21 de noviembre de 2011

Saber perder... es fundamental en Democracia

Hay una cuestión accesoria aquí, que por el peso del tumulto se convierte en algo importante. Cada cuatro años ocurre lo mismo, es un mal que atenaza a unos y otros. A pesar de las medallas que muchos se ponen de demócratas, son muy pocos los que saben perder y menos aun los que lo hacen con dignidad y elegancia. Bueno, pensándolo mejor, si hay algo que caracterizó durante los siglos XIX y XX la vida sociopolítica española es no encajar bien las derrotas electorales. Somos un pueblo de buenas gentes pero cuya mitad anda culpando a la otra media de los problemas; dos siglos, una guerra, una dictadura y 30 años de democracia después seguimos anclados en lo mismo. Esta vez, claro está, no iba a ser diferente. Hubiera sido una auténtica sorpresa si así fuera.
Hay varias cuestiones sobre las que quisiera hacer hincapié en estos días postelectorales. Hay gente que está contenta porque ganó la opción que votó y los perdedores, claro está, claman en arameo contra los vencedores y sus votantes. En esto hay muchas semejanzas entre unos y otros, por mucho que se sientan diferentes. Hace cuatro, años cuando los que ganan hoy perdieron, sus simpatizantes se llenaron la boca de diatribas y mensajes envenenados. Hoy, los que han perdido y ganaron entonces repiten casi los mismos improperios. Unos y otros, antes y ahora, demostraron que no supieron perder. Veamos:
Opción A. Encajar en la misma frase el nombre de la ideología o el partido ganador junto a verbos o expresiones del tipo aterrar, aterrorizar, miedo, horror, peligro, involución, cataclismo, miseria, echarse a temblar, que las cosas empeoraran, que se perderá esto o lo otro, que se acabará con tal o cual cosa, etc. Esto del miedo y de vender el apocalipsis y todo tipo de catástrofes sociales, tampoco es una novedad. Personalmente pienso que en democracia y con la constitución de nuestra parte no hay que asustarse de nada ni de nadie. Es una cuestión de preferencias, y yo no hubiera preferido una mayoría absoluta, pero hay que aceptar lo que ha salido de las urnas. Creo que ahí radica la caída y pérdida de millones de votos de los perdedores de este año: la apelación voluntarista y atrabiliaria al apocalipsis. Cada vez hay más número de personas que han dejado de creer en eso, que se hartó de que alguien tratara de inocularle el miedo y que solo apelase a la pelea. Así que a los que ahora hacen eso, a los que hace cuatro lo hicieron y a los que en el futuro seguirán haciendo lo mismo, hay que pedirles que por favor dejen de tratar a la ciudadanía como menor de edad, que ese paternalismo de pose e impostura es puro esnobismo y oculta su resentimiento y mal perder. Tienen que hacerse adultos democráticamente y aceptar que lo mismo que se gana se puede perder y que el Estado tiene ya a estas alturas de civilización un empaque y una robustez imposible de alterar, eliminar o destruir.  
Opción B. Encajar en la misma frase el nombre de la ideología o el partido ganador junto a verbos o expresiones predictivas y agoreras del tipo el futuro que viene, lo que va a pasar cuando, nos espera lo peor en esto o lo otro, la que se nos viene encima, nos va a caer la mortal, nos dan el golpe de gracia, será una maldición, etc. Una vez más, estamos ante un tema muy manoseado, que es dar por supuesto que se sabe lo que el futuro nos va a deparar, claramente y sin atisbo de dudas, porque  en tal o cual sitio se hizo algo parecido y argumentos tan peregrinos como este. Es curioso, cuando menos, ver cómo florecen en estos días los pitonisos y los taumaturgos que vislumbran lo que traerá el futuro. El futuro no está escrito, nadie sabe lo que nos va a deparar. Así que a los que ahora hacen eso, a los que hace cuatro lo hicieron y a los que en el futuro seguirán haciendo lo mismo, hay que pedirles que por favor usen sus capacidades para algo constructivo y no para dejar patente su enfado. Que ese enfado no es constructivo y que hay que superarlo. Que no se engañen más ni traten de engañar a otros, su crispación se ve venir de lejos. Que usen las energías que gastan en la mala leche en cosas productivas. Si alguno de ellos hubiera tenido esa capacidad hace unos años para predecir la crisis económica en la que estamos se hubiera agradecido. Yo hubiera preferido que hubieran usado su don magnífico para prever las dificultades y no ahora que en realidad lo que no ocultan es su ira por el resultado que legítimamente arrojan las urnas.
Opción C. Encajar en la misma frase el nombre de la ideología o el partido ganador junto a expresiones y calificativos tales como estúpidos, incultos, tontos, desmemoriados, catetos, etc. Este menosprecio es otro de los clásicos postelectorales. Es un argumento ramplón, eso de llamar inculto a alguien que no vota lo mismo que tú; o la soberbia de llamar tonto o cateto a millones de personas que no piensan como tú, como si el que insulta fuera el Sursuncorda, la persona más culta y formada del orbe, poseedor único de las grandes verdades de la vida. Un insulto así, solo descalifica al que lo emplea. Además de ser indigno por menospreciar a gente que ni conoce, que no sabe nada sobre su vida y su forma de hacer las cosas. La soberbia de querer tener la razón siempre, pase lo que pase, de no reconocer los límites y las equivocaciones, la falta de humildad, de pensar que lo que tú votas es lo único bueno, llamar tontos o culpables a los millones de personas que piensan distinto y que votan distinto, es otro motivo más para que mucha gente haya querido cambiar. Unas Elecciones Generales con millones de individuos votando y expresando en libertad lo que se quiere y con la legalidad al fondo, es cualquier cosa menos cosa de estúpidos. El voto que se pone en la urna, el mío y el de todos, es un derecho constitucional que nos hace a todos iguales, es lo más igualitarios que puede haber en una democracia, tú, tu conciencia y la urna, no el clavo a una supuesta lápida. Así que a los que ahora hacen eso, a los que hace cuatro lo hicieron y a los que en el futuro seguirán haciendo lo mismo, hay que pedirles que por favor cultiven el civismo con sus conciudadanos, que todos estamos en la misma sociedad y que bien nos vendría cultivar las virtudes cívicas y dejar de ser groseros los unos con los otros.
Opción D. Encajar en la misma frase el nombre de la ideología o el partido ganador junto a expresiones que aluden a la calle, a la turbamulta, y a actitudes revolucionarias o directamente violentas. Esto no es democracia, así que sobran las palabras. Sobre este asunto no quisiera profundizar mucho, porque soy de los que tiene claro que junto al necesario respeto a la libre expresión de ideas y pensamientos, está el respeto al dictamen popular de las urnas que ha sido muy claro. Precisamente por eso se vota, por eso la democracia se distingue de la anarquía, la anomia, y los regímenes autoritarios, en que el número mayor de sufragios decide el rumbo de la sociedad y no las opiniones de las minorías o la cantidad de piedras que logres lanzar o la cantidad de burradas que puedas hacer en la calle. No creo que la calle y la turbamulta sea la forma de arreglar las cosas en democracia. La Constitución y la legislación sí que lo son. Así que a los que tienen en mente la violencia, hay que pedirles que cultiven su espíritu democrático y dejen la violencia de lado. El frentismo no es la solución a nada, es empeorar las cosas que ya, de por sí, están malas.

Hay algo detrás de los números

Siempre hay algo más detrás de los números... siempre. El ser humano es muy poco conformista con la cruda realidad y siempre quiere ir más allá de los hechos básicos de su existencia, unos por unas razones y otros por otras, pero a todos nos recoge la idea de buscar un algo que hay por detrás. Ayer fueron las Elecciones Generales, los números ya están aquí, y yo quiero hacer mis propias interpretaciones, que cada uno haga las suyas. 


Este año, a diferencia de otros muchos, los datos, no dicen muchas cosas. La primera y fundamental, que yo entiendo, es que hay ganadores y perdedores. En las noches electorales anteriores se dibujaba una especie de comedia bufa en la que todos mostraban su mejor sonrisa y el cartel de ganadores. Lo de ayer pasará a ser un recuerdo tormentoso en la biografía de más de un político. 


La situación actual no está para muchas alegrías, por lo que seguir centrándose en el pasado poco o nada de provecho arroja a la tarea que queda por delante. Esto es lo que hay, y ahora a seguir adelante. Lo mismo digo con los malos perdedores y la no aceptación de los resultados, el seguir enrocado en el miedo, el temor, el terror y el espíritu agorero de un posible apocalipsis. A mi entender, los números dicen que apelar al miedo y al horror ya no sirve. A lo mejor tanto batacazo de algunos parte de eso, de optar por el miedo. A estos, recordarles que la base de la democracia (esta que tenemos y no otra) es una cuestión cuantitativa, de número y no cualitativa. No hay forma objetiva y fuera de toda duda que diga qué opción política es mejor que otra. Por eso se vota, porque todas parten en igualdad de condiciones. Y es la mayoría la que decide las cosas. Si no se acepta este hecho básico se puede ser cualquier cosa menos demócrata: hay que ser demócrata en la victoria y también en la derrota. 

En el año 2008, el partido que ayer terminó ganando, cosechó 10.259.199 votos y ahora en 2011 han tenido 10.830.693 votos. Tras cuatro años de crisis y otras cuestiones su techo ha subido en sólo 571.494 votos. ¿Dónde está la explicación de lo que ha ocurrido si realmente la subida no ha sido, ni de lejos, tan potente, solo de un 5% respecto a las anteriores elecciones?
En el año 2008, el partido que perdió aquel año, ayer tuvo 11.259.199 votos y en 2011 ha conseguido 6.973.880. Tras cuatro años de gobierno y desgaste han perdido 4.285.319 votos. Han perdido el 39% de los votos. Esto es una hemorragia, sin paliativos ni subterfugios. Tienen que aceptarlo y dejarse de milongas y componendas. Porque no ha habido un trasvase amplio al enemigo, es que 3,7 millones de votos no se los llevaron los otros sino partidos del mismo espectro ideológico. Con lo que encima, se desactiva la pataleta posterior de llamar estúpidos o ignorantes a los que votan al otro, a los que se pasan a la acera de enfrente. Los otros han mantenido lo suyo, son estos los que han perdido al 40% de los suyos. Puede que ahí este una posible explicación además del hartazgo del miedo y del horror. En la soberbia, la prepotencia y la chulería del que piensa que siempre tiene razón y que lo suyo es lo mejor y la única opción buena; y que sale a relucir en estos momentos de derrota, como respuesta a los propios errores, en vez de mirarse al espejo y reconocer los fallos y aprender de ellos. España no ha girado hacia el ala conservadora, esta cura de humildad significa que ha terminado harta y exhausta de talante, mentiras y fuegos artificiales, de crispación, de separación y frentismo constante.

Para terminar, la democracia es un sistema de gobierno cuya principal característica técnica, a mi entender, es la perfectibilidad, o sea, que puede perfeccionarse, que tiene siempre margen de mejora y perfeccionamiento; que una vez visto los fallos puede cambiarse porque está abierta a esas mejoras. Uno de esos fallos queda aclarado en números: IU consiguió ayer 1.680.810 votos y 11 escaños, y UPyD consiguió 1.140.242 votos y 5 escaños. Otros partidos consiguieron menos votos y más escaños. Por ejemplo, CIU 1.014.263 (16), Amaiur 333.628 (7). Lo de este último es especialmente sangrante por lo que representan, con 806.614 votos menos que el partido de Rosa Díez tienen 2 escaños más. E IU que tiene 666.547 votos más que CIU tienen 5 escaños menos. Esto tiene una explicación y una interpretación, lo primero es el conjunto de circunscripciones y el sistema D'hont (ver aquí y aquí) y lo segundo es que en España no somos iguales y que eso de 'una persona, un voto' es una falacia. Si la democracia quiere mejorar y ser más demócrata una de las cuestiones que tiene que perfeccionar es esta y pergeñar una Ley Electoral acorde a los tiempos que corren donde, sobre todo, se respete la escrupulosidad del 'un hombre, un voto', porque si no somos iguales votando, lo nuclear en la democracia, no podemos ser iguales en otras cosas. 

5 de noviembre de 2011

CONTROL DE DAÑOS

Ayer comenzó la Campaña Electoral, ya queda menos para el 20N. Si el tiempo normal y ordinario en la política actual es feo de narices, y no paramos de escuchar toda suerte de estupideces, el tiempo especial de las campañas electorales es absolutamente kafkiano, donde raro es el día en el que no nos damos de bruces con una barbaridad más grande que la anterior. El Sr. Durán que era, aparentemente, uno de los políticos más serenos y mejor valorados lleva un mes diciendo toda clase de gilipolleces, sin cortarse un pelo.

Este año todo apunta a que el partido que hasta ahora ocupa la Oposición ganará los comicios por goleada; y el partido que ahora gobierna perderá una buena parte de lo conseguido durante años. Las encuestas de los medios de comunicación apuntan a este escenario, incluso las encuestas del CIS, que son cocinadas según la voluntad del patrón, también le dan el triunfo a los opositores. Pero no sólo eso, el runrún de la calle viene calentito, hay mucho cabreado e indignado de verdad. Ya no hablo más de la crisis y de la inoperancia del Gobierno porque ya es un tema muy manido, que cada cuál piense lo que quiera. Los datos directos, sin trampa ni cartón se pueden mirar aquí:

http://estaticos.elmundo.es/documentos/2011/11/4/preelectoralcis.pdf



Esta diferencia tan tremenda hace que se exacerbe o se sobredimensione más todavía una de las miserias de la política actual: el apelar a la irracionalidad, al miedo, a las fobias, a las entrañas, a lo peor de la emotividad humana y que desde allí, desde ese oscuro lugar, se tome la decisión del voto. La política hoy en día tiene muy poco de pedagógica y mucho de manipulación y los medios de comunicación la enfatizan. Pero sobre esto no haré más comentarios. Los partidos políticos son unos irresponsables por estirar tanto y tanto las cosas buscando siempre la confrontación en la calle, pero cada cual es libre de votar desde donde quiera, desde las razones o desde las emociones, desde el sentido común o desde las tripas, desde la utopía del futuro mejor o desde el odio por el pasado no asumido; o no ir a votar, que también tiene hoy día argumentos a favor que sopesar.

A lo que me refiero con el título del post, Control de Daños (Damage Control), es a lo que estará ocurriendo en Ferraz en estas horas previas al macro mitin de Sevilla con la flor y nata del partido, en un intento voluntarioso de mitigar la hemorragia. Este concepto es un término que se utiliza en la Marina para controlar las situaciones de emergencia que ponen al barco en peligro de hundimiento. También se utiliza en política para tratar de minimizar los daños ante una situación comprometida y catastrófica. Hay que salvar los muebles, por lo menos la mecedora de madera que es un regalo de la abuela y tiene un gran valor sentimental. Los estrategas saben que la situación está muy fea y que incluso, en algunas encuestas, es apocalíptica en su contra. La cuestión está, ya no en ganar, sino que tras la derrota no termine el partido al borde del colapso o fragmentado en Reinos de Taifas. Por eso, el modelo de campaña electoral escogido por estos ajedrecistas es el de no perder ni uno sólo de los fieles, ni uno solo. Si el voto indeciso está más perdido que nunca que por lo menos los que son fieles llueva, nieve o ventee, sí que vayan a apoyarles el domingo. Por eso deciden el ‘back to back’ y sacar a la vieja guardia y despertar a los viejos fantasmas. Yo creo que lo conseguirán y que al final la diferencia no va a ser tan gorda

23 de octubre de 2011

El estado de ánimo

La emociones personales son propiedad y responsabilidad de cada cual. Si uno, en libertad, decide que la emoción íntima que quiere tener ante este hecho es la de alegría y felicidad, pues adelante. Yo, personalmente, opto por la prudencia. Y lo hago así porque ese comunicado calla más de lo que dice y manipula mediante las palabras, y esta es una de las señas de identidad de la banda armada: manipular el lenguaje a su antojo; como el hecho de llamar conflicto a algo que se llama crimen y barbarie. Ante cuestiones como esa yo personalmente no puedo estar feliz ni contento. Y sí escéptico y prudente, en espera, en 'stand by', a ver que viene detrás de este movimiento. Como decían los pirrónicos hace unos cuantos siglos, suspendo mi juicio hasta tener más elementos de juicio; esta es mi personal y particular epojé.
Ahora bien, y a hora vamos con lo grave del asunto, no se puede equiparar lo que siente una persona-ciudadan@ normal y corriente, a la actuación del político o del gobernante. Estos últimos tiene responsabilidades. Estos tienen que ceñirse estrictamente a la legalidad, al cumplimiento de la misma y sobre todo, que se haga cumplir la ley, ese es el punto exacto donde tienen que estar. Y ese comunicado no es, en absoluto, una terminación de nada. Son un mero cúmulo de palabras dentro de un papel sin ninguna validez, detrás de ellas no hay ningún hecho práctico diferente al de hace tres días o tres meses o tres años. Ese papel no demuestra nada objetivamente, a lo sumo, son un puñado de intenciones. Y claro, ¿hasta que punto podemos fiarnos de las intenciones de unos bárbaros homicidas? Yo no me fío, por ejemplo, y no voy a criticar a aquel que libre y personalmente si se fíe y esté contento con ello; pero los políticos no tiene que estar andando con confianzas teniendo como tienen el ordenamiento jurídico que tenemos donde dice claramente lo que es delito y lo que no. Los políticos y gobernantes tienen que ceñirse a eso; las emociones y los pareceres son para los ciudadanos de a pie. Los políticos, los gobernantes, en el estricto cumplimiento de sus cargos para los que son elegidos, no tiene que sentir ningún tipo de emoción, tiene que ajustarse a los hechos de la realidad, actuando en consecuencia;  y una carta y un comunicado es muy poco, poquísimo entiendo yo, si además no hay acciones definitorias y definitivas que reafirmen lo que está escrito.
Los delincuentes, los criminales siguen ahí, los crímenes y las muertes siguen ahí, las armas y las bombas siguen ahí, la violencia soterrada sigue ahí, la financiación sigue ahí, los terroristas siguen ahí, en las instituciones manejando la información y el dinero público. Ahí sigue casi todo, nada ha cambiado; y todo esto no lo borra un comunicado de un plumazo. Lo único que parece haber cambiado es el estado de ánimo de algunos.
Este país funciona con las entrañas y con las tripas, con las emociones siempre a flor de piel, a golpe de ocurrencia, a golpe de cojones y vergüenza torera, donde el sentido común muchos días anda perdido y es el menos común de los sentidos. Los políticos saben de este dato sociológico y no paran de explotarlo, nada más que hay que ver cómo se dirigen las campañas electorales en nuestro país, que son auténticas montañas rusas tratando de sacar lo más emotivo de la gente para que ésta acuda a votar no desde la inteligencia y el raciocinio sino desde la boca del estómago. Los políticos no hacen pedagogía hacen manipulación. Y esa es una verdad y una técnica que está al alcance de cualquiera, terroristas incluidos, que son malvados pero no tontos. Un comunicado como ese apela a la emotividad de una sociedad, la vasca, que está harta de enterrar muertos, que está harta de los chivatos de los informadores, que está harta de tantas cosas que cualquier soplo de aire fresco lo interpretará como un vendaval. Y no hay viento, solo hay el mismo hedor insoportable de siempre pero en una caja con un lazo simpático. Y ahora,los políticos, acostumbrados a manipular las conciencias de la gente ni saben, ni pueden (y algunos ni quieren porque de ahí sacan una cantera de votos) explicarle a la gente que están siendo manipulados, que su ánimo y sensibilidad está siendo trastocada.

21 de octubre de 2011

La pata por debajo de la puerta

Comenzaré por el principio... ¡NO ME CREO NADA!
La cosa va hoy de cuentos infantiles... y de lobos... Los cuentos populares y las fábulas recogen en sus palabras una sabiduría popular antigua, heredera de la mitosimbología antigua y arcana, que por desgracia es despreciada alegremente. Pero las verdades que cuentan están ahí... para el que quiera verlas e introducirlas en su vida sin miedo y sin prejuicios.
¡Qué viene el lobo, qué viene el lobo! Desde hace algún tiempo, desde muchos sitios se apuntaba a lo que ha ocurrido hoy... ¡Qué viene el comunicado, qué viene el comunicado!... Pues sí... llegó... llegó el comunicado de los lobos asesinos, criminales y bastardos, con su retórica lobuna tan característica llena de dardos envenenados. Se puede ver a la legua las marcas que dejan sus dentelladas hediondas: cese definitivo de su actividad armada, dicen los muy mastuerzos. 
Pero este es un cuento, o más bien una pesadilla, de la que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado junto con la Justicia se tendrían que encargar de arreglar. Sin prisa pero sin pausa. Aunque por suerte no soy jurista, creo que hay razones legales, y objetivas, de sobra para  poner a los lobos en su sitio. Lo que da miedo, y es espeluznante es el otro cuento que viene a continuación...
¡Los siete cabritillos!... Mama cabra se va al curro. Es una afortunada, por no engrosar la lista de millones de parados de este país. La cabra trabaja de limpiadora en una clínica odontológica por las mañanas y por la tarde limpia portales o lo que salga. Un puñado de hambrientos cabritillos le esperan en el hogar. Mama cabra está harta de decirle a los cabritillos que la puerta de la casa no se abra para nada. Solo a los abuelos cabra que viene de vez en cuando a echarles un ojo. Pero bueno, en los tiempos que corren, los cabritillos de hoy son un poquito cabroncillos (pero un poquito solo !eh¡... no se crean, no me pongo apocalíptico). De vez en cuando, la casa de los cabra es merodeada por un lobo (este sí que es un cabrón, cabrón). El lobuno rufián utiliza todo tipo de tretas para que los cabritillos le abran la puerta. Pero los chiquitos, bien aleccionados por Mama cabra, no pican. Pero hete aquí que el lobo, en un golpe de astucia lobuna y cabruna, se pinta las pata de blanco cabra para enseñárselas por debajo de la puerta a los críos, a ver si pican y abren para que él pueda entrar y profanar sus vidas. 
Ya sabemos como acaba la fábula... el lobo cabrón terminó muerto, bebiendo agua en el río con la barriga llena de piedras. Pero en la vida real, tenemos 585 muertos, en la desfachatez del lobuno comunicado no han hecho referencia alguna a las víctimas, sino un homenaje a sus compañer@s caídos, no han dicho el lugar dónde la policía puede encontrar su arsenal, y dónde pueden ir a detenerlos y que pasen a disposición judicial, pero sí encontramos términos como liberación, solución del conflicto o reconocimiento. Y al final, ahí esta la treta cabrona y rufianesca, plenamente lobuna y criminal, hablan de dos cosas de la que no tienen ni pajolera idea, paz y libertad. Se han pintado las patas de blanco y la muestran por debajo de la puerta. Pero ahí está el lobo, ahí sigue el lobo y su sed de sangre, sus homicidas y criminales ansias, su irrefrenable violencia.
Espero y deseo que ningún iluminado político de este país le abra la puerta al lobo. Espero que los políticos estén, ya no a la altura de las circunstancias... que no lo están, sino que los políticos estén de parte de la ley, que dejen que la justicia haga su trabajo y que no pululen como babosas mesiánicas en busca de un golpe de mano. Espero que el lobo cabrón, deje tranquilo a los cabritillos, salga de los ayuntamientos y terminen en la cárcel. Entonces sí habrá paz, libertad, los cabritillos vivirán algo más tranquilos y 585 almas descansarán en paz.  

7 de octubre de 2011

Punto de partida o punto de llegada

Desde el punto de vista genético-histórico la cristalización progresiva de las ideologías es mucho más temprana que la irrupción de los partidos políticos y los liderazgos. La ideología ha sido siempre, y será, un concepto baboso y resbaladizo: para algunos es un marco teórico imprescindible y para otros es una forma sutil de manipulación y adoctrinamiento. Hay largos elencos bibliográficos a favor de ambas posturas. Al final estamos ante un momento de voluntad y de libre preferencia: elegir entre una de ambas opciones.
La ideología en sus primeras etapas era una serie de abstracciones y pensamientos en las cabezas y los libros de algunas personas, generalmente filósofos y sociólogos. Para que pudieran salir de ese mundo interior hacia el mundo de la realidad comenzaron crearse los partidos políticos y los sindicatos. Había que bajar a tierra firme todos aquellos planteamientos. Por eso, junto a toda ideología ha de haber una pragmática o praxis, entendida por ahora como puesta en marcha práctica de lo que se piensa. Por eso en todos los partidos políticos serios encontramos a ideólogos, hoy en día se llaman think tank, y políticos de acción.
Generalmente, se han dividido a los partidos políticos por sus ideologías, de izquierda o progreso, de derecha o conservadores, de centro o liberales. Actualmente, se han de dividir a los partidos políticos según su pragmática, por su modo de operar y no por el modo de pensar. Así tenemos que separar entre los que entienden la ideología como un punto de partida y los que la entienden como un punto de llegada.  Hubo un tiempo en que esta clasificación por la ideología era realista. De un tiempo a esta parte son muchos los teóricos que están revisando a fondo estas categorías clasificatorias.  Me explico...
Todo esto tiene que ver con la forma de vida de los políticos, ya que estos no son entidades abstractas, sino personas de carne y hueso incardinadas en contextos socio-culturales e históricos concretos. El mundo ha cambiado mucho, pero la clase política aún más. En la época en la que los partidos políticos y los políticos todavía eran parte activa de las sociedades en las que vivían, sí que podía hacerse esta distinción. Pondré un ejemplo arquetípico: un político de izquierdas era un trabajador de fábrica por ejemplo que defendía esa determinada ideología militando en su partido o sindicato; lo mismo se podía decir de otras personas que defendían a la ideología liberal o conservadora. La política era una parte más de su vida, no era TODA su vida. 
Pero eso ya no es así, en los tiempos en los que estamos. En primer lugar, los políticos se han profesionalizado. Ser político es una profesión como otra cualquiera, es más, para muchos es una vocación temprana similar a la vida religiosa o monacal, o una carrera, dedicando toda una vida al partido, sin tener relación alguna con ningún otro campo laboral o civil. En segundo lugar, la otrora jerarquía piramidal e infranqueable de clases sociales se ha desvirtuado casi por completo, aunque haya mucho que sigan dando pábulo a determinados análisis rancios y apolillados que sirven de consumo interno y para que se mantenga un nivel de beligerancia poco productivo hoy en día. Gracias al Estado de Bienestar, la pirámide se ha metamorfoseado en una serie de subconjuntos dentro del gran conjunto social de la clase media homogénea e informe. Uno de esos subconjuntos es el de la casta política, que por el mero hecho de dedicarse a la vida política pública y activa se ha visto recompensada con una remuneración y un nivel de vida, social y económica, de alta gama. Así que, con independencia de su militancia ideológica, y la filiación a un partido, por el mero hecho de ser político profesional y pertenecer al algún tipo de institución y/o corporación pública, ya tiene derecho a una serie de derechos elitistas que no están al alcance de la gran clase media de donde, generalmente, fueron saliendo. Solo hay que mirar la reciente publicación de los patrimonios de los políticos profesionales del Congreso y del Senado.
En un marco como éste tiene pleno sentido una protesta como la que sigue a continuación, aunque a título personal, matizaría la cosa de otro modo y por eso escribo en un blog mis matizaciones y no me dedico al noble arte del pancartismo.
Pero lo que está claro es que ya no hay relación ni representatividad entre los políticos profesionales y la ciudadanía. Antes sí porque los políticos salían de entre la ciudadanía. Estamos ante una de las razones del fracaso de las ideologías y los partidos políticos, y por ende, de la Política. En estos tiempos de grave crisis, nadie está a la altura de las circunstancias, y de poder ser parte de la solución se han convertido en parte del problema, ya que mantener a la casta política en su alto nivel de vida le cuesta a la res pública muchos millones de euros.
Pero más allá de estas cuestiones de la percepción popular y la indignación, yo quiero subir algunos peldaños más y centrar mi reflexión en la distinción basada en la pragmática política. Porque aquí también se explica el fracaso de los políticos, en su propia cuestión técnica, la política es un fracaso total en estos tiempos que corren. Los políticos profesionales son muy malos profesionales, no saben hacer bien la profesión a la que dedican su vida y por la que reciben una fantástica remuneración. Y si cualquier profesional se ve enfrentado tanto a críticas como a acciones judiciales cuando no ejerce bien su profesión, los políticos también tendrían que pasar por esa crítica y esas acciones penales. Como lo segundo no ocurre debido a su blindaje, qué menos que ser sinceros y decirles claramente en lo que fallan como profesionales de la política. 
Como digo, si la ideología no logra hacerse realidad no sirve para nada, es una pieza de museo, bonita pero inservible. La cuestión estriba aquí en cómo se manejan prácticamente esos ideales y esos punto de vista. Hay dos formas de ver la cuestión. Realmente hay tres como veremos a continuación. Están los que toman los ideales como punto de llegada, como si tuvieran entre manos una especie de catecismo cuasidivino que hay que llevar a la práctica sí o sí, cueste lo que cueste, rompiendo lo que haya que romper. Y los que toman los ideales como puntos de partida a partir de los cuales todo puede ser cambiado-modificado-negociado sin  límite.  Ambas posturas extremas son igualmente imposibles, una por dogmática y otra por utilitarista (aquí si utilizaríamos el término pragmatismo como algo peyorativo, y no descriptivo como en la vez anterior). 
Hay ejemplo de la política real y actual en nuestro país que explican esto que digo. El actual Presidente del Gobierno y su equipo ministerial durante dos largas legislaturas se han dedicado a la política en la que la ideología era el punto de llegada. Ellos tenían su hoja de ruta marcada y han seguido hacia adelante velis novis, para el beneplácito de los que lo apoyan y para rabia de los que no. Esa cuestión no me interesa tanto como la cuestión de que cuando las cosas pintaban bastos no han tenido la suficiente cintura política como para hacer las mismas cosas de siempre de otro modo más efectivo. Y el toro los han corneado gravemente a ellos, y a todos los demás. Para la posteridad queda una larga lista de reformas de reformas de reformas, hechas con la boca pequeña, como si algo o alguien los estuvieran ultrajando para que las realizaran. Anteponer la ideología ciega al Bien Común es de una gravedad mayúscula. Pero la ridiculez y el esperpento son casi tan nefastos. Y ahora, ayer mismo, se le da carta blanca a los Estados Unidos para que utilicen la base de Rota para que monten allí su tinglado militar, cuando llevan una década defendiendo una serie de principios ideológicos contrarios que eran supuestamente irrenunciables, eso unido a aquel desplante a la bandera en aquel desfile. Este es un primer ejemplo de pragmatismo canallesco, de usar la ideología como punto de partida que queda abandonada a las primeras de cambio. En 1974 la periodista Charlotte Chandler le hizo una entrevista a Groucho Marx en la que dejó para la posteridad una de las frases más brillantes de la política y los políticos: Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.
Pero no solamente estos de ahora han fracasado. Los que estuvieron antes también tienen una larga lista de fracasos terribles. La foto de las Azores explicita como ningún otro documento el perfil de la política como pragmatismo más absoluto, donde no solo se pierden los ideales sino la propia humanidad, al apoyar una guerra sin ningún fundamento racional, más que el infantil presupuesto de pertenecer al bando de los vencedores, de los que escriben los libros de historia, a ver si por suerte caen las migajas de la gran olla. Por desgracia aquí hay basura en todos los cajones. Y no es mejor solución ponerse a medir el tamaño de la pollas, o sea, quién es más culpable si los unos o los otros.
Una política buena, perfectible, y sobre todo, preferible, tendría que moverse entre ambos extremismos. Y esta es la tercera de las formas, la que un buen político profesional tendría que ejercer. Estaríamos hablando de un perfil político que recupere algunas de las esencias antiguas, especialmente la cercanía a la gente y sus necesidades, y las mezcle con otras más actuales. Pero el asunto del perfil rebasa mis pretensiones actuales. Solo una última cuestión, que es la de la sabiduría práctica, la phronesis de mi querido Aristóteles: la racionalidad responsable, y en virtud de ella saber utilizar los medios adecuados para determinados fines. Y ahí radica el problema: los políticos han dado la espalda a la ética. Lo importante no es ni la ideología, ni la utilidad, ni la izquierda ni la derecha, lo importante es el Bien Común y tener cintura suficiente como para, sin dejar de hacer lo correcto, ni traicionar  los ideales ni dejarse llevar por las atrocidades pragmáticas, hacer en cada momento lo que corresponde. Es la antiquísima regla del término medio, tan denostada por muchos por eso mismo: por ser solamente antigua. La política tiene un trabajo ingente, no sólo sacar adelante a un país dentro de la crisis, sino la de ser capaces de crear espacios intermedios y sin extremismos. 




30 de septiembre de 2011

Un pared y enfrente otra pared

Se acercan las elecciones del 20N, ya se han disuelto las Cámaras, estamos en pre-campaña electoral, con todo lo malo que eso conlleva. Si a un político, hoy en día, es difícil escucharle una verdad, en campaña electoral es ya algo imposible. Se apodera de todos ellos un estado catártico, de sublimación física, de cambio de estado químico ¡tremendo! Pero claro, esta circunstancia no es de una sola cara; para que ese político sea así, tiene que haber una cruz: la ciudadanía y sus carencias críticas y educativo-culturales. La crisis económica sigue rugiendo poderosa y los partidos políticos y sus líderes se van a dedicar a destrozarse durante dos largos meses en vez de arreglar de verdad las cosas. ¿Es que no está claro que tenemos lo que merecemos? En fin, voy al grano con lo quiero decir hoy.

Las falacias, mentiras, manipulaciones y medias-verdades con la que los políticos trabajan en su día a día de dialéctica política, al final, recaen sobre la ciudadanía como un enorme cubo de basura fétida y hedionda. Lo que para ellos es su modus vivendi normal, su cotidianidad, para nosotros los ciudadanos son sacudidas de agitación y escándalo que provocan todo tipo de emociones negativas. Los políticos rara vez apelan a la cordura, al sentido común y la razón de los ciudadanos, solo quieren tocar la fibra sensible del Cromagnon que llevamos dentro. Sólo por eso tendrían que estar todos de patitas en la calle, porque se convierten en parte del problema y no en la solución. Y eso es otra cosa negativa más que hay que apuntar en el debe de la clase política española: el no serenar sino de disparatar más las cosas. Entre ellos se ponen a parir, a caer de un burro, pero luego son amiguetes de cuchipanda. Se critican por las ideologías y luego resulta que son todos unos burgueses bien pagados y llenos de privilegios. Pero la irresponsabilidad es que mandan a una pelea de perros diaria a todas las personas de calles de pueblos y ciudades. 
Llevamos semanas con un bombardeo tremendo acerca del Estado de Bienestar, sobre si unos son los mesías que lo fundaron y los otros los malditos diablos que van a dinamitarlos. O que si los angelitos que lo defienden no son tan buenos y los otros quieren renovarlo. Mucho bla,bla,bla y nadie coge el toro por los cuernos. El problema está en que ninguno de los grandes partidos, sus ideólogos y sus líderes quiere una solución verdadera,lo que quieren es ganar. Me explico...
Cada una de las ideologías que existen, de aquí hasta Alaska, han creado toda una mitología y una narración basada en 3 núcleos concéntricos que tienen que ver con el hombre, la sociedad y el gobierno. ¿Qué es el hombre? ¿Cómo es la sociedad? y ¿Cómo se gobierna al hombre en esa sociedad? La respuesta y desarrollo de esas tres grandes preguntas es la carne que conforma cada ideología. Y como hay varias respuestas a esas preguntas hay varias ideologías, y como hay muchos tipos de personas, éstas se agrupan en torno a esas ideologías en los distintos grupos o partidos políticos. Cada ideología, cada partido, se cree en posesión de la verdad y que su definiciones son la verdad más absoluta e irrebatible, y las medidas que toman como emanan de esas verdades son las correctas. Por eso cuando uno ve cómo dos políticos hablan en las tribunas y mítines o cómo los opinólogos discuten en las tertulias, parecen un diálogo de besugos o un diálogo entre dos paredes. Hablan mucho pero son incapaces de convencerse los unos a los otros, lo que les importa de verdad, no es la verdad, ni la coherencia, ni el sentido común, ni el buen funcionamiento de las cosas, sino de ganar de imponerse en el mayor número de espectadores o de votantes que están viendo semejante espectáculo.
Yo soy un defensor de las construcciones de mitologías y arquetipos de todo tipo, bien sean númino-religiosas, simbólico-culturales y también las político-ideológicas. No hay un problema en ese tipo de narración tan nuestra, que nos define como seres humanos. Y que además, haya pluralidad y multiculturalidad en esas construcciones. La cuestión es que en tiempos tan poco bonancibles hay que salir del boquete que crees que es la verdad y encontrarte con el otro, que también ha salido de su boquete, para tratar de solucionar la situación, que es tan rotunda que no hay ideología ni partido que pueda acallar su tronar. En tiempos poco catastróficos uno puede permitirse el lujo de responder ideológicamente a un argumento ideológico, es una chorrada tremenda pero así son los  políticos, es su quehacer diario. Uno dice que esto es así porque en su catecismo político dice que tiene que ser así, y el otro le contesta que no, porque en su catecismo político dice que tiene que ser que no. Y se quedan tan panchos... ¡tócate los...! No confrontan con la realidad, ni con el día a día, ni con la gente de la calle, manipulan como les viene en gana lo datos objetivables de los técnicos, etc. Pero cuando lo que está en juego no es la medida de sus inteligencias ni sus capacidades, sino la vida de tantas personas, tendrían que esforzarse mucho más, y dejar de usar los prejuicios de siempre, los argumentos manoseados durante décadas, las ideas simplonas como si la gente fuera tonta, lela, estúpida o las tres cosas. Tienen que dejar de ser parciales y sectarios y hacer que esto funcione buscando el bien común y no los réditos electorales. Para eso se les eligió y se les votó. Cuando el río vuelva a su cauce, que ellos también vuelvan con sus diatribas, a sus imposturas, a sus escenificaciones tragicómicas, al histrionismo de cine mudo, etc. 
La última vez que ocurrió algo así fue después de la tragedia de la 2º Guerra Mundial y el mundo político y social aceptó por bueno el keynesianismo que dio como fruto el Estado de Bienestar que ahora está exhausto. Es hora de buscar un punto en común, por pequeño que sea, y si Arquímedes tiene razón mover al mundo empujando todos sobre el mismo.


19 de septiembre de 2011

El Pórtico y la Rueca

  En medio de un descampado descomunal había un Pórtico de piedra antigua desgastado por el paso del tiempo. Estaba allí  en medio, como arrojado al azar, en medio de ninguna parte, o quizás en el meollo de todo lo que existe, quién sabe. Hay cosas en esta vida que están ahí y nadie sabe bien el cómo y el porqué. En la parte de arriba, grabada sobre la roca podía leerse Moira. Delante del mismo se disponía una cola de personas que silenciosas aguardaban su turno para ponerse delante de la rueca. Junto al pilar izquierdo del Pórtico, una mujer de venerables canas tejía en silencio con una rueca.
A pesar del gentío solo era audible el traqueteo regular y armonioso del pedaleo de la anciana. El páramo que admiraba semejante procesión humana arrojaba a la vista de aquel que quisiera girar su mirada un espectáculo sin par de colorido floral. Todos los colores que la paleta de la naturaleza pudiera alguna vez siquiera mostrarnos, estaba allí presente. La cosa era que toda aquella compañía de personas andaba lentamente y cabizbajos, como muy preocupados por algo, tanto, que ni siquiera levantaban la vista para ver lo que había alrededor. Realmente parecía una procesión de islas independientes, alejadas unas de otras por mares profundos.
La abuela que movía la rueca, sin embargo, no tenía la cabeza gacha, ni la expresión cejijunta por la preocupación o el miedo, como todos los que se presentaban ante ella. Su rostro plagado de arrugas profundas parecía más un mapa lleno de ríos y montañas, tan bien trazados que nadie podría perderse al seguir sus pasos. Y la mirada, que penetraba como un estilete a todo el que la miraba, era de una oscuridad tenue, de esa clase que no da miedo sino curiosidad. Ese impulso que te hace que te preguntes que habrá ahí detrás, escondido, ocultado por la suave negrura.
Cada uno de los individuos que llegaban hasta el tramo final de su viaje y se enfrentaba a las profundidades de los ojos de la anciana caían, de repente, como en un despertar. Y la lucidez se apoderaba de ellos. La serenidad aparecía en sus gestos. Algunos sonreían. Otros miraban anonadados el majestuoso entorno por donde habían deambulado. Otros derramaban lágrimas de felicidad, mientras atravesaban el Pórtico en un pequeño pero deslumbrante destello de luz. Muy de vez en cuando, la hilandera se dirigía hacia alguno de aquellos viajeros para hablarles. Y su voz, debía impactar en lo más profundo de aquellas trémulas ánimas hasta el punto de devolverles la fuerza que habían perdido.
Durante eones el Pórtico, la hilandera y su rueca han estado allí, como allí han estado también el paisaje colorido de la Naturaleza viva, y el incesante tráfago de personas que, una detrás de otra, se dirigen a la eternidad, al Aídion que espera paciente tras el Pórtico. Pero hoy, estamos aquí para contar una pequeña historia, una más de las muchas historias que cada día se suceden en aquel lugar sin tiempo, en aquel tiempo sin espacio.
El hombre llevaba caminando un buen rato, un buen trecho en el que miraba al suelo y sólo veía los dos profundos surcos por los que movía sus pies. Eran como dos rieles en los que estaba encajado. Pero aquello no le preocupaba. Era otra cosa, era otra idea más vaga e imprecisa que rondaba por su cabeza pero que no era capaz de materializar en imágenes, o sonidos. Y andaba y andaba y se esforzaba por sacar del fondo de su pensamiento aquello que le afligía y que a cada paso entristecía más y más su corazón.
La cola se extendía por delante y por detrás. Ensimismado como estaba en sus cuitas, no oía el traqueteo de la máquina de hilar, ni el imponente monumento de piedra al que se acercaba, ni las flores y arbustos que sí lo miraban a él, y a todos los demás. Tampoco se percataba de las otras personas que recorrían el mismo sendero clavados a los mismos surcos. A fuerza de recordar, de exprimirse el alma, le venían a la cabeza algunas breves imágenes, cortos trozos de vida que no lograba recomponer.
Pero hete aquí que llegó su turno. Que acabó el sendero y los surcos excavados por las pisadas. Subió lentamente un par de pequeños y breves escalones. Y allí en el suelo, había escrito un oráculo: ‘si quieres saber sólo tienes que levantar la mirada’. ¡Vaya! Así sin más… Y cómo sabe este suelo que vengo dándole vueltas a la cabeza, pensó nuestro hombre. Tendré que levantar la cabeza, musitó en voz baja… Y lo hizo…
Una especie de pedrada golpeó por el adentro del pensamiento de nuestro hombre, y lo que antes era oscuridad empezó a convertirse en luminosidad. Lo que antes era un tartamudeo de pensamientos inconexos comenzó a convertirse en una enorme cadena de vivencias y sentimientos que poco a poco iba llenando su mente y su corazón. Y entonces, en el regocijo que sentía por aquella turbulencia mental miró a los ojos que le estaban mirando. Y la vio, la contempló… claramente, sin atisbo alguno de error, equivocación o locura… era el rostro de su madre, que pacientemente esperaba que se fijara en ella.
Y entró por aquella profunda oscuridad tenue de su mirar, y no se perdió, sino que se encontró a sí mismo recordando con facilidad pasmosa todo aquello que antes trataba de recordar mientras caminaba. Y miró a su alrededor y sí que vio los mil colores que se extendían más allá de lo que su vista le dejaba ver. Y recordó de pronto lo que disfrutarían por allí correteando su perros, corriendo en libertad tras alguna que otra presurosa mariposa. Y volvió a deleitarse con aquel amado y añorado rostro para volver a perderse en su mirar. Perderse para encontrarse, una vez más. Reencontrarse con el amor de su vida, con el ángel que cuidó de él hasta el final de sus días. Un estallido de emociones y vivencias que le recordaron que los buenos momentos no se pierden, que el amor verdadero no te abandona nunca, y que te siguen, incluso a la eternidad. Recordó, a continuación, dos rostros infantiles. Dos soles que comenzaron a irradiar luz y calor a su corazón mientras giraban. Una sonrisa rotunda marcó su rostro. No había otra forma de saludar el recuerdo de sus hijas amadas, que la más sincera de las sonrisas. Un gesto tan sencillo como ese encierra kilates de orgullo, amor y felicidad. Incluso, pudo ver, más bien atisbar, un pequeño resplandor que pululaba alrededor de una de ellas. Todo aquello llenó de gozo su corazón. Recordando todo aquello olvidó lo que le preocupaba. ‘Has hecho muy bien todo aquello que te correspondió hacer, hijo mío’… le dijo la anciana de la rueca.
Y hubo más recuerdos aquel día. Rostros de hombres y mujeres, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas, personas con las que había compartido los momentos de su vida. A las que entregó lo mejor de sí mismo y de los que recibió lo mismo que entregó. No hay dudas, no hay ni siquiera un pequeño resquicio para la indeterminación. Aquel hombre era, es y será siempre, y por siempre, una persona amada y querida por los suyos, por su gente. Que su presencia nunca caerá en el olvido, que aunque la vida siga su curso por los vericuetos ruidosos del día a día, siempre habrá un momento de pausa para que un recuerdo se acuerde de él.
Cuando las dudas se convierten en seguridades. Cuando el temor se transmuta en paz. Cuando el sufrimiento da paso al sosiego. Quietud… sólo hay quietud. Cuando el solemne momento del porvenir se hace claro y nítido y se acerca nuestro destino, asumimos con serenidad lo que nos corresponde. Lo que hicimos mientras vivimos deja un surco profundo en la eternidad que nos espera, dicen los sabios de distintos lugares. La bondad y el buen vivir, a pesar del sufrimiento final, no son cuestiones menores; al contrario, es eso lo que deja auténtica marca en el éter cósmico que nos acoge a todos. Tiene que ser lo bueno y lo mejor lo que quede en nuestra memoria, y no el sufrimiento sufrido que fue vano e insensible, que no supo ver en el corazón de un buen hombre. El amor que diste, el sentimiento que dejaste tras de ti sobre los que te rodearon marcan la diferencia, y dejan un hondo poso. Porque son muchas las personas que lloraron tu pérdida, y muchos lo que te echaran de menos, muchos lo que añorarán tus consejos y tu fin ironía. Demasiados, quizás, los que sentirán un vacío que no se puede llenar. Cuando todo eso ocurre, cuando tantos añoran a uno sólo es porque ese uno sólo fue un persona remarcable que merece, sin duda, su puesto en la eternidad.
La anciana toma de nuevo su asiento ante la Rueca, junto al Pórtico, en medio de aquel paraíso colorido. Ya no hay nada que le preocupe. Ni existe un pequeño atisbo de lo que le entristecía. Otro rostro familiar se acerca a su lado. Es un niña pequeña con coletas y cara de no haber roto un plato en su vida que lo toma de la mano. Estamos juntos como siempre hermano. Vamos…

PD: Dedicado a mi tío, Bombero y mejor persona... cuida de todos nosotros allá donde estés...

15 de septiembre de 2011

El mundo moderno extiende cheques que nuestra vida no puede pagar. 
He tomado esta frase de la película 'La Chaqueta Metálica' de Kubrick, para cambiarla al pairo de algo que me ha ocurrido muy recientemente. 

11 de septiembre de 2011

11/09/2011

Mi homenaje a New York, capital del mundo, diez años después de la tragedia.

1931

Tributo

Skyline

Apaga la música de ahí al lado... vas a escuchar a Sinatra...

9 de septiembre de 2011

Theoria

   Si me hubieran dado un euro en cada ocasión que alguien me preguntaba ¿para qué sirve estudiar Filosofía?... ahora tendría amasado un buen capital para darme un caprichito... jejejeje...
   Y es que claro, todos los que me lo preguntaron, no los critico por supuesto, creo que entienden la vida como un lugar en el que hay que hacer cosas, un sitio donde sólo hay lugar para las actividades prácticas y materiales, que luego pueden ser valorizadas concretamente, especialmente por la monetización. En el propio verbo que usan para preguntar ya va implícito su juicio, dicen 'servir' como entendiendo que es algo poco provechoso. Y claro, una cosa como la Filosofía no entra mucho en esos parámetros.
   Yo creo que es uno de los signos característicos de nuestro tiempo, donde la técnica y lo instrumental, por una lado, ha apartado a la última esquina a las humanidades y a las cuestiones menos tangibles, y por otro, el vertiginoso ritmo en el que vivimos hace que el ritmo lento y pausado del pensamiento crítico sea algo insoportable o difícil de entender. No está de moda estudiar algo que no te va a reportar una buena suma de dinero, o un puesto de trabajo prestigioso.
   Este asunto viene de lejos, no es nuevo. Los griegos lo llamaban Theoria. En la Modernidad, una teoría es un conjunto de leyes que explican determinados fenómenos. Nada que ver con los pensaban los griegos del 500 a. C. En quel tiempo hacer teoría era una cosa que estaba bien visto y era útil para la sociedad. Para aquellos hombres era la contemplación autoconsciente, gratuita y no instrumentalizada, ni subordinable a otras instancias de lo eterno, de la Physis y del Kosmos. [Que conste que lo que entendían los griegos por eternidad, naturaleza y cosmos dista mucho de lo que se entiende hoy en día] Actualmente se dice hacer las cosas 'por amor al arte'. No hay un motivo ni de utilidad ni de instrumentalización para pensar sobre la realidad, el ser humano, la eternidad, etc... Se hace por la belleza profunda que hay en todas las cosas, por el valor interno no monetizable de todo lo que nos rodea. Yo estudié filosofía por todo eso. Pero entiendo que es difícil de entender hoy en día, máxime si rige la norma del 'tanto tienes tanto vales'. 
   En aquel tiempo lo bello era una categoría importante, lo kallistón dicho en griego homérico. Aquellos hombres pensaban que lo que estaba hecho y engendrado por la mano del hombre, lo manufacturado, lo que era útil y servía para vivir, que salía de la virtud Techné (de ahí viene lo técnico) tenía una belleza menor o secundaria. Lo verdaderamente kallistón, para los griegos, era lo que surgía por su propio impulso ya ordenado y proporcionado, la espontaneidad autolegislada, del kosmos y la physis, lo que se autoengendra y está en su máxima plenitud sí que es lo más bello. Los escultores y los arquitectos de aquel tiempo, por ejemplo, trataban de emular aquella primigenia belleza en sus obras con la proporción áurea. Euclides, matemático griego, fue el primero que definió este número.
   Y el filósofo era el encargado de contemplar todo lo kallistón que hay en el kosmos, y con eso llegaron a ser figuras de importancia y prestigio en aquellos días. Entre otras cosas porque en aquellos tiempos lo contemplativo era una acción fundamental en las poleis (plural de polis), contemplar era un verbo que denotaba acción y esfuerzo, sacrificio y compromiso, porque de sus contemplaciones y pensamientos salían cosas de gran utilidad en la vida diaria de los ciudadanos. Hoy en día, se ha generado una contraposición entre lo contemplativo y lo activo, lo contemplativo ha sido reducido a lo inútil, lo especulativo ha sido tergiversado a lo inexacto y contemplar lo bello es para los psiquiatras el 'síndrome de Stendhal'.
   Hay una larga historia que lleva desde la concepción favorable de la contemplación en la Antigüedad clásica hasta la concepción negativa de nuestros días, en donde se haya convertida en algo pasivo, propio de flojos, vagos o de gente con mucho tiempo libre. Hay un magnífico libro de una mujer, una filósofa alemana de mitad del s. XX, llama Hanna Arendt que se llama 'La condición humana' donde explica todo esto y más.

7 de septiembre de 2011

Y yo que te di la vida vengo ahora a quitártela

Estamos en la posguerra. La II Guerra Mundial tiene devastada a Europa por completo. Son muchas cosas las que hay que reconstruir, no sólo los edificios y las fábricas. El trabajo es arduo y prolijo. No sólo había que reconstruir físicamente a las naciones, además se tenía que reconstruir lo abstracto, lo intangible, lo que habita en las mentes y los corazones de las personas, como por ejemplo el ánimo y la moral de las personas, también devolver la esperanza de un futuro mejor lejos de las masacres, que cicatrizaran las devastadoras heridas del nazismo, etc. También había que reconstruir las ideas y cómo estas trazan la organización de las personas en la comunidad, o sea, la política. En la posguerra también se reconstruyen las ideologías, los partidos políticos y la política.

       Esa reconstrucción se hizo pensando en los destrozos que causó la guerra con lo que cierta cortesía y educación entre las dos grandes líneas de pensamiento nunca faltó. Algunos expertos llamaron a ese tiempo el fin de las ideologías, había tanto que hacer que no había tiempo que perder en estúpidas luchas sobre ideas, bastante conflicto habían tenido ya como para volver a discutir por sandeces. Y se pusieron manos a la obra.
       De aquel tiempo, y gracias especialmente a la socialdemocracia, surgió un grupo de ideas y acciones que buscaban lo mejor para el mayor número de personas. Es lo que hoy conocemos como 'Estado del Bienestar'. El núcleo de la cuestión era muy sencillo y se ajustaba con lo que aquel tiempo-espacio requería. El Estado asume la responsabilidad de procurar la asistencia económica (prestaciones sociales) a la sociedad, prestando una atención especial a determinados grupos desfavorecidos bien por su edad, bien por motivos de salud o bien por estar desempleados (subsidios por desempleo). El Estado reconoce como derechos determinados servicios sociales como son la educación, la sanidad, las pensiones, el acceso a la vivienda, el pleno empleo, etc. Aquel sistema funcionó y 3 décadas después la Europa devastada ya estaba reconstruida y siendo importante en el mundo. En algunos lugares como los países nórdicos la cosa resultó incluso excepcional. Y la Alemania que fue reducida a escombros ya era una máquina de nuevo.
       Uno de los más graves problemas del éxito es morir de éxito. Y al Estado de Bienestar parecía estar esperándole ese problema al final del s. XX. Con la modernización de Europa se dieron cita un gran número de circunstancias que lo pusieron, y lo están poniendo, al borde del abismo. Aquí no suele haber acuerdo porque cada uno de los puntos de vista apunta hacia un lugar y un culpable y como ahora sí hay conflicto y agresividad entre las ideologías, la cordialidad y los acuerdos se hacen difíciles, casi imposibles. Yo me centro ahora en sólo dos de esas circunstancias que cité arriba.
       La primera tiene que ver con la conversión del ‘Estado de Bienestar’ en el ‘Bienestar de la clase política’. Cuando la política se hizo imprescindible en la Europa que se reconstruía, los políticos, individuos de carne y hueso como el resto, decidieron que por su labor de gestión de la vida real, tendría que gozar de una serie de privilegios de los que no podían gozar el resto de los mortales. El modelo ya estaba creado, el sistema de castas de la India y el Hinduismo, ellos lo que hicieron fue adaptar la casta de lo brahmanes para la vida europea. Así se ha montado casi de la nada una auténtico linaje de seres humanos que gozan de una serie de prebendas y privilegios que la separan por completo del resto de seres humanos. Nacen, viven y muere allí dentro. Antes eran un puñado, ahora son una caterva. Ellos nos ven vivir a los demás y luego interpretan qué es lo que nos pasa. Han perdido el norte pero viven a cuerpo de Rey. Y resulta que mantener este extenso y lujoso linaje, esta casta, esta clase especial de seres humanos le cuesta al ‘Estado de Bienestar’ un dineral todo los años. Porque no sólo lo es lo mucho que gastan y lo caro que es mantenerlos, el problema son sus ocurrencias, que cuestan muy caras, allí en medio de Castilla La Mancha hay un aeropuerto vacío que dice que tengo razón. Pero como ellos están al timón se creen que son imprescindibles y que si hay que recortar nos recortan a los demás, ellos siguen a lo suyo. Este es la primera puñalada mortal que recibe el ‘Estado de Bienestar’. Ahora la segunda…
       El segundo problema llegó cuando algunos pensaron que el ‘Estado de Bienestar’ no tenía que tener límites ni mecanismos de control. Craso error… La sensatez, el sentido común, la mesura, la cordura, la previsión, son una serie de virtudes que determinados políticos no tuvieron en cuenta. Su error está siendo de proporciones mayúsculas. Si tú conviertes el ‘Estado de Bienestar’ en una auténtica barra libre donde todo el mundo que quiera puede meter mano, lo normal es que el oasis se termine secando. Es tan sencillo como que ahora hay mucha más población, el dinero no cae de los árboles ni los recursos son ilimitados. La demografía se dispara y los recursos y el dinero tiene un límite que no puede, ni debe, traspasarse. Pues bien, algunos han llevado el límite más allá de lo saludable, de lo permisible. Porque no contaron o no quisieron contar con los efectos colaterales del ‘Estado de Bienestar’. Lo que es de todos no es de nadie, nadie se preocupa de cuidarlo, nadie se preocupa de que no se abuse. Los políticos en lo suyo y no se preocuparon de educar a la gente a usar con cordura los recursos públicos. Nada más que hay que ver cómo están los Hospitales… hasta las trancas. Pero no solo eso, el ‘Estado de Bienestar’ provoca en mucha gente un estado mental de acomodamiento. Como papá gobierno me lo da todo, pues yo no pego un palo al agua. La gente deja el espíritu de sacrificio, el espíritu de riesgo y de emprender. Deja de esforzarse por conseguir cosas por él mismo. Se ha construido una sociedad de inválidos sociales a la espera de que el gobierno solucioné todas las cosas de la vida. Pero es que hay más… este ‘Estado del Bienestar’ ya demacrado por la gente que no cuida lo que es común, y que no se esfuerza por salir adelante con independencia y libertad, hay que sumar a los gorrones, a los caraduras, a los que finjen… Así de claro, hay mucha gente de esta calaña. Y como no hay mecanismos de control eficientes que marquen la línea de quién necesita ayuda y quién no, pues se convierte en una hemorragia. Pero hay una cuarta plaga que asola al ‘Estado de Bienestar’ y se llama subvención. Lo que comenzó siendo un auxilio o ayuda al que lo necesitaba se ha terminado convirtiendo en un auténtico despropósito. Ahora se subvencionan la cosas más peregrinas… todo ese dinero que se pierde en muchas estupideces es dinero que luego falta para colegios, hospitales y gente con problemas.
       Pero la gente no es la que ha quitado los límites, la gente no ha quitado los mecanismos de control, la gente no derrocha el dinero en sandeces, la gente no ha destruido el sentido común. Han sido los políticos, los mismo que crearon ese magnífico mecanismo llamado ‘Estado de Bienestar, son los mismos que ahora lo está asesinando. Ellos le dieron la vida, pero no tiene derecho a quitársela, porque no les pertenece. ¡Insensatos!. 


3 de septiembre de 2011

Queremos que nos digan lo que queremos oir

Desde hace mucho tiempo hay un asunto que me viene dando vueltas en la cabeza respecto a cómo los medios de comunicación de masas en nuestro mundo moderno, prensa, radio y televisión, toman claramente partido por una determinada vertiente política, e inclusive llegan a apoyar claramente a una determina ideología y partido político. Ahora, con las elecciones generales tan cerca, este asunto salta a la actualidad de nuevo. La respuesta es que la gente no demanda objetividad, la gente quiere que le den la información ya sesgada o girada en el sentido político que a cada individuo le gusta o se siente identificado. No hace mucho leí un ensayo de dos Profesores de Ciencia Política norteamericanos (*) que dan una posible explicación de este fenómeno desde en el paradigma del 'Comportamiento Político' o 'Behaviorismo'.

La investigación del comportamiento político de los individuos es un paradigma intelectual de gran peso específico en la politología moderna. Actualmente, el campo más importante de estudio es cómo la ciudadanía de las sociedades democráticas se relaciona con el voto: el contexto de los votantes individuales. Y dentro de este asunto, está la subtemática del impacto e influencia en el votante de los medios de comunicación de masas. 
El entorno social ofrece a los individuos toda suerte de información política; a la que nadie escapa, además. Así, el flujo de información procedente del entorno queda más allá del control individual de los ciudadanos. ¿De qué manera manejan y aceptan la información los individuos? Los ciudadanos, en general, nos dejamos influir por nuestras preferencias políticas. La gente selecciona fuentes de información sobre la base de sus propias preferencias, con lo que quiere, o le resulta más útil y provechoso, obtener información sesgada proveniente de la vertiente política que profesa o con la que se sienta más cómodo, o la que entiende que es mejor, etc. Ahora bien, ¿qué ocurre con el ciudadano independiente, el que no opta por vertiente alguna, el que quiere información objetiva que le ofrezca conocimiento acerca de la política? Esta minoría, cada vez más minoritaria, se "complica" la vida buscando mucha información para contrastar. Y ¿qué ocurre con los ciudadanos que todavía carecen de preferencias para alcanzar un criterio de selección? Cada individuo quiere elegir las fuentes de información que coincidan con su preferencia política pero ¿cómo podrá elegir lo que prefiere si no tiene una información adecuada sobre las posibles preferencias que existen para poder, luego, elegirlas? Ahí está el auténtico campo de batalla entre los medios para atraer a todos aquellos que comienzan a tener una idea de lo que es la política.
En la amplísima oferta de medios de comunicación existen, en relación con lo que nos ocupa, dos grandes variantes: la prensa partidista (está a favor de unos), cada vez mayoritaria y la prensa adversa (es crítica con todos) cada vez minoritaria, por supuesto sin entrar a valorar la profesionalidad de los medios, que damos por supuesta. La primera ofrece un sesgo o, dicho de otro modo, un compromiso particular hacia una determinada vertiente política. La segunda adopta una posición adversa y crítica frente a todas las posibles vertientes de la lucha política. Cuando un individuo se enfrenta a una decisión política, el voto, y busca información para poder decidirse intenta que esa información le ayude a decidirse pero no dificultándole, sino facilitándole de su decisión (reduciendo los costes es el concepto técnico y teórico). Por eso un medio de comunicación sesgado hacia la vertiente que defiende sus preferencias personales siempre será más útil y relevante para el individuo que va a decidir, que otro que tenga una posición adversa. Además un ciudadano típico tiene un límite en la cantidad de información que puede utilizar en sus juicios políticos, con lo que un medio de comunicación excesivamente crítico que multiplique el número de temas políticos tratados o bien los llene de contenidos prolijos y técnicos, tampoco será visto por el individuo como útil, y no lo usará para ayudarse en su decisión.
Los medios de comunicación conocen este modus operandi del comportamiento de la gente, por eso las líneas editoriales son tan claras y tan sesgadas, tan comprometidas con uno y otro bando, para que el gran público que quiere las cosas bien mascadas y sin complicaciones, sepa quién juega a favor de quién, y busque la información donde sabe que le van a contar las cosas que quiere oír.


(*)Edward G. Carmines. Universidad de Indiana & Robert Huckfeldt. Universidad de California, Davis
Nuevo Manual de Ciencia Política. Editorial ISTMO. Madrid 2001