecho en el que miraba al suelo y sólo veía los dos profundos surcos por los que movía sus pies. Eran como dos rieles en los que estaba encajado. Pero aquello no le preocupaba. Era otra cosa, era otra idea más vaga e imprecisa que rondaba por su cabeza pero que no era capaz de materializar en imágenes, o sonidos. Y andaba y andaba y se esforzaba por sacar del fondo de su pensamiento aquello que le afligía y que a cada paso entristecía más y más su corazón.
La cola se extendía por delante y por detrás. Ensimismado como estaba en sus cuitas, no oía el traqueteo de la máquina de hilar, ni el imponente monumento de piedra al que se acercaba, ni las flores y arbustos que sí lo miraban a él, y a todos los demás. Tampoco se percataba de las otras personas que recorrían el mismo sendero clavados a los mismos surcos. A fuerza de recordar, de exprimirse el alma, le venían a la cabeza algunas breves imágenes, cortos trozos de vida que no lograba recomponer.
Pero hete aquí que llegó su turno. Que acabó el sendero y los surcos excavados por las pisadas. Subió lentamente un par de pequeños y breves escalones. Y allí en el suelo, había escrito un oráculo: ‘si quieres saber sólo tienes que levantar la mirada’. ¡Vaya! Así sin más… Y cómo sabe este suelo que vengo dándole vueltas a la cabeza, pensó nuestro hombre. Tendré que levantar la cabeza, musitó en voz baja… Y lo hizo…
Una especie de pedrada golpeó por el adentro del pensamiento de nuestro hombre, y lo que antes era oscuridad empezó a convertirse en luminosidad. Lo que antes era un tartamudeo de pensamientos inconexos comenzó a convertirse en una enorme cadena de vivencias y sentimientos que poco a poco iba llenando su mente y su corazón. Y entonces, en el regocijo que sentía por aquella turbulencia mental miró a los ojos que le estaban mirando. Y la vio, la contempló… claramente, sin atisbo alguno de error, equivocación o locura… era el rostro de su madre, que pacientemente esperaba que se fijara en ella.
Y entró por aquella profunda oscuridad tenue de su mirar, y no se perdió, sino que se encontró a sí mismo recordando con facilidad pasmosa todo aquello que antes trataba de recordar mientras caminaba. Y miró a su alrededor y sí que vio los mil colores que se extendían más allá de lo que su vista le dejaba ver. Y recordó de pronto lo que disfrutarían por allí correteando su perros, corriendo en libertad tras alguna que otra presurosa mariposa. Y volvió a deleitarse con aquel amado y añorado rostro para volver a perderse en su mirar. Perderse para encontrarse, una vez más. Reencontrarse con el amor de su vida, con el ángel que cuidó de él hasta el final de sus días. Un estallido de emociones y vivencias que le recordaron que los buenos momentos no se pierden, que el amor verdadero no te abandona nunca, y que te siguen, incluso a la eternidad. Recordó, a continuación, dos rostros infantiles. Dos soles que comenzaron a irradiar luz y calor a su corazón mientras giraban. Una sonrisa rotunda marcó su rostro. No había otra forma de saludar el recuerdo de sus hijas amadas, que la más sincera de las sonrisas. Un gesto tan sencillo como ese encierra kilates de orgullo, amor y felicidad. Incluso, pudo ver, más bien atisbar, un pequeño resplandor que pululaba alrededor de una de ellas. Todo aquello llenó de gozo su corazón. Recordando todo aquello olvidó lo que le preocupaba. ‘Has hecho muy bien todo aquello que te correspondió hacer, hijo mío’… le dijo la anciana de la rueca.
Y hubo más recuerdos aquel día. Rostros de hombres y mujeres, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas, personas con las que había compartido los momentos de su vida. A las que entregó lo mejor de sí mismo y de los que recibió lo mismo que entregó. No hay dudas, no hay ni siquiera un pequeño resquicio para la indeterminación. Aquel hombre era, es y será siempre, y por siempre, una persona amada y querida por los suyos, por su gente. Que su presencia nunca caerá en el olvido, que aunque la vida siga su curso por los vericuetos ruidosos del día a día, siempre habrá un momento de pausa para que un recuerdo se acuerde de él.
Cuando las dudas se convierten en seguridades. Cuando el temor se transmuta en paz. Cuando el sufrimiento da paso al sosiego. Quietud… sólo hay quietud. Cuando el solemne momento del porvenir se hace claro y nítido y se acerca nuestro destino, asumimos con serenidad lo que nos corresponde. Lo que hicimos mientras vivimos deja un surco profundo en la eternidad que nos espera, dicen los sabios de distintos lugares. La bondad y el buen vivir, a pesar del sufrimiento final, no son cuestiones menores; al contrario, es eso lo que deja auténtica marca en el éter cósmico que nos acoge a todos. Tiene que ser lo bueno y lo mejor lo que quede en nuestra memoria, y no el sufrimiento sufrido que fue vano e insensible, que no supo ver en el corazón de un buen hombre. El amor que diste, el sentimiento que dejaste tras de ti sobre los que te rodearon marcan la diferencia, y dejan un hondo poso. Porque son muchas las personas que lloraron tu pérdida, y muchos lo que te echaran de menos, muchos lo que añorarán tus consejos y tu fin ironía. Demasiados, quizás, los que sentirán un vacío que no se puede llenar. Cuando todo eso ocurre, cuando tantos añoran a uno sólo es porque ese uno sólo fue un persona remarcable que merece, sin duda, su puesto en la eternidad.
La anciana toma de nuevo su asiento ante la Rueca, junto al Pórtico, en medio de aquel paraíso colorido. Ya no hay nada que le preocupe. Ni existe un pequeño atisbo de lo que le entristecía. Otro rostro familiar se acerca a su lado. Es un niña pequeña con coletas y cara de no haber roto un plato en su vida que lo toma de la mano. Estamos juntos como siempre hermano. Vamos…

PD: Dedicado a mi tío, Bombero y mejor persona... cuida de todos nosotros allá donde estés...

15 de septiembre de 2011

El mundo moderno extiende cheques que nuestra vida no puede pagar. 
He tomado esta frase de la película 'La Chaqueta Metálica' de Kubrick, para cambiarla al pairo de algo que me ha ocurrido muy recientemente. 

11 de septiembre de 2011

11/09/2011

Mi homenaje a New York, capital del mundo, diez años después de la tragedia.

1931

Tributo

Skyline

Apaga la música de ahí al lado... vas a escuchar a Sinatra...

9 de septiembre de 2011

Theoria

   Si me hubieran dado un euro en cada ocasión que alguien me preguntaba ¿para qué sirve estudiar Filosofía?... ahora tendría amasado un buen capital para darme un caprichito... jejejeje...
   Y es que claro, todos los que me lo preguntaron, no los critico por supuesto, creo que entienden la vida como un lugar en el que hay que hacer cosas, un sitio donde sólo hay lugar para las actividades prácticas y materiales, que luego pueden ser valorizadas concretamente, especialmente por la monetización. En el propio verbo que usan para preguntar ya va implícito su juicio, dicen 'servir' como entendiendo que es algo poco provechoso. Y claro, una cosa como la Filosofía no entra mucho en esos parámetros.
   Yo creo que es uno de los signos característicos de nuestro tiempo, donde la técnica y lo instrumental, por una lado, ha apartado a la última esquina a las humanidades y a las cuestiones menos tangibles, y por otro, el vertiginoso ritmo en el que vivimos hace que el ritmo lento y pausado del pensamiento crítico sea algo insoportable o difícil de entender. No está de moda estudiar algo que no te va a reportar una buena suma de dinero, o un puesto de trabajo prestigioso.
   Este asunto viene de lejos, no es nuevo. Los griegos lo llamaban Theoria. En la Modernidad, una teoría es un conjunto de leyes que explican determinados fenómenos. Nada que ver con los pensaban los griegos del 500 a. C. En quel tiempo hacer teoría era una cosa que estaba bien visto y era útil para la sociedad. Para aquellos hombres era la contemplación autoconsciente, gratuita y no instrumentalizada, ni subordinable a otras instancias de lo eterno, de la Physis y del Kosmos. [Que conste que lo que entendían los griegos por eternidad, naturaleza y cosmos dista mucho de lo que se entiende hoy en día] Actualmente se dice hacer las cosas 'por amor al arte'. No hay un motivo ni de utilidad ni de instrumentalización para pensar sobre la realidad, el ser humano, la eternidad, etc... Se hace por la belleza profunda que hay en todas las cosas, por el valor interno no monetizable de todo lo que nos rodea. Yo estudié filosofía por todo eso. Pero entiendo que es difícil de entender hoy en día, máxime si rige la norma del 'tanto tienes tanto vales'. 
   En aquel tiempo lo bello era una categoría importante, lo kallistón dicho en griego homérico. Aquellos hombres pensaban que lo que estaba hecho y engendrado por la mano del hombre, lo manufacturado, lo que era útil y servía para vivir, que salía de la virtud Techné (de ahí viene lo técnico) tenía una belleza menor o secundaria. Lo verdaderamente kallistón, para los griegos, era lo que surgía por su propio impulso ya ordenado y proporcionado, la espontaneidad autolegislada, del kosmos y la physis, lo que se autoengendra y está en su máxima plenitud sí que es lo más bello. Los escultores y los arquitectos de aquel tiempo, por ejemplo, trataban de emular aquella primigenia belleza en sus obras con la proporción áurea. Euclides, matemático griego, fue el primero que definió este número.
   Y el filósofo era el encargado de contemplar todo lo kallistón que hay en el kosmos, y con eso llegaron a ser figuras de importancia y prestigio en aquellos días. Entre otras cosas porque en aquellos tiempos lo contemplativo era una acción fundamental en las poleis (plural de polis), contemplar era un verbo que denotaba acción y esfuerzo, sacrificio y compromiso, porque de sus contemplaciones y pensamientos salían cosas de gran utilidad en la vida diaria de los ciudadanos. Hoy en día, se ha generado una contraposición entre lo contemplativo y lo activo, lo contemplativo ha sido reducido a lo inútil, lo especulativo ha sido tergiversado a lo inexacto y contemplar lo bello es para los psiquiatras el 'síndrome de Stendhal'.
   Hay una larga historia que lleva desde la concepción favorable de la contemplación en la Antigüedad clásica hasta la concepción negativa de nuestros días, en donde se haya convertida en algo pasivo, propio de flojos, vagos o de gente con mucho tiempo libre. Hay un magnífico libro de una mujer, una filósofa alemana de mitad del s. XX, llama Hanna Arendt que se llama 'La condición humana' donde explica todo esto y más.

7 de septiembre de 2011

Y yo que te di la vida vengo ahora a quitártela

Estamos en la posguerra. La II Guerra Mundial tiene devastada a Europa por completo. Son muchas cosas las que hay que reconstruir, no sólo los edificios y las fábricas. El trabajo es arduo y prolijo. No sólo había que reconstruir físicamente a las naciones, además se tenía que reconstruir lo abstracto, lo intangible, lo que habita en las mentes y los corazones de las personas, como por ejemplo el ánimo y la moral de las personas, también devolver la esperanza de un futuro mejor lejos de las masacres, que cicatrizaran las devastadoras heridas del nazismo, etc. También había que reconstruir las ideas y cómo estas trazan la organización de las personas en la comunidad, o sea, la política. En la posguerra también se reconstruyen las ideologías, los partidos políticos y la política.

       Esa reconstrucción se hizo pensando en los destrozos que causó la guerra con lo que cierta cortesía y educación entre las dos grandes líneas de pensamiento nunca faltó. Algunos expertos llamaron a ese tiempo el fin de las ideologías, había tanto que hacer que no había tiempo que perder en estúpidas luchas sobre ideas, bastante conflicto habían tenido ya como para volver a discutir por sandeces. Y se pusieron manos a la obra.
       De aquel tiempo, y gracias especialmente a la socialdemocracia, surgió un grupo de ideas y acciones que buscaban lo mejor para el mayor número de personas. Es lo que hoy conocemos como 'Estado del Bienestar'. El núcleo de la cuestión era muy sencillo y se ajustaba con lo que aquel tiempo-espacio requería. El Estado asume la responsabilidad de procurar la asistencia económica (prestaciones sociales) a la sociedad, prestando una atención especial a determinados grupos desfavorecidos bien por su edad, bien por motivos de salud o bien por estar desempleados (subsidios por desempleo). El Estado reconoce como derechos determinados servicios sociales como son la educación, la sanidad, las pensiones, el acceso a la vivienda, el pleno empleo, etc. Aquel sistema funcionó y 3 décadas después la Europa devastada ya estaba reconstruida y siendo importante en el mundo. En algunos lugares como los países nórdicos la cosa resultó incluso excepcional. Y la Alemania que fue reducida a escombros ya era una máquina de nuevo.
       Uno de los más graves problemas del éxito es morir de éxito. Y al Estado de Bienestar parecía estar esperándole ese problema al final del s. XX. Con la modernización de Europa se dieron cita un gran número de circunstancias que lo pusieron, y lo están poniendo, al borde del abismo. Aquí no suele haber acuerdo porque cada uno de los puntos de vista apunta hacia un lugar y un culpable y como ahora sí hay conflicto y agresividad entre las ideologías, la cordialidad y los acuerdos se hacen difíciles, casi imposibles. Yo me centro ahora en sólo dos de esas circunstancias que cité arriba.
       La primera tiene que ver con la conversión del ‘Estado de Bienestar’ en el ‘Bienestar de la clase política’. Cuando la política se hizo imprescindible en la Europa que se reconstruía, los políticos, individuos de carne y hueso como el resto, decidieron que por su labor de gestión de la vida real, tendría que gozar de una serie de privilegios de los que no podían gozar el resto de los mortales. El modelo ya estaba creado, el sistema de castas de la India y el Hinduismo, ellos lo que hicieron fue adaptar la casta de lo brahmanes para la vida europea. Así se ha montado casi de la nada una auténtico linaje de seres humanos que gozan de una serie de prebendas y privilegios que la separan por completo del resto de seres humanos. Nacen, viven y muere allí dentro. Antes eran un puñado, ahora son una caterva. Ellos nos ven vivir a los demás y luego interpretan qué es lo que nos pasa. Han perdido el norte pero viven a cuerpo de Rey. Y resulta que mantener este extenso y lujoso linaje, esta casta, esta clase especial de seres humanos le cuesta al ‘Estado de Bienestar’ un dineral todo los años. Porque no sólo lo es lo mucho que gastan y lo caro que es mantenerlos, el problema son sus ocurrencias, que cuestan muy caras, allí en medio de Castilla La Mancha hay un aeropuerto vacío que dice que tengo razón. Pero como ellos están al timón se creen que son imprescindibles y que si hay que recortar nos recortan a los demás, ellos siguen a lo suyo. Este es la primera puñalada mortal que recibe el ‘Estado de Bienestar’. Ahora la segunda…
       El segundo problema llegó cuando algunos pensaron que el ‘Estado de Bienestar’ no tenía que tener límites ni mecanismos de control. Craso error… La sensatez, el sentido común, la mesura, la cordura, la previsión, son una serie de virtudes que determinados políticos no tuvieron en cuenta. Su error está siendo de proporciones mayúsculas. Si tú conviertes el ‘Estado de Bienestar’ en una auténtica barra libre donde todo el mundo que quiera puede meter mano, lo normal es que el oasis se termine secando. Es tan sencillo como que ahora hay mucha más población, el dinero no cae de los árboles ni los recursos son ilimitados. La demografía se dispara y los recursos y el dinero tiene un límite que no puede, ni debe, traspasarse. Pues bien, algunos han llevado el límite más allá de lo saludable, de lo permisible. Porque no contaron o no quisieron contar con los efectos colaterales del ‘Estado de Bienestar’. Lo que es de todos no es de nadie, nadie se preocupa de cuidarlo, nadie se preocupa de que no se abuse. Los políticos en lo suyo y no se preocuparon de educar a la gente a usar con cordura los recursos públicos. Nada más que hay que ver cómo están los Hospitales… hasta las trancas. Pero no solo eso, el ‘Estado de Bienestar’ provoca en mucha gente un estado mental de acomodamiento. Como papá gobierno me lo da todo, pues yo no pego un palo al agua. La gente deja el espíritu de sacrificio, el espíritu de riesgo y de emprender. Deja de esforzarse por conseguir cosas por él mismo. Se ha construido una sociedad de inválidos sociales a la espera de que el gobierno solucioné todas las cosas de la vida. Pero es que hay más… este ‘Estado del Bienestar’ ya demacrado por la gente que no cuida lo que es común, y que no se esfuerza por salir adelante con independencia y libertad, hay que sumar a los gorrones, a los caraduras, a los que finjen… Así de claro, hay mucha gente de esta calaña. Y como no hay mecanismos de control eficientes que marquen la línea de quién necesita ayuda y quién no, pues se convierte en una hemorragia. Pero hay una cuarta plaga que asola al ‘Estado de Bienestar’ y se llama subvención. Lo que comenzó siendo un auxilio o ayuda al que lo necesitaba se ha terminado convirtiendo en un auténtico despropósito. Ahora se subvencionan la cosas más peregrinas… todo ese dinero que se pierde en muchas estupideces es dinero que luego falta para colegios, hospitales y gente con problemas.
       Pero la gente no es la que ha quitado los límites, la gente no ha quitado los mecanismos de control, la gente no derrocha el dinero en sandeces, la gente no ha destruido el sentido común. Han sido los políticos, los mismo que crearon ese magnífico mecanismo llamado ‘Estado de Bienestar, son los mismos que ahora lo está asesinando. Ellos le dieron la vida, pero no tiene derecho a quitársela, porque no les pertenece. ¡Insensatos!. 


3 de septiembre de 2011

Queremos que nos digan lo que queremos oir

Desde hace mucho tiempo hay un asunto que me viene dando vueltas en la cabeza respecto a cómo los medios de comunicación de masas en nuestro mundo moderno, prensa, radio y televisión, toman claramente partido por una determinada vertiente política, e inclusive llegan a apoyar claramente a una determina ideología y partido político. Ahora, con las elecciones generales tan cerca, este asunto salta a la actualidad de nuevo. La respuesta es que la gente no demanda objetividad, la gente quiere que le den la información ya sesgada o girada en el sentido político que a cada individuo le gusta o se siente identificado. No hace mucho leí un ensayo de dos Profesores de Ciencia Política norteamericanos (*) que dan una posible explicación de este fenómeno desde en el paradigma del 'Comportamiento Político' o 'Behaviorismo'.

La investigación del comportamiento político de los individuos es un paradigma intelectual de gran peso específico en la politología moderna. Actualmente, el campo más importante de estudio es cómo la ciudadanía de las sociedades democráticas se relaciona con el voto: el contexto de los votantes individuales. Y dentro de este asunto, está la subtemática del impacto e influencia en el votante de los medios de comunicación de masas. 
El entorno social ofrece a los individuos toda suerte de información política; a la que nadie escapa, además. Así, el flujo de información procedente del entorno queda más allá del control individual de los ciudadanos. ¿De qué manera manejan y aceptan la información los individuos? Los ciudadanos, en general, nos dejamos influir por nuestras preferencias políticas. La gente selecciona fuentes de información sobre la base de sus propias preferencias, con lo que quiere, o le resulta más útil y provechoso, obtener información sesgada proveniente de la vertiente política que profesa o con la que se sienta más cómodo, o la que entiende que es mejor, etc. Ahora bien, ¿qué ocurre con el ciudadano independiente, el que no opta por vertiente alguna, el que quiere información objetiva que le ofrezca conocimiento acerca de la política? Esta minoría, cada vez más minoritaria, se "complica" la vida buscando mucha información para contrastar. Y ¿qué ocurre con los ciudadanos que todavía carecen de preferencias para alcanzar un criterio de selección? Cada individuo quiere elegir las fuentes de información que coincidan con su preferencia política pero ¿cómo podrá elegir lo que prefiere si no tiene una información adecuada sobre las posibles preferencias que existen para poder, luego, elegirlas? Ahí está el auténtico campo de batalla entre los medios para atraer a todos aquellos que comienzan a tener una idea de lo que es la política.
En la amplísima oferta de medios de comunicación existen, en relación con lo que nos ocupa, dos grandes variantes: la prensa partidista (está a favor de unos), cada vez mayoritaria y la prensa adversa (es crítica con todos) cada vez minoritaria, por supuesto sin entrar a valorar la profesionalidad de los medios, que damos por supuesta. La primera ofrece un sesgo o, dicho de otro modo, un compromiso particular hacia una determinada vertiente política. La segunda adopta una posición adversa y crítica frente a todas las posibles vertientes de la lucha política. Cuando un individuo se enfrenta a una decisión política, el voto, y busca información para poder decidirse intenta que esa información le ayude a decidirse pero no dificultándole, sino facilitándole de su decisión (reduciendo los costes es el concepto técnico y teórico). Por eso un medio de comunicación sesgado hacia la vertiente que defiende sus preferencias personales siempre será más útil y relevante para el individuo que va a decidir, que otro que tenga una posición adversa. Además un ciudadano típico tiene un límite en la cantidad de información que puede utilizar en sus juicios políticos, con lo que un medio de comunicación excesivamente crítico que multiplique el número de temas políticos tratados o bien los llene de contenidos prolijos y técnicos, tampoco será visto por el individuo como útil, y no lo usará para ayudarse en su decisión.
Los medios de comunicación conocen este modus operandi del comportamiento de la gente, por eso las líneas editoriales son tan claras y tan sesgadas, tan comprometidas con uno y otro bando, para que el gran público que quiere las cosas bien mascadas y sin complicaciones, sepa quién juega a favor de quién, y busque la información donde sabe que le van a contar las cosas que quiere oír.


(*)Edward G. Carmines. Universidad de Indiana & Robert Huckfeldt. Universidad de California, Davis
Nuevo Manual de Ciencia Política. Editorial ISTMO. Madrid 2001

26 de agosto de 2011

Intervención tardoveraniega

Que estábamos desde hace algún tiempo intervenidos por Europa era una cuestión que se veía más o menos clara. Pero desde que el otro día el Banco Central Europeo comenzó a comprar nuestra deuda y salvarnos de la quema a lo bonzo tal y como le está ocurriendo a Grecia, Irlanda y Portugal; ya era algo que no podía ocultarse más. El capítulo final de esta perorata, por ahora, ha sido el pacto de los dos grandes partidos para modificar la Constitución y meter en cintura al estado autonómico que lleva años sangrando dinero por muchas heridas. 
En Europa ven con más o menos reticencias algunas cosas 'tipical spanish' pero las soportan. Lo que les pone los pelos como escarpias a los burócratas europeos, gente de alta alcurnia intelectual alejado de las cuitas pasionales tan nuestras, es cómo el supuesto estado autonómico (para ellos es plenamente federal y esto no es una mera cuestión de nombres) ha dilapidado durante décadas los millones de euros que desde Bruselas se han estado mandando religiosamente todos los años. Han mandado miles y miles de millones pero resulta que tras esa inversión la mayoría de las regiones españolas siguen casi igual de mendrugas que antaño. Y eso en sus cabezas pulcras y ordenadas no cuadra.
Y quieren cortar el grifo, con toda la razón del mundo. La Europa de los fuertes está hasta las narices de dar dinero para que se vayan en subvenciones, enchufismos, sectarismos y robos varios sin que haya resultados medibles y objetivables en crecimiento, productividad y solvencia. Y ahí está claramente expuesta la intervención europea en nuestra soberanía económica que los grandes partidos han tenido que asumir sopena de despeñarnos a las bravas. El cambio constitucional para imponer el techo de gasto está impuesto por Europa.
Esto por ahora no tiene debate, o lo hacemos por narices o nos chocamos. Lo que sí tiene debate es el porqué hemos llegado a este punto de no retorno. Varias cuestiones que yo me planteo:
   - En siete años de zapaterismo no ha habido ni un sólo acuerdo entre los grandes partidos y tres meses antes de las elecciones acontece el primero para hacer esto en el Congreso y no en un referéndum popular y que sea la ciudadanía en su conjunto la que decida. Una vez más los políticos impiden que el pueblo hable y decida. Un techo de gasto bien legislado no es objetivamente malo, al contrario; lo que es nefasto es impedir que la soberanía del pueblo reciba información veraz de lo que ocurra y pueda decidir sobre el asunto.
   - Las concesiones que durante décadas se ha hecho a los nacionalistas y sus propios egoísmos mesiánicos anteponiendo intereses particulares a los de la mayoría han terminado por volverse en contra de los políticos. Debe ser la ley del karma, el que hace mal se le vuelve en contra. Si hubieran reformado la Constitución con una ley electoral más justa que no crease españoles de segunda y tercera división ahora estaríamos en otro sitio.
   - El adn político del zapaterismo, y una de las tropelías por las que pasará a la historia, es el del gasto, la subvención, el derroche del dinero y los déficits. Ha traspasado por varios frentes la racionalidad del Estado de Bienestar, con lo que al final no solamente no lo ha defendido sino que ha sido él, y sus políticas kafkianas, uno de los principales promotores de su muerte.

25 de agosto de 2011

La Verdad es que Todo es Mentira

Qué sería de nuestro mundo sin la mentira...
sin medias verdades...
sin embustes...
sin engaños...
sin falsedades...
sin mentiras nobles y piadosas...
sin manipular...
sin fingir...
sin simular...
sin exagerar...
sin ocultamientos...
...
Qué sería de nuestro mundo si solo existiera la Verdad y nada más que la Verdad.

10 de agosto de 2011

   "La vida de todos parece ser una perpetua huida, acuciados por la imaginación, que va siempre a la descubierta indicando el camino a seguir.
   Acaso entre los millones de huidas vulgares cotidianas hay, de tarde en tarde, algunas geniales. Una novela, una sinfonía, un poema o un sistema filosófico pueden ser muy hermosos, pero a la postre son la manera brillante de fugarse de ciertos hombres dotados. 
  En definitiva, el hombre, animal fugitivo: homo profugus.
  Pero, a la vez, se nos va el tiempo esperando no se sabe qué".


9 de agosto de 2011

93,03 €

   93 euros con 3 céntimos han sido la última barrera que me quedaba para llegar a mi destino. Y ya está superada... ahora hay que buscarse nuevas metas, nuevos retos, nuevas ocupaciones mentales. Estoy feliz y orgulloso. También agradecido a mucha gente que durante tiempo me ayudó y me apoyó en mi camino. 
   Sophía tiene un nuevo guardián, un nuevo apoyo, un nuevo sustento, un nuevo aventurero en el Theorein, en la contemplación de la Physis, el Logos y el Ethos.

Delfos (Templo de Apolo)
 http://www.pbase.com/rmcbee/image/36803388

Éfeso (Biblioteca)

Sils Maria (Alta Engadina - Suiza)


29 de julio de 2011

Y el momento que todos esperaban llegó

Efectivamente, ya están convocadas las Elecciones Generales, para Noviembre. Y como aquí no se da puntada sin hilo y para demostrar una vez más que la política actual se mueve en parámetros puramente estratégicos, maximización de la utilidad, control de las fuentes de información y manipulación de los estados de ánimo de las poblaciones, será el 20 de noviembre, conmemoración de la muerte de Franco. Esto es una muestra clara de cómo va a ser la campaña electoral. Unos propondrán el catastrofismo económico, los otros propondrán el miedo al pasado para atraer el mayor número de votos a sus filas. Nos esperan casi 4 meses de guerra abierta. Todos quieren ganar y harán lo que sea para conseguirlo, pero su irresponsabilidad será tremenda, porque esas estrategias que usarán, como si fuera armamento pesado, lo más devastador posible, tienen una cruz, que es la descomposición por enfrentamiento del tejido humano de nuestra sociedad. El enfrentamiento que ambos grupos mantienen y que se ve claramente en las cadenas de TV y radio, en los programas de tertulia, no se queda en el ámbito de ese elitismo mediático, sino que lo trasciende y se inocula en el día a día de la gente, en sus trabajos y cocinas. Y mucha gente será abducida por esta marejada de frentismo y formará parte de ambos ejércitos en busca de la aniquilación del contrario. Y esto es un de las grandes lacras de la política actual. Ha desaparecido la parte pedagógica y de formación intelectual y práctica de los ciudadanos y se ha convertido en generador de odios y fobias de consecuencias inesperadas.

28 de julio de 2011

Miscelanea turbulenta de pensares

- Actos de infantilismo, pataletas pueriles, espectáculos circenses, vacuas performances histriónicas, repetición de eslóganes sin más carne que llevarse a la boca, gestas caballerescas, llenas del romanticismo más pusilánime y manido, de ese que estamos hartos de ver en el cine maniqueo de buenos y malos. ¿Qué es lo que se está cociendo, a fuego lento, detrás de toda esta parafernalia? ¿A quien pertenece la garra que mueve esta cuna? ¿Para cuando dará la cara?

- La estrategia de 'Tierra Quemada' es uno de los actos más viles, ruines y mezquinos que puedan realizar los políticos. Te retrata, te define, hasta un punto cuasi milimétrico. ¡Cuánto irresponsable anda suelto...!

- En la Judicatura de nuestro país hay ya un hedor insoportable. Tienen allí en medio el cadáver putrefacto de la señora ciega  ya sin balanza ni nada. Y son tan poco caballerosos, que en su indignidad, no son capaces ni de enterrarla como se merece. 

20 de julio de 2011

El talante y el carácter.

Tal y como explica el maestro Aranguren en su libro Ética (Alianza Editorial), hemos de distinguir en el comportamiento ético del ser humano un doble nivel estructural. El filósofo español distingue en su caracterización etimológica de la ética entre el êthos y la hexis. La hexis, como talante, modo de vivir anímico, temperamento o constitución, es el sentido previo y natural del êthos. Pero este no se agota en aquel, ni puede darse una igualación de facto entre ambos. El  êthos es mucho más profundo que el anterior y tiene que ver con el modo de ser del individuo, de situarse en la vida, de pensarse a sí mismo y al mundo que le rodea; es el carácter del hombre forjado a través de su vida por los actos, por toda la carga de las experiencias vividas, por sus decisiones y también por los pensamientos. Para el gran público, talante y carácter, pueden parecer sinónimas y significar lo mismo, pero para los que vivimos de esto, las palabras encierran mucho significado y muchos niveles de profundidad. Y es labor nuestra desbrozar todas esas complejidades.
Desde el punto de vista filosófico es un error no delimitar claramente ambos niveles cuando se reflexiona sobre el sujeto moral y su actuación en las relaciones humanas. Este punto, que es tan importante en el modus vivendi filosófico, es ensuciado constantemente por el mundo de la política. Aquí, en el que las cuestiones ideológicas y sectarias pueden hacer que el hombre más inteligente y cabal se convierta en un auténtico bastardo iletrado y un sanguinario sicario, se juega procazmente con ambos niveles, sin respetar sus contenidos. Como casi en todo, aquí hay una historia que contar.
Y todo comenzó, más o menos, allá por la Ilustración (aunque ya se conocían rastros en el Renacimiento) con el talante liberal, como aquella actitud mental de una persona civilizada y tolerante, de ‘mente abierta’, defensor acérrimo de la libertad, luchador enérgico contra todo aquello que signifique prohibir y clausurar, que se siente y ejerce como sujeto racional, libre de todo prejuicio, incluso defensor de causas en las que los derechos de las minorías se ven menoscabados. Frente a la imposición, es partidario del diálogo y de la negociación como modo de resolver conflictos. Defensor de la autosuficiencia del individuo frente a la Iglesia o al Estado paternalista. Defensor del esfuerzo y la superación personal a partir del trabajo, que no quiere estar subsidiado por nada ni por nadie para no deber nada a nadie que no sea él mismo y su esfuerzo. Es un arquetipo de sujeto muy típico que comenzamos a ver masivamente en Francia e Inglaterra de los siglos XV y XVI (de ahí partió a los Estados Unidos). Fue una respuesta a siglos de talante conservador, de gentes recias, adustas, secas, poco amigo de lo novedoso, que se ceñía al guión que otros le habían metido en la cabeza, que hacía lo que otros le decían y que dependían de las migajas que caía del clero y  la nobleza, en el que la religión y su sofocante dominio tocaban casi todas las teclas de la conducta humana. Ese prohombre está en contra de todo tipo de autoritarismo, que se opone con firmeza a aquellas prácticas que descalifican a determinados grupos sociales como postergados. Estaban el médico, el pequeño terrateniente, el literato y el comediógrafo, el científico e inventor, el comerciante y el asegurador, etc. eran individuos que con frecuencia presentaban este perfil y este talante. Cultivaron esa imagen de sujetos magnánimos que preferirían el diálogo racional a la imposición abstrusa o al extremismo ideológico. Pero claro, esto no quedó aquí. Eso que comenzó siendo algo superficial, con el paso del tiempo, terminó siendo una forma de ser y estar situado en el mundo, terminó fraguando en un ethos, también una forma de pensar las relaciones del mundo del hombre. Así nació la primera de las ideologías, lo que hoy se conoce como liberalismo. Siglos después ocurrió algo parecido con la hexis igualitaria que desembocó en lo que hoy conocemos como la gran familia de los ismos sociales. A partir de aquí comienza lo problemático, el camino pantanoso y empedrado.
Cuando hablamos de política, sería muy importante distinguir la hexis del ethos, el talante del carácter, el temperamento personal del conjunto de creencias o credo político, y no andar mezclando unas cosas con otras según convenga. Ese el problemas de los políticos y sus estrategas, que según conveniencia y para hacer daño al contrario mezclan las cosas y buscan siempre la manera de arrimar el ascua a su sardina y demostrar lo maravillosos que son unos y lo malvados que son los contrarios. Así nos tratan como si fuéramos estúpidos y no pudiéramos distinguir, más allá de este maniqueísmo, las complejidades de la vida y del ser humano. Un ejemplo muy claro lo tenemos cuando desde un partido político hacen llamamientos a tener cuidado con el diablo que se acerca en las filas del contrario.
Todos los políticos del espectro partidista actual son personas, individuos, de carne y hueso, y que como tal están sujetos a las idas y venidas del deseo, la voluntad, los traumas no resueltos de su infancia, los gustos y apetitos y un largo, larguísimo, etcétera. No son distintos a la gran masa popular a la que representan, es más, los políticos salen de esta masa informe que todos formamos. Lo que ocurre es que toda vez que han salido se señalan como una casta de privilegiados que han olvidado el lugar de donde partió. Por eso, habría que hacer un acto de profunda reflexión ante la casta política tan deplorable que tenemos. ¿Cómo podemos tener unos políticos distintos a lo que somos nosotros como grupo social? Es imposible. Mirémonos delante del espejo. Si ellos son tan malos es porque nosotros como sociedad tampoco es que seamos muy buenos que digamos. Aquí hay mucho que reflexionar, habría que mirar hacia dentro, ser valientes y afrontar con entereza que la imagen que arroja de nosotros ese imaginario espejo no es muy buena que digamos. Tendríamos que indignarnos con nosotros mismos y nuestra pasividad, nuestra inoperancia como sociedad, nuestra falta de sacrificio y esfuerzo por ser cada vez mejores y no depender siempre de que ‘Papa Estado’ venga a limpiarnos las caquitas cada dos por tres. Pero no quiero desviarme de mi tema.
Cada uno de esos políticos tiene una hexis, un talente, un temperamento, que no es ideológico ni sectario, que no pertenece a su partido político. Es unipersonal y lleno de elementos que podíamos calificar de positivos y negativos. Sobre este nivel básico van montado el carácter, el ethos. Y una parte importante de ese ethos, de esa forma de ser y estar en el mundo es la decisión de apostar por una determinada ideología, o una determinada religión o una peculiar escuela de pensamiento, etc. Unos se deciden por unas y otros por otra. Y la defienden con lo mejor y lo peor de su hexis  humana. Aquí ya encontramos rasgos lo suficientemente comunes como para que se agrupen muchos individuos en torno a unas determinados valores, no sólo en política, también en la religión por ejemplo. El problema surge en el debate político tan oscuro y lleno de detritus por el que pasamos actualmente. Y todo porque no reconocen noción alguna de justicia. La política es el terreno actual de la injustica más atroz. ‘Para todos lo mismo’ o ‘todos nos medimos por el mismo rasero’ o ‘todos iguales’ son una serie de ideas que no tienen cabida en la política actual. Porque cada uno parte de la base de que su ideología-partido es lo mejor que existe y que al contrario sólo hay que destruirlo, con lo que sea. Tan ocupados como están de mantenerse en el poder y de hacer daño al contrario mezclan a su antojo lo uno con lo otro. Y claro, al confundir a voluntad y sabiendas lo uno con lo otro estás manipulando la realidad y mintiendo a todo el mundo.
Es muy típico de determinados políticos ponerse medallas por su talante, como si fuera digno de mérito o fuera el único que tuviera esa peculiaridad. Es muy típico de muchos políticos llevar al engaño al dar gato por liebre y confundir la una con la otra. La cuestión está en mostrar que los mejores elementos de la hexis de cada uno es el auténtico ethos, que a partir de aquí pasa a ser una especie de pedigrí magnífico que convierte al sujeto en cuestión en un individuo casi mesiánico. Mientras, toman los peores elementos de la hexis del contrario para convertirlo en un auténtico monstruo, más cercano a la animalidad o al salvajismo retrógrado. Y esto es, sencillamente, manipulación. Si fuéramos una sociedad diferente, y de nosotros salieran unos políticos diferentes, éstos no tratarían de manipular a todo el mundo a su antojo y serían honestos y justos con el contrario político, y no tratarían de meterle el miedo en el cuerpo a la gente. Y sabrían perfectamente dónde termina el talante personal de cada cual y comienza la ideología de cada político. Se tratarían con respeto entre ellos y no nos tratarían a la ciudadanía como estúpidos. Pero claro eso es otra forma de vida, en otro mundo, en otro tiempo quizás.

11 de julio de 2011

La oportunidad que se perdió

 "Lloras como mujer lo que no supiste defender como hombre",  dicen que cierta vez le dijo una madre a su hijo. Esta frase, explica como ninguna otra que las oportunidades no son infinitas, sino acotadas a un tiempo y un espacio determinado. Y que ni antes, ni después de ese momento hay nada que hacer. Sólo el lamento. Y ese lamento del que no hizo nada cuando tuvo la oportunidad de hacerlo es el que reprueba esta dura frase.
Como bien sabemos todos, la vida no trae manual de instrucciones. Pero sí que tenemos determinadas líneas de referencia por las que movernos y tomar decisiones. Hay una que es especialmente importante: la fidelidad a los principios que uno mismo se otorgó y a los límites que marcan determinados ordenamientos. La vida es un constante empujar hacia la acción, hacia la toma decisiones constantemente. Y los aciertos y lo errores van marcando el camino de nuestro existir. Pero claro, si por determinados motivos haces lo que no debes, vas en contra de tus principios fundacionales, te embarcas en gestas que no te competen, y encima, eliges mal a tus compañeros de viaje, o estás constantemente cambiando tu rumbo, dando palos de ciego, y siempre más preocupado de hacer daño al enemigo que construir tu propio camino; es normal que luego se tuerza tu destino y te mande a donde te corresponde. 
Y si todas esas decisiones no las haces bajo coacción sino con toda la lucidez y voluntad, entonces, tienes que hacerte responsable de todo lo que te ocurra. Lo bueno, y sobre todo lo malo. Y si lo pierdes todo y tus huesos terminan ante las puertas del Averno, no tienes más que aguantarte. Pero maldita sea, no llores maldito, no llores. Que bien sabías que actuando de otro modo, que haciendo las cosas como debías de hacerlas, no estarías donde estás. Tuviste la oportunidad de hacer las cosas como marcan tus propios principios. Tuviste la oportunidad, en el espacio y el momento justo e idóneo de demostrarles a todos que eras un hombre de principios y fuerte en tus convicciones. Pero no, no lo hiciste, dejaste pasar la oportunidad. Y ahora lloras y te lamentas como un maldito mediocre. O culpas a los otros de tus desgracias, cuando sabes perfectamente que no hay nadie más culpable que tú mismo y tus miserias, tu falta de valor y tu mezquindad. Decidiste ser pequeño y mendaz. Mereces cada uno de los tormentos por los que estás pasando y pasarás.
Sólo te queda aprender de verdad de tus errores. Y sobre todo, oye el consejo de los que te decimos: la reconciliación y la búsqueda de aquello que nos une y nos enlaza es mucho más fructífera que la constante y eterna ansia de enfrentamiento y de ajustar cuentas. Acaba con el odio que te corroe las entrañas, cierra de una vez los libros de historia que inyectas tus ojos en sangre. Deja el garrote en el suelo y construye tu futuro con los ladrillos de aquellos que siempre han estado contigo y que de verdad representan lo mejor de tu pasado. Este es el momento y el lugar adecuados para tomar esa decisión. Sabes lo que tienes que hacer, sabes qué es lo correcto. Si vuelves a equivocarte a sabiendas, volverás a tirarlo todo por la borda y volverás a llorar como un maldito perdedor. Está en tu mano.

23 de junio de 2011

Tipos de gente

   De entre las muchas clasificaciones y/o tipologías que podemos hacer de nosotros mismos, las personas, hay una que me parece de importancia fundamental. Las personas que ante los problemas y conflictos de la vida se dedican a perseguir culpables y las que se centran en buscar soluciones. La vida sin sobresaltos, problemas y conflictos es inconcebible, nadie vive en una balsa de aceite, en una existencia plácida y sin que las mareas azoten en un modo u otro su navegar existencial.
   La cuestión es qué haces con esas cosas que se plantan delante de tu camino. ¿Qué proyecto vital escogen las personas ante estas situaciones? Son dos preguntas que hay que responder: ¿Quién es el culpable de esto? o ¿cómo arreglo y soluciono este problema? Así, surge un proyecto cerrado y lineal marcado por la culpa y los culpables, siempre tratando de ajustar cuentas, acumulando todas y cada una de las afrentas recibidas, anotándolas a fuego en la lista particular de enemigos sin perdón. O un proyecto abierto y que mira hacia adelante, centrado en aprender de los aciertos y errores, que busca la mejor manera de solucionar los problemas y de sobre todo, no volver a caer en ellos. 
   Y esto ocurre en muchos ámbitos, pero tiene especial trascendencia en los más importantes: en el ámbito personal, emocional y afectivo, con tu familia, hijos y pareja. También el ámbito laboral y del trabajo
   Una de las razones, creo, de porqué nos va como nos va, es que los primeros son mayoría respecto a los segundos. Hay cosas que deberían enseñarse en las escuelas y esta es una ellas. 
Trabajar con la vida y con la muerte, también con la salud y la enfermedad es mucho más fácil que jugar a decidir sobre la verdad y la mentira de las cosas o sobre lo bueno y lo malo de las personas. En el primer caso, y no digo más, la línea que los separa es tan claro y evidente, que sólo hay que actuar pensando en lo que te enseñaron para hacer las cosas bien hechas. En lo otro, todos son vueltas y requiebros atestados de dimes y diretes. 

22 de junio de 2011

¿Cómo voy a hablar de política si ya dejó de ser pensamiento y acción, argumentos y crítica, confrontación y diálogo, que es lo que yo estudio y trato de comprender? 
Primero se convirtió en un zoco donde se mercadea con todo tipo de mercachifles y abalorios. De un tiempo a esta parte se ha convertido en ruido estruendoso provocado por tambores, pandereteiras y cacerolas en constante convulsión paroxística. Y tras lo de hoy, la cosa se parece más a un hospicio para locos, un nosocomio para zumbados, ese tenebroso manicomio para gente que ya no tiene remedio y que tanto salen en las pelis de terror.
Y yo les juro que no tengo ni idea de comercio, ni de música étnica, y mucho menos de psiquiatría, por eso dejo de escribir, porque no voy a opinar de cuestiones que desconozco y de las que no tengo la más remota idea. Cuando las cosas vuelvan por sus fueros, volveremos; mientras a seguir estudiando, y escribiendo de mis cosillas y mentecateces varias.

21 de junio de 2011

Terramar

Acabo de leer 'Historias de Terramar', una recopilación de cinco cuentos de Ursula K. Le Guin. Sencillamente memorable. ¡Qué bonito es hacer las cosas bien hechas! Me maravillo con las mentes prodigiosas de algunas dragonas. Tehanu, Ged, Tenar, Lebannen, Kalessin, Irian, todos ellos ... para siempre, lo tengo muy claro. Algún día nos veremos en el equilibrio, en el Tao, rodeados de naturaleza, mares y vientos.


1 de junio de 2011

Constantes, indignados, y pepinos (que están muy buenos... por cierto)

   Desde que el mundo es mundo y el hombre es hombre, existen una serie de constantes que se repiten de manera inmisericorde. Sobre una de ellas dedicaré mis reflexiones.
   El pez grande se come al pez chico. El fuerte le pega al débil. Los grandes abusan de los pequeños. Esto es tan así, que cuando ocurre al contrario, hacen hasta películas: David contra Goliat. Es algo tan puntual y extraño que hay que guardarlo en la memoria colectiva de los chicos, de los pequeños, los débiles. Para que todos estos no pierdan su autoestima y les quede un rayo de esperanza de que algún día ellos puedan convertirse en otro David y poder partirle la cara a su particular Goliat.
   Los tiempos modernos, a partir de la época industrial, para que nos hagamos una idea, trajo una nueva reconstrucción de esta dicotomía. La idea era que todos los David del mundo pudieran unirse para hacer frente a los distintos Goliat. Pensaban que la suma de muchas piedras pequeñas terminaría por convertirse en una gran roca que pudiera chocar con garantías contras las grandes montañas poderosas. Esta idea caló honda en las cabecitas turbulentas de unos cuantos y terminó cuajando una serie de ideologías, 'los ismos', de movimientos culturales, artísticos y de vanguardia, bla, bla, bla...Ahí están los libros de historia que lo explican muy bien. 
   A pesar de todo, el pez grande se come al pez chico. El fuerte le pega al débil. Los grandes abusan de los pequeños. Incluso alguno de esos 'ismos' se terminó convirtiendo en pez grande y abusón. Pero lo que sí digo aquí es que el fracaso de este tipo de gregarismo borreguil, de estas masificaciones, tendría que ser una buena enseñanza para el futuro. En fin, los pequeños se lamentan por las tropelías que los grandes cometen en su contra. Hoy en día, en este mundo tan chupiguay y globalizado en el que vivimos, se nos dice que tenemos a las Instituciones de justicia para que resuelvan esta cuítas. Pero todos los pequeños sabemos de qué va todo esto, que bien parece que es un caramelito que los abusones les dieron en su día a los pequeños. ¿Qué nos queda? Clamar a una miríada de dioses ociosos. Algunos otros terminan pagando su frustración con otros pequeños más pequeños.  Tenemos períodos históricos puntuales en el que los pequeños se volvieron muy violentos y terminaron siendo aplastados por los grandes. Otros muchos elucubran mundo paralelos, ideales e utópicos, donde se subvierte el orden: los pequeños son grandes y los grandes pequeños. Es una especie de reescritura de la historia, de ajustar cuentas en lápiz y papel, para poder ganar todas esas batallas que se perdieron en la realidad. Hay una larga lista de soluciones teóricas a este grave problema humano. Las carcajadas de los grandes son tremendas.
   Las gentes, de todas las partes del mundo y de la historia, están muy indignadas con los peces grandes. La historia de los pequeños está jalonada de importantes épocas de protesta, de pequeños arañazos sobre la cota de malla de los grandotes. Aun sí, después de tanto cabreo, indignación y protesta, el pez grande se sigue comiendo al pez chico; el fuerte le sigue pegando al débil; y, los grandes siguen abusando de los pequeños. En todas esas épocas se sigue apelando a la justicia y a la igualdad. Los pequeños interpelamos a los grandes, pero el fondo lo tratamos como si sólo fuera un bruto peleón muy cercano a la animalidad. Los pequeños en nuestro afán de supervivencia nos autootorgamos el papel de agentes activos y racionales, a los que ilumina la justicia; los fuertes son una especie de sujeto pasivo que no piensa ni razona, sólo acumula poder y dinero. Los grandotes nos tienen que hacer caso por narices, porque nuestros argumentos lógicos son impecables, nuestros discursos sobre la igualdad y la justicia son epatantes, nuestros modales pacíficos son incuestionables. Como la justicia está de nuestro lado (aplausos), pensamos que por nuestra cara bonita los grandes nos van dejar solucionar los problemas de la realidad sin mover un dedo.
   Habría que ir teniendo claras una serie de cuestiones antes de seguir. Los grandes, fuertes y abusones no son un mero sujeto pasivo embrutecido por el uso y abuso prolongado de la fuerza. Hay que estudiar la historia de sus movimientos estratégicos y terminar por encontrar su 'talón de Aquiles'. A toda acción de los pequeños llegará una reacción de los grandes; esto no se va a acabar nunca. Al ciclo que se acaba le sucede otro. Hay que aprender de los errores y no empecinarse en cometerlos una y otra vez. Si lo único que tienes para esgrimir contra el grandote es un puñado de papeles escritos con ideales maravillosos, hay que tener en cuenta que un porrazo del garrote duele un montón, más aún si te pega en toda la cara.