1 de febrero de 2012

Miscelanea tubulenta de pensares (2ª parte)

- Se llamaba argumento del ‘tu quoque’ para los clásicos o 'consequentia mirabilis', como la llamaban los lógicos medievales. Para nosotros es la contradicción performativa. Si no queremos hablar de algo no abrimos la boca y punto, pero si empezamos a decir que no hablamos de ello entonces ya estamos hablando de ello aunque sea para decir que no hablamos de ello. Es una contradicción lógica, que fue descubierta hace un puñado de siglos. El Sr. Guardiola debería saber esto, se ve que es un señor inteligente y no lo tendrá a mal.
- Cuando el subconjunto formado por los que no saben perder dignamente, se solapa con el subconjunto de los que creen poseer la verdad por castigo, y se unen al subconjunto de los que creen tener el privilegio de ir entregando los carnets de demócratas según barrunte la brisa, se monta un guirigay de padre y muy señor nuestro, escasamente edificante para las generaciones futuras. 
- Cuando la Reina de blancas o el Rey de negras termine de ganar esta mano comenzarán los tiroteos en la trinchera. Vientos de guerra se proclaman a los cuatro vientos. 
- ¡Triste de ti!, cazador cazado, títere manipulado, manipulador de títeres. Es posible que seas inocente, no seré yo quien te acuse, pero no eres, desde luego, un pequeño desvalido al que persigue las sombras de la noche y que necesita la ayuda de los desfacedores de entuertos. 

27 de enero de 2012

Recuerdo


Tal día como hoy, pero en 1945, el ejército ruso llegaba hasta las puertas de un Campo de Concentración que los nazis habían instalado en Polonia. Un lugar llamado Auschwitz-Birkenau. El Horror, así con mayúsculas. Adorno, un filósofo alemán, llegó a decir: nach Auschwitz ein Gedicht zu schreiben, ist barbarisch. Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie. Pienso que esta es una de esas cosas de las que no hay que olvidarse.
Webs de la ONU con información:
 Web del Yad Vashem (Museo de Historia del Holocausto) en español:



24 de enero de 2012

37-77

El último relato breve que he escrito. ¿Qué ocurriría en el mundo si pasara lo que nunca nadie jamás pensó que podría pasar? Cada cuál pone su propio final.

Benítez Rubio, Fco. Javier - 37-77

22 de enero de 2012

Recordar y olvidar

Suele decirse que el tiempo todo lo borra. Más exacto sería afirmar que el tiempo todo lo difumina. Siempre permanece la marca del dolor, pero el paso de los días la desdibuja, le confiere un carácter borroso. Los humanos sobrevivimos gracias a la fragilidad de nuestra memoria. Una persistencia viva y acuciante del pasado enervaría nuestra fuerzas de cara al futuro. 

Hay quien puede recordar hasta el más insignificante de los detalles, hay quien puede vaciar su mente y olvidarse incluso a sí mismo. Estos son casos extremos. Las personas que lo olvidan todo, están enfermas para su desgracia, la demencia senil o el Alzheimer, provocan el vaciado progresivo de sus mentes. Las personas que quieren acordarse de todo, generalmente, lo hacen por ánimo de venganza. Personas cuyas taras vitales impactan en su alma de tal modo que se convierten en ordenadores minuciosos de los crímenes que no perdonan. Ni unos ni otros son considerados normales por el vivir corriente y moliente del día a día. 
En medio del blanco y negro, encontramos un inmenso gradiente de grises. De Fraijó, uno de mis maestros en esto de la filosofía, he aprendido que recordar las cosas es una obligación imperativa y olvidar una necesidad perentoria. Pero entre la espada y la pared ha de encontrarse el equilibrio particular de cada uno. Recordar es sufrir, olvidar es dejar de hacerlo. Olvidar es una injusticia que se enmienda con el recuerdo. Recordar es negar el futuro arrojándose al pasado y olvidar es ignorar el pasado para darlo todo por el futuro. El equilibrio está en  un presente que contenga la dosis justa de recuerdo y de olvido. Si uno se preocupa de rememorar el pasado constantemente corre el riesgo de que el peso del drama te paralice o termine bloqueando la posibilidades que pueden abrirse en el futuro; y seas incapaz de sentir la felicidad, o que la cordura termine siendo aniquilada por el rencor. Si uno se preocupa de olvidar todo el pasado, evita todo el dolor, apostándolo todo al futuro sin mirar atrás; la felicidad te alcanzará pero a un coste muy injusto, por el deplorable ejercicio de insolidaridad con las víctimas sufrientes del pasado.
El equilibrio entre una posición y otra, vivir el presente en el presente, y no en el pasado ni el futuro, es una actividad muy difícil, que requiere un constante esfuerzo emocional y racional. No es un simple colocarse aquí y ahora, es estar constantemente ejercitando la mente para discernir y discriminar lo justo de lo injusto, lo posible de lo imposible, lo aguantable de lo insoportable. Un auténtico tour de force, que muchos no están dispuestos a realizar... así que olvidan y sólo olvidan unos, y recuerdan y solo recuerdan otros. Por voluntad propia deciden irse a uno de los extremos. Cada vez queda menos gente viviendo en el esfuerzo del equilibrio, en el esfuerzo del propio esforzarse, en recordar y en olvidar la dosis idónea para poder vivir con uno mismo y en el mundo con dignidad. 

14 de enero de 2012

Lo humano y lo inhumano



Una de las obras maestras de de Don Miguel de Unamuno, 'Del sentimiento trágico de la vida', comienza haciendo referencia a una célebre frase de un autor latino llamado Terencio. Dice así:
"Homo sum: nihil humani a me alienum puto, dijo el cómico latino. Y yo diría más, nullum hominem a me alienum puto".
La célebre frase se traduce como sigue, 'Soy hombre y nada humano me es ajeno', pero Don Miguel matiza diciendo que 'Soy hombre y a ningún otro hombre estimo ajeno". Es la solemne proclamación de la verdadera hermandad de los hombres de carne y hueso.
Yo, a Don Miguel lo quiero como si fuera de mi familia. Lo conozco, a través de su obra, pero no lo he tratado nunca. Hay gente a la que se quiere, pero a la que no se ha conocido ni tratado nunca. Es la humanidad que tenemos, esa humanidad que nos convierte en seres excepcionales. Como a Marta, como a los padres de Marta. Se les quiere y aprecia sin conocer nada de su vida. Se les quiere por el sufrimiento, por el padecimiento, por la rabia de la injusticia. Por la entereza, por el afán de lucha, por intentar salir del pozo de la pena y la angustia. Es un amor egoísta el mío, tal vez. Les quiero porque lo que les ha pasado a ellos les podía haber pasado a cualquiera de nosotros. A mí mismo, a mi hermana, a mis hijos. Y como nada de lo humano me es ajeno, no me es ajeno el sufrimiento terrible de la niña aquel día. Ni el sufrimiento de los padres desde entonces. Ni me es ajena la justa rabia por la injusticia perpetrada por las leyes esta semana que acaba. 
Pero de algún modo hay algo aquí que retumba por dentro. Precisamente Don Miguel enseña como nadie que lo humano es contradictorio. Por eso, junto a lo humano que nos convierte en seres excepcionales, está la humanidad del monstruo, conviviendo día a día, chocando y destruyendo a su paso todo lo bueno que somos capaces de construir. Ahí están los innombrables. Humanos pero innombrables. Ellos son los sin nombre. Para mí, en esta mi casa, mi blog, no tienen nombre, ni figura, ni rostro, ni voz ni voto. No les niego su humanidad, les niego la capacidad de humanizarse mediante su nombre. Son los innombrables, las Erinias de la Grecia antigua, las diosas de la venganza y la sangre. Ellos, todos, en lo más deleznable de su humanidad, le negaron a Marta lo más humano de su humanidad: la vida. Ahora nosotros, todos, ahítos de sufrimiento, debemos apretar los dientes y tratar con humanidad a quien no dio humanidad. Ser racionales y mantener la calma. Y no ser como ellos, no convertirnos en Erinias vengadoras y cruzarles el alma con lo primero que se pille a mano. No perder el rostro, ni la voz. Ha de existir una diferencia, un salto entre la humanidad que nos humaniza a nosotros que sufrimos impotentes y esos innombrables. No hay hermandad posible entre los monstruos innombrables, sin rostro ni voz, y nosotros. No la hay, no puede haberla. Ese nombre, Marta, es y será, para muchos, más que un nombre, una voz o un rostro. Será el símbolo indeleble de la humanidad maravillosa que somos y que corre tanto peligro ante la sangre y la venganza de los sin rostro, de los sin nombre. Los humanos sin humanidad. Y no podemos ser como ellos. Pero no sólo corremos peligro ante los innombrables. Resulta que la humanidad no ha encontrado un aliado en el lugar esperado. La ceguera.
Porque esto no queda aquí. Esto no termina aquí. Porque el quebranto que la humanidad innombrable ha infringido sin misericordia sobre Marta, sobre su familia, ha sido posible gracias a una ceguera. Y que me perdonen los ciegos y los sordos por usar esta metáfora. Hay quien no quiere mirar a la cara de los que tienen rostro, hay quien no quiere mirar a la cara de Marta, de su familia. Hay quien no quiere escuchar la humanidad de un llanto y un legítimo grito de auxilio. Hay una humanidad que no ha querido darle humanidad a Marta. Una humanidad ciega que antepone su ceguera a su humanidad. Una humanidad que antepone la sordera al auxilio, al socorro de la víctima. Yo soy sanitario y tengo el deber inexcusable de auxiliar al enfermo, al que sufre enfermedad. El ciego, el sordo, sus relucientes togas, sus magníficos tronos, sus mazos contundentes, su ceguera, su sordera no han socorrido al menesteroso, al necesitado, al débil, a Marta. Es la ceguera, la sordera inhumana que ningunea a la humanidad. Sostiene impasible su balanza mientras a sus pies se sufre hasta la muerte. ¿Cómo podemos ser hermanos de estos ciegos y sordos? De los que no quieren mirar con humanidad, de los que no quieren oír con humanidad, de los que no quieren razonar con humanidad. De unos humanos que pudiendo ser humanos no han querido serlo y han decidido ser ciegos y sordos. De los que han terminado por favorecer a los innombrables. ¡¿Cómo?! Nada de lo humano me es ajeno. La ley no es humana por eso la humanidad no le interesa. Nada de lo legal me es ajeno, dirá la ley. La ley está en la cabeza de los ciegos y los sordos. Son como unos robots, son unas máquinas, unos mecanismos, que actúan inhumanamente, como la ley inhumana ciega y sorda, como la letra escrita por unos políticos estúpidos. A los humanos, a los que miramos, a los que tenemos voz y rostro, nos juzgan unas máquinas, sin visión, sin oído, sin tacto, sin emociones ni sentimientos. Nos juzgan unas máquinas, unos seres cibernéticos a los que todo lo humano les es ajeno. Marta le es ajena a sus mentes tabuladoras, maquinadoras, calculadoras, inhumanas. Su cálculo, su raciocinio robótico, su ceguera, su sordera, su pasividad, su neutralidad inhumana no ha podido con los innombrables, con la sangre y la venganza. La ceguera que no ve la muerte, la sordera que no oye los lamentos, el cálculo racional y robótico que no llega siquiera a rozar y entender cómo se le puede hacer tanto daño al alma de esa niña.

Ya termino, desde aquí, desde un lugar donde nada de lo humano es ajeno, se sufre por Marta y su familia. Se desespera por la ceguera y la sordera de los robots no humanos. A los innombrables que los parta un rayo.

5 de enero de 2012

Días macabros

El tiempo... un Lunes cualquiera de uno de estos años fatídicos que estamos viviendo...
El lugar... Penitenciaría Cuerno de Toro... Corredor de la Muerte....para ser exactos

El día parece que llegó. A tiempo, ni antes ni después, justo en el momento en que se le esperaba.
El reo se levantó temprano. No quería que su destino perdiera el tiempo.
Apenas desayunó. Hay viajes que hay que hacerlos con poco equipaje.
Permaneció tumbado en la cama toda la mañana. Si hay que ir se va, pero ir para nada es...
A la hora del almuerzo, junto a la bandeja aparece un alguacil. Se ve de venir...La digestión va ser fastidiosa.
Señor reo -dice el alguacil. Señor reo -repite el alguacil, con el mismo tono neutral y exacto... como si fuera un señor con corbata que trabaja para la Banca y recibiera a un incauto en su despacho.
Dígame Sr. alguacil -le dice el reo con voz de muerto anticipado.
La Comisión se ha reunido hoy temprano -le contesta el alguacil con idéntica e imperturbable mirada- y ha decidido una medida de gracia para con usted.
Efectivamente... le han fastidiado el almuerzo al reo. Con miradas alternas al bistec humeante de la bandeja hasta la cara de pez del aguacil, y de vuelta a la guarnición, el reo pensaba...¡estos tíos me van a tener jodido hasta la última comida de mi vida!
Sr. reo -vuelve a comenzar el alguacil- la Comisión no tiene muy claro como acabar con usted; y ha decidido que aun siendo un criminal, peligroso e indigno, por su buen comportamiento, por su talante borregil, sumiso y dependiente, por nunca decir una palabra más alta que otra, por nunca poner pegas a todas las fechorías cometidas en su contra, porque nunca ha tratado de darse a la fuga, se le permite deicidir la forma y manera en la que se le dará la muerte.
No hay duda... el reo se caga mentalmente en su mala sombra... y en aquel día que decidió irse a trabajar a un Hospital público, porque tenía vocación de ayuda al prójimo... Sin probar bocado el corte de digestión ya está asegurado.
El reo pensaba que con el dineral que cobran esta gente que todavía no tengan decidido como darle boleto es para... ¡qué mancha de ineptos! ... A estas alturas el bistec ya estará duro y frío ... como algunos corazones.
Sr. reo - ya se está poniendo pesado el alguacil- tiene que decidirse...le digo las opciones y usted se lo piensa mientras almuerza. Hasta pronto -se despidió.

 Horca por bajada de sueldos...


  Inyección letal por aumento de horas de trabajo...


  Silla eléctrica por subida del IRPF...


  Paredón y fusilamiento por que te vas al paro como te escantilles...


Hambriento, desencajado... La cara del reo era un poema. La carne estaba dura como un leño.
¿No habrá alguna manera de suicidarse con el bistec? pensaba el reo...sólo para joder a estos cabr...

PostData: A los que acaban de entrar, pero sobre todo, sobre todo, a los que acaba de irse... os deseo, para Reyes, un bonito y coqueto hueco en el fucking Averno, es grande y entrareis todos.

31 de diciembre de 2011

30 de diciembre de 2011

Ya están aquí... ya llegaron...


   Aquí están, aquí se las enseño bien grandes para que veamos todos quién ha venido a visitarnos. La cosa todavía está muy reciente, cuando empiecen su actuación en el día a día veremos y hablaremos sobre lo que corresponda, caso por caso. Cabrearse y gritar en arameo cuando toque. Ahora, me ronda por la cabeza otra preocupación. Yo soy muy de preocuparme... qué le voy a hacer.
   'Crónica de una muerte anunciada' es, además del título de una novela del célebre García Márquez, un pensamiento-flash, una especie de coletilla cercana al refrán o al aforismo heraclíteo, que significa que sabemos de antemano lo malo que va a ocurrir y que termina ocurriendo. Una especie de llamada a ponernos la venda antes de sufrir la herida, a tomarnos el analgésico antes de que nos duela la cabeza, una especie de medicina preventiva para el pensamiento y el alma. Ya nos los dijeron, ya lo intuíamos, ya lo sabíamos, ahora vamos a vivir en vivo y en directo esta situación de recorte masivo. Pero todo lo que nos dijeron, todo lo que intuíamos, todo lo que sabíamos no mitiga nada del dolor de cabeza que estamos comenzando a tener. ¡Qué chungo va a ser esto! El verdadero aprendizaje es el que se vive en carne propia, no en la ajena. Otro refrán: la letra con sangre entra; ¿será verdad eso de que somos una sociedad que sólo aprende a base de disgustos? Pero, por desgracia, ésta ha sido la tónica general de nuestra sociedad en el último lustro. Una venda en los ojos, la cabeza metida en el agujero cual avestruz, creyendo que si yo no miro al león, el león tampoco me mira a mí. Y peor, lo que estoy haciendo es facilitarle las dentelladas al león. 
   Hay dos cuestiones que yo considero tan claras y evidentes que ni merece la pena seguir ahondado en la herida: la primera es que el gobierno saliente ha sido catastrófico; la segunda es que el sistema financiero es peor aun. Pero queda la tercera pata del banco, que somos todos nosotros como sociedad. Que hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades individuales y sociales, como los nuevos ricos paletos de una película mala. Podemos escribir, y ya está hecho, varias bibliotecas de Alejandría sobre los fallos y errores, ignomínias y pecados de la clase política y financiera; y cómo pagamos todos nosotros  por sus horrores y crímenes. Es una putada, son una mancha de .... y de ...  [modo autocensura 'ON']. Lean algún que otro libro si no lo han hecho ya. Estamos hartos de recibir y mandar todo tipo de vídeos del youtube y de powerpoints criticando con saña a los unos y a los otros. Como si con solo criticar y mofarse del otro fuera la solución. Hay corriendo por ahí decenas de chistes, escarnios y ofensas contra Zapatero y Rajoy. La gente se lo pasa bomba. Para eso somos muy buenos, cómo sacamos la mala leche para criticar al contrario político, al que votó a otro y qué poca reflexión ponemos a los propios errores, en mirar la propia responsabilidad, nuestra parte de culpa. Si las energías que se utilizan para ensañarse con ellos se utilizara para otra cosa, otro gallo cantaría.
   Pero hay muy pocos libros, vídeos y powerpoints, que hagan un llamamiento a la ciudadanía a reconocer la parte de responsabilidad en este desastre. Muy pocos libros de educación cívica equilibrada, sin desviación ideológica; muy pocos que hablen del esfuerzo, del sacrificio, de trabajar juntos, de dejar de ser enemigos en esta crisis, y de esas cosas tan antiguas, tan fuera de moda. Ese es un grave problema, se llama a la indignación y a la revolución, a la desobediencia, pero nadie llama a la reflexión y a la asunción de la responsabilidad, tampoco nadie llama al esfuerzo, a la fortaleza en tiempo de crisis y carestía, a la cordura, al sentido común de no gastar lo que  no se tiene. La voz de la conciencia social ha desaparecido, Pepito Grillo está defenestrado en estos tiempos del twitter y del facebook, que vivan los chillones, los agitadores, los vendedores de humo, que se hacen millonarios mientras mandan a la gente a gritar a la Plaza. Porque la cuestión, creo yo, es que no podemos quedarnos en el autocomplaciente cabreo contras los grandes monstruos sin hacer, además, una asunción de las propias responsabilidades. Está bien eso de cabrearse contra los dragones, y salir cual caballeros andantes a luchar contra ellos con nuestra  reluciente armadura y la espada bien afilada (Pongo el parche antes que salga el grano y como me doy cuenta de que hoy en día también es el tiempo del cabreo a las primeras de cambio y de la gente susceptible que se siente atacada con cualquier soplo de viento, explico que no estoy en contra de ningún tipo de movimiento social, todo lo contrario; no me refiero a este porque estoy hablando del plano individual de cada persona). Han sido ellos, pero también nosotros. Hay que hacerse mayores de edad, dejar de vivir en el mundo del cuento y la leyenda, dejar de ser adolescentes que sólo patalean enrabietados y no se paran a pensar cómo solucionar el problema que tenemos encima. Con gritar no basta, al menos eso creo yo. Con violencia, más o menos evidente, tampoco. Hay que hacer otra cosa, hay que hacer más cosas, es eso o el abismo. Lo que quiero decir es que hay que ir más allá y centrarse en la solución del problema, centrar los esfuerzos en el afrontamiento y no en el origen, que ya pasó y no se podrá cambiar. Jobs diseñó el Mac, el Iphone y el Ipad, no la máquina del tiempo... que sepamos claro.

24 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD



Platón, Aristóteles y todos los demás, os desean Felices Fiestas. Que la Paz reine en todos los rincones el mundo y que la Felicidad llegue a todos los corazones. 

19 de diciembre de 2011

Zhanguo: la guerra sin cuartel

Uno de los periodos más tenebrosos y violentos de la larga historia de China es el llamado período de los Estados en Guerra (Zhánguó), que duró más de dos siglos La historiografía china coloca este período entre el 450 a.C. al 222 a. C. aproximadamente. Fue una época constante de violencia y de guerra de todos contra todos. Los tres estados surgidos de la desmembración Jin, el viejo y rico principado de Qi, y los estados de Yan, Qin y Chu constituían siete potencias estatales que, después de haber absorbido todas las unidades políticas menores, se harían una guerra implacable y sin cuartel, de la que finalmente uno de ellos, Qin, saldría victorioso y unificaría China bajo su férula en el siglo –III. Todo esto que se cuenta aquí no es precisamente un cuento chino, sino acontecimientos históricos verificables. De este tiempo de guerras, muerte y sufrimiento ha quedado constancia la imponente tumba delEmperador de Qin, conformada por ingentes cantidades de soldados de terracota,por lo menos 7.000.
Para mí, desde hace mucho, este período histórico chino es la metáfora idónea para explicar el funcionamiento de la política en general, y sobre todo, la particular que vivimos y sufrimos en nuestra sociedad: la de una guerra de todos contra todos. Y esto, queda reflejado minuciosamente en el discurso de investidura de esta mañana y en las comparecencias de esta tarde y mañana.
Cada partido político, cada ideología, se arroga a sí mismo la posesión de la VERDAD, descalificando al contrario de mentiroso, peligroso, sectario, prepotente, radical, y un sinfín de calificativos negativos. Como cada uno de ellos posee LA VERDAD, cada uno a sus ojos es plenamente objetivo y sus planteamientos son los que han de llevarse a cabo. Por eso califican a los contrarios como de ideológicos y subjetivos, por poner adjetivos que se puedan usar en horario protegido. El partido ganador hace su discurso, defiende LA VERDAD, la única VERDAD. Luego, sale el primero de los partidos perdedores y dice que esa VERDAD no es verdad sino mentira. Que la verdad que ellos dicen sí es LA VERDAD. Luego llega otro y dice que la verdad del que ganó, ni la verdad del que perdió y habló primero es la VERDAD, que ellos sí están en posesión de LA VERDAD.  Y así sucesivamente, hasta el hastío más absoluto. Lo que ocurre, realmente, es que cada uno se limita a repetir el catecismo lleno de dogmas en el que cree y que han convertido en VERDAD. Son como los lunáticos iluminados de ‘La vida de Brian’ de los Monty Phyton. Cuánta cercanía hay entre lo peor de la religión y lo peor de la política. Y se machacan unos a otros con sus VERDADES. Son incapaces de convencerse o de encontrar una VERDAD común que los unifique a todos. ¡Amigo Apel, amigo Habermas… no os van a hacer ni puñetero caso¡ Como se verá, esto es un auténtico galimatías. La VERDAD termina prostituida, o desintegrada. Es como si le preguntaran a un condenado a muerte cómo quieren que lo maten si en la horca o en la silla eléctrica.
Y ninguno se baja del burro, ninguno de ellos muestra un atisbo de humildad, y decir, por lo menos MI verdad… ¡No!, es LA VERDAD. Ninguno de ellos piensa que pueden estar equivocados, o que podrían necesitar más datos para emitir un juicio, o tener buena voluntad y que se prueben las propuestas de otros… ¡No!, es LA VERDAD la que ha de imponerse. Y tenemos un problema, claro que lo tenemos. Porque del mismo modo que existen las guerras por la religión, ya que los líderes no bajan el pistón y terminan siendo los siervos los que se pelean, se corre el riesgo de que en algún punto de este siglo XXI empiecen las guerras por la política, porque el sistema democrático de las mayorías no sean aceptadas por los que no saben perder. Y lo que empieza siendo una metáfora termine convertida en una VERDAD.
Toda ideología marca lo que considera la fiel descripción del cosmos humano y social; y desde la convicción y la creencia, todas pretenden hacerlo de un modo que quede clausurado y explicado. Hay aquí una falacia increíble, los políticos dicen que hacen la política como algo racional, cuando lo cierto es que todo esto es un inmenso cúmulo de irracionalidades, de cosas pensadas, hechas y dichas  desde las entrañas, desde la animadversión al otro que no es como tú. Toda ideología entiende que está diciendo LA VERDAD y que está defendiendo la  postura más acertada.
A esto le sumamos una pregunta que genera más tensión que respuestas claras y concluyentes: ¿cuánta diferencia hay entre el modelo ideal de cualquier ideología y la puesta en práctica del mismo? ¿Cuánto camino hay entre lo abstracto hasta lo concreto? Respondamos con lo concreto de hoy mismo, para los que apoyan al partido y la ideología de Rajoy, la diferencia es escasa y siempre se está trabajado duramente para acercar ambas orillas. Para los que no apoyan a Rajoy, la diferencia es un oscuro precipicio, difícilmente insalvable. Pero hace cuatro años, en un alarde de coherencia (modo irónico en posición ‘on’) hicieron lo contrario. Depende del lugar que te toque haces una cosa y la contraria, y todas están bien hechas. El reino de la política no tiene nada que ver con la coherencia
En esto hay algo que llama poderosamente la atención. Es seguramente una de las pocas cosas en la que todos los bandos coinciden: arrogarse a sí mismos LA VERDAD, y a los otros las mentiras, la manipulación etc. Al ser visiones en conflicto lo normal es que sus líneas entrechoquen de forma más o menos virulenta, y que los desencuentros se muestren en un amplísimo rango de posibilidades que van desde la más educada crítica constructiva al vituperio más agrio. Cada uno de los partidarios de las ideologías está plenamente convencido de la verdad de sus principios, con lo que nadie convence a nadie, las posturas suelen ser inamovibles y son escasas las ocasiones en las que puede convencerse a otro de que cambie de ideas o principios. Ninguna de las ideologías quiere abandonar sus posiciones y dogmas para encontrarse en un horizonte común que englobe varias posturas.
La vida política es auténticamente surrealista, como las películas de los Phyton o los hermanos Marx, las novelas de Kafka, cercano a la vida y milagros del Barón Munchausen o los cuadros de Escher.


16 de diciembre de 2011

Llegó el día...



... parecía una eternidad pero llegó... ahora lo peor se lo llevarán las nubes... pobrecitas...



14 de diciembre de 2011

Mírame... Diferénciate



http://diferenciate.org/


Me parece éste un buen momento, con esta estupenda iniciativa, el mostrar el primer relato corto que escribí allá por el año 98, y que nunca se lo he mostrado a nadie, seguramente por vergüenza. 

ADIOS

Son las tres, ya solo quedan siete horas para marcharme. Siete horas más y un nuevo verano habrá terminado. Salgo de la habitación donde me he cambiado estos últimos meses, y no puedo evitar mirar al espejo del pasillo, y cada día me sorprendo al descubrir a una persona diferente mirándome, con el pijama azul algo arrugado y con los bolsillos lleno de cosas: el bolígrafo, el rotulador negro de punta gorda, las tijerillas, la libretillla para anotaciones, la responsabilidad... A veces, cuando estoy en casa, me doy cuenta que no tengo conciencia de mí mismo como enfermero, cuando veo el pasillo, las puertas y sobre todo las personas que están tras ellas, todo cambia, en mi se produce una metamorfosis, la persona insegura, dubitativa, atormentada a veces, se convierte en alguien tan distinto, que a veces me asusto de que algo así pueda estar realmente ocurriendo. Dejo mi espiral, dar vueltas y vueltas sobre mí mismo, con la ropa de la calle; con el pijama ya no puedo pensar en mis miserias, en mis dudas y en mis preocupaciones, aún queriendo no me sale. En mi vida privada he construido un enorme muro que me separa del mundo y la gente que me rodea. Nadie entra en él a menos que yo quiera. No sé muy bien si será un medio de defensa o mi forma de ser. El tipo que me mira desde el espejo no es así. No hay muros. Parece como si algo me estuviera recordando que siempre hay alguien en una situación más delicada que la mía, que al fin y al cabo mis propias historias son nimias en contraste con las que he conocido aquí. La mayor parte del tiempo, no me soporto, ni me quiero, ni me acepto, parece mentira, pero es así, sin embargo, cuando trabajo me siento agusto conmigo mismo y veo las cosas con más claridad, entonces el tipo que me mira a través del espejo empieza a caerme bien. Y entonces se acaba el contrato.... ¡Qué le vamos a hacer!

Saludo a las compañeras, a las que salen y las que estarán conmigo esta tarde, como todos los días miro el cuadrante con los nombres de los pacientes y sus patologías, no hay cambios, la planta sigue estando hasta los topes.
La compañera de la mañana me da el relevo, apenas hay novedades y como casi siempre el carro de la monodosis no ha bajado de farmacia, bueno que le vamos a hacer.
Llega la hora del café. La cafetera que tienen aquí, es la cosa más rara del mundo, y me pregunto por qué nunca a nadie se le ha ocurrido la idea de hacer un estudio o algo así, de la cantidad de café que se consume en un hospital, las marcas más consumidas y demás, sería algo simpático y totalmente inútil. Eso tipo de cosas inútiles que le dan un regusto a la vida.
Entonces, con mi compañera de turno comentamos el plan para esta tarde, cuando llegue la medicación habrá que sacarla por horas y cargarla, llamar al Trauma de Guardia para que vea la placa de la tibia de la 8, que me parece a mí que no tiene buena pinta,  vigilar el posible síndrome compartimental del 15 y  ver lo que va saliendo. ¡Qué manía tenemos con esto de llamar a las personas por el número de la habitación o el hueso roto que tienen! A mi no me gusta que llamen como 'el de las gafas'... 
Yo admiro profundamente a la compañera de turno de esta tarde, este verano he aprendido mucho trabajando a su lado, especialmente a mirar a los paciente como un todo, no como un problema a solucionar, como si de una ecuación se tratase y hay que dar una serie de pasos para solucionarlos, como muchos “otros profesionales”, miran las placas, las analíticas, las heridas, pero pocas veces miran a los ojos a esas personas. Ella si lo hace y yo estoy aprendiendo a hacer lo mismo. Ella lleva muchos años trabajando, yo me pregunto si cuando lleve los años que ella lleva trabajando tendré la misma ilusión que ahora, si me seguirá cayendo bien el tipo que me mira a través del espejo. No lo sé. Por cieto, se llama Pilar, mi compañera se llama Pilar...
La tarde fluye tranquilamente, sin sobresaltos, hasta que llega la hora de la visita, entonces, entramos en la zona de los rápidos y las cataratas. Se une el calor de septiembre; y la hora de la merienda; y la mujer del 9 que viene de Despertar tras la operación de cadera y viene algo pachucha; y la enorme cantidad de visitantes de los pacientes; y la del 17 que tiene un grifo y no para de llenar bolsas de orina; y el médico que viene con prisas y quiere ver la placa; y nos llaman de abajo, para un ingreso; y más cosas. ¡Otra vez, números y patologías!... son Vicenta y su cadera y José Juan y sus diuréticos...
Llega un momento en que estas haciendo y pensando en muchas cosas a la vez, y me parece extraño que al final lleguemos a buen puerto. Es como si se abriera la veda y todas las cosa pasan al mismo tiempo.
Porque aunque haga calor la compañera auxiliar llama a la sección de los calefactores y suben a arreglar el aire acondicionado; y a Vicenta, la señora del 9, le pongo, diluido, la dosis pautada de antibioterapia y analgesia, y la pobre mujer se queda más tranquila; y la otra compañera auxiliar reparte las meriendas y cuando termina anota en la gráfica la diuresis y le cambia por enésima vez la bolsa y le recuerda también por enésima vez que esperen a estar terminada la bolsa antes de llamar al timbre; y mi compañera acompaña al trauma a ver al dueño de la tibia con mala pinta del relevo de un rato antes; ahora bien, lo de las visitas ya es harina de otro costal. Es curioso, pero, esta tarde me he dado cuenta, que repetimos las mismas cosas un montón de veces, todos los días, durante todo el verano, pero pocas veces nos hacen caso, en fin.
Menos mal que tengo paciencia suficiente, por que si no me volvería loco, y siempre me queda la cosa de que el enfermo, siempre necesita un poco más de todo, de salud y de paciencia, aunque sea un impaciente.
El ingreso me saca de mis cavilaciones. Un chaval joven, de dieciséis años, Emilio se llama esa mirada pecosilla de adolescente poco dado a hacer caso a las normas; ha tenido un accidente con su ciclomotor y tiene fractura comminuta de tibia y contusiones por todo el cuerpo. Al menos llevaba casco. Lo coloco en la habitación 5, frente al control. Después de rellenar una infinidad infinita de papeles, leer los datos y características del ingreso, me presento en la habitación, como tengo acostumbrado “invito” amablemente a la familia a abandonar la habitación. El chaval está algo nervioso, es natural, después de lo sucedido. La fractura es cerrada y el médico le ha colocado una férula transitoria, hasta que esta noche cuando el quirófano quede libre poder reducírsela quirúrgicamente. Durante unos minutos intento tranquilizar al chico, de que todo va a salir bien.
Le tomo las constantes, le hago el electro y le saco la analítica de rutina para el preoperatorio. Salgo de la habitación y le pido al padre del chico que me acompañe al control.
- Estos documentos son los consentimientos para que puedan operar a su hijo - le digo -, léalos y fírmelos si está conforme. Si no entiende algo, el Médico o el Anestesista se lo explicarán más tarde.
El padre comienza a leer los documentos y cada línea que pasa su expresión va ganando en matices. Finalmente el terror termina ganando.
- Vaya - me dice -, y una mueca, como de querer decir algo pero no encontrar las palabras necesarias, se impone en su rostro.
- No se preocupe -digo -, ya verá como todo saldrá bien. Lo digo con seguridad, con confianza y mirándole a los ojos. La verdad es que no sé lo que va a pasar, entre otras cosas porque mañana no estaré aquí para preguntarle al padre si realmente todo ha ido bien. El padre se marcha a la habitación, a seguir conviviendo con el miedo a lo desconocido y a lo incontrolable. Yo me dirijo a la habitación donde tenemos la medicación. Son casi las ocho y el tratamiento pide a gritos ser vaciado. Y en eso pongo mi empeño.
Mi compañera se encarga de repartir las pastillas y de poner la multitud de banderillas con forma de fraxiparina.
Yo me encargo de las glucemias y la insulina, también  de los antibióticos y de los analgésicos unos van diluidos y otros no; unos los diluyen en algunos servicios y otros no.
 Al final, como siempre, uno toma las decisiones según su criterio. Por ahora no me ha ido del todo mal, debe ser que lo estoy haciendo bien.
Del mismo modo que llegaron, de manera bulliciosa y hasta cierto punto escandalosa, se marchan los familiares.
Un poco después el ruido del carro con la cena se abre paso en el silencio, cuando el ruido ya es intenso, y veo la cara de la chica que mueve el carro, aparece el olor a comida, que inunda toda la sala. Durante un breve instante el austero olor clínico deja paso a las fragancias humanas de la cena. Es deliciosamente breve. Luego la realidad se impone.
El chico de la 5.2 y la señora del 9.1, están en absoluta -digo-, y la señora de la cama 3.2, sólo quiere sopa.
En otros sitios donde he trabajado, las comidas viene ya preparadas en bandejas térmicas. Aquí tenemos nosotros el control sobre las dietas. La verdad es que no tengo ninguna opinión creada al respecto. Lo que sí es cierto es que se tarda un rato en preparar y repartir todas las bandejas. Pero bueno hasta las diez no se marcha nadie.
Son casi las nueve y la tarde está llegando a su fin. Ayer dio a luz una compañera del Hospital, y como “la cosa” está más calmada, mis compañeras ha ido a visitarla, a la sala de Maternidad, que está contigua a la nuestra. Yo me siento y dedico un rato a escribir incidencias: lo del chico, lo de la orina, lo de la tibia, pasar las constantes a las gráficas, los cambios en el tratamiento, etc. De nuevo la rutina. Recuerdo que tuve una compañera en la Facultad de Enfermería, a la que le costaba la vida tener que estar sentada y escribir tantas veces los mismos datos, una y otra vez. La chica es pura vitalidad. Ahora trabaja en un Hospital de San Juan de Dios, al cuidado de ancianos, la mayoría de los cuales tienen procesos crónicos irrecuperables. Éramos muy amigos durante los años de estudios y desde que acabamos la carrera, mantenemos una correspondencia más o menos constante. Nos contamos como transcurren nuestras vidas: lo mucho que quiere a su novio, que yo sigo con mi alergia al compromiso, y cómo nos va en el trabajo. Yo le cuento lo que he aprendido de traumatología este verano y ella me cuenta las batallitas con sus ancianos. Cada vez que recibo una de sus cartas, me asombro del derroche de vitalidad y del cariño que profesa por ellos.
Una vez, durante la carrera, uno de mis profesores, dijo algo que me pareció muy acertado. El profesor no era precisamente de los que mejor me caía, sin embargo, de todas las cosas que dijo, aquel día le escuche lo único que me convenció.
Las personas enfermas están incompletas, les falta algo muy importante, les falta la salud. Nosotros aceptamos la responsabilidad de completar lo que les falta. Por encima de leyes, de deberes, de credos, por encima de multinacionales religiosas. Llegar a la persona a través de la persona. Cuando alguien llega a las condiciones de salud física y mental, como en el caso de “los viejos” de mi amiga, las necesidades son aun mayores. En mayor o menor medida, nos convertimos en sus manos, en su mirada y en sus pies. Da la sensación de que ellos viven a través de nosotros. Es una sensación rápida pero profunda, difícil de concretar. A pesar de las discusiones y de los momentos malos.
Cuando llegan mis compañeras, estoy mirando por la gran ventana del despacho. El sol empieza a caer tras la sierra. Una de mis compañeras golpea bruscamente la silla giratoria, despierta soñador -me dice.
La última hora, como siempre, transcurre rápidamente. Preparamos algunas cosas para el turno de la noche. Charlamos un rato.
¿ Cuándo volverás a trabajar? -me pregunta mi compañera.
No lo sé -respondo-, espero que para Navidades me vuelvan a dar otro contrato. Aquí acaba la conversación. Ha llegado José, el compañero de la noche, fiel a la cita. Antes de ir a cambiarme me despido de mis compañeras, hasta la próxima. Miro por última vez el pasillo, el control, me despido del chaval del 5 y de su padre y voy al vestuario a cambiarme. Estoy algo triste y no es por el Hospital, ni por otras cosas, es por mí, una especie de acto de egoísmo, echaré de menos al trabajo y la sensación que me produce.
Ha vuelto a ser un día normal y rutinario, como todos los demás turnos normales y rutinarios, no ha tenido nada de especial. Casi igual que el primer día del verano, aunque entonces estaba algo nervioso. Ahora a punto de marcharme estoy sereno y confiado. A veces pienso que no valoramos suficiente lo cotidiano, lo normal de cada día, como si hubiera que estar constantemente salvando al mundo y a la gente que en él habita. Sería fantástico que algún día comenzáramos a valorar el día a día, la importancia e incluso lo heroico de lo cotidiano.
Son las diez, y me marcho. El verano ya ha terminado. Salgo de la habitación donde me he cambiado estos últimos meses, y no puedo evitar mirar al espejo del pasillo, esta vez no me sorprendo al descubrir a la misma persona mirándome, con vaqueros y un polo de color verde, con una mochila llena de cosas: el pijama azul algo arrugado, el bolígrafo, el rotulador negro de punta gorda, las tijerillas, la libretillla para anotaciones, los recuerdos... Vuelvo a ser yo, el de siempre. El  de la espiral y el del muro.
Hasta el próximo verano - le digo al tipo del pijama azul del espejo.
 adios - me responde.

21 de noviembre de 2011

Saber perder... es fundamental en Democracia

Hay una cuestión accesoria aquí, que por el peso del tumulto se convierte en algo importante. Cada cuatro años ocurre lo mismo, es un mal que atenaza a unos y otros. A pesar de las medallas que muchos se ponen de demócratas, son muy pocos los que saben perder y menos aun los que lo hacen con dignidad y elegancia. Bueno, pensándolo mejor, si hay algo que caracterizó durante los siglos XIX y XX la vida sociopolítica española es no encajar bien las derrotas electorales. Somos un pueblo de buenas gentes pero cuya mitad anda culpando a la otra media de los problemas; dos siglos, una guerra, una dictadura y 30 años de democracia después seguimos anclados en lo mismo. Esta vez, claro está, no iba a ser diferente. Hubiera sido una auténtica sorpresa si así fuera.
Hay varias cuestiones sobre las que quisiera hacer hincapié en estos días postelectorales. Hay gente que está contenta porque ganó la opción que votó y los perdedores, claro está, claman en arameo contra los vencedores y sus votantes. En esto hay muchas semejanzas entre unos y otros, por mucho que se sientan diferentes. Hace cuatro, años cuando los que ganan hoy perdieron, sus simpatizantes se llenaron la boca de diatribas y mensajes envenenados. Hoy, los que han perdido y ganaron entonces repiten casi los mismos improperios. Unos y otros, antes y ahora, demostraron que no supieron perder. Veamos:
Opción A. Encajar en la misma frase el nombre de la ideología o el partido ganador junto a verbos o expresiones del tipo aterrar, aterrorizar, miedo, horror, peligro, involución, cataclismo, miseria, echarse a temblar, que las cosas empeoraran, que se perderá esto o lo otro, que se acabará con tal o cual cosa, etc. Esto del miedo y de vender el apocalipsis y todo tipo de catástrofes sociales, tampoco es una novedad. Personalmente pienso que en democracia y con la constitución de nuestra parte no hay que asustarse de nada ni de nadie. Es una cuestión de preferencias, y yo no hubiera preferido una mayoría absoluta, pero hay que aceptar lo que ha salido de las urnas. Creo que ahí radica la caída y pérdida de millones de votos de los perdedores de este año: la apelación voluntarista y atrabiliaria al apocalipsis. Cada vez hay más número de personas que han dejado de creer en eso, que se hartó de que alguien tratara de inocularle el miedo y que solo apelase a la pelea. Así que a los que ahora hacen eso, a los que hace cuatro lo hicieron y a los que en el futuro seguirán haciendo lo mismo, hay que pedirles que por favor dejen de tratar a la ciudadanía como menor de edad, que ese paternalismo de pose e impostura es puro esnobismo y oculta su resentimiento y mal perder. Tienen que hacerse adultos democráticamente y aceptar que lo mismo que se gana se puede perder y que el Estado tiene ya a estas alturas de civilización un empaque y una robustez imposible de alterar, eliminar o destruir.  
Opción B. Encajar en la misma frase el nombre de la ideología o el partido ganador junto a verbos o expresiones predictivas y agoreras del tipo el futuro que viene, lo que va a pasar cuando, nos espera lo peor en esto o lo otro, la que se nos viene encima, nos va a caer la mortal, nos dan el golpe de gracia, será una maldición, etc. Una vez más, estamos ante un tema muy manoseado, que es dar por supuesto que se sabe lo que el futuro nos va a deparar, claramente y sin atisbo de dudas, porque  en tal o cual sitio se hizo algo parecido y argumentos tan peregrinos como este. Es curioso, cuando menos, ver cómo florecen en estos días los pitonisos y los taumaturgos que vislumbran lo que traerá el futuro. El futuro no está escrito, nadie sabe lo que nos va a deparar. Así que a los que ahora hacen eso, a los que hace cuatro lo hicieron y a los que en el futuro seguirán haciendo lo mismo, hay que pedirles que por favor usen sus capacidades para algo constructivo y no para dejar patente su enfado. Que ese enfado no es constructivo y que hay que superarlo. Que no se engañen más ni traten de engañar a otros, su crispación se ve venir de lejos. Que usen las energías que gastan en la mala leche en cosas productivas. Si alguno de ellos hubiera tenido esa capacidad hace unos años para predecir la crisis económica en la que estamos se hubiera agradecido. Yo hubiera preferido que hubieran usado su don magnífico para prever las dificultades y no ahora que en realidad lo que no ocultan es su ira por el resultado que legítimamente arrojan las urnas.
Opción C. Encajar en la misma frase el nombre de la ideología o el partido ganador junto a expresiones y calificativos tales como estúpidos, incultos, tontos, desmemoriados, catetos, etc. Este menosprecio es otro de los clásicos postelectorales. Es un argumento ramplón, eso de llamar inculto a alguien que no vota lo mismo que tú; o la soberbia de llamar tonto o cateto a millones de personas que no piensan como tú, como si el que insulta fuera el Sursuncorda, la persona más culta y formada del orbe, poseedor único de las grandes verdades de la vida. Un insulto así, solo descalifica al que lo emplea. Además de ser indigno por menospreciar a gente que ni conoce, que no sabe nada sobre su vida y su forma de hacer las cosas. La soberbia de querer tener la razón siempre, pase lo que pase, de no reconocer los límites y las equivocaciones, la falta de humildad, de pensar que lo que tú votas es lo único bueno, llamar tontos o culpables a los millones de personas que piensan distinto y que votan distinto, es otro motivo más para que mucha gente haya querido cambiar. Unas Elecciones Generales con millones de individuos votando y expresando en libertad lo que se quiere y con la legalidad al fondo, es cualquier cosa menos cosa de estúpidos. El voto que se pone en la urna, el mío y el de todos, es un derecho constitucional que nos hace a todos iguales, es lo más igualitarios que puede haber en una democracia, tú, tu conciencia y la urna, no el clavo a una supuesta lápida. Así que a los que ahora hacen eso, a los que hace cuatro lo hicieron y a los que en el futuro seguirán haciendo lo mismo, hay que pedirles que por favor cultiven el civismo con sus conciudadanos, que todos estamos en la misma sociedad y que bien nos vendría cultivar las virtudes cívicas y dejar de ser groseros los unos con los otros.
Opción D. Encajar en la misma frase el nombre de la ideología o el partido ganador junto a expresiones que aluden a la calle, a la turbamulta, y a actitudes revolucionarias o directamente violentas. Esto no es democracia, así que sobran las palabras. Sobre este asunto no quisiera profundizar mucho, porque soy de los que tiene claro que junto al necesario respeto a la libre expresión de ideas y pensamientos, está el respeto al dictamen popular de las urnas que ha sido muy claro. Precisamente por eso se vota, por eso la democracia se distingue de la anarquía, la anomia, y los regímenes autoritarios, en que el número mayor de sufragios decide el rumbo de la sociedad y no las opiniones de las minorías o la cantidad de piedras que logres lanzar o la cantidad de burradas que puedas hacer en la calle. No creo que la calle y la turbamulta sea la forma de arreglar las cosas en democracia. La Constitución y la legislación sí que lo son. Así que a los que tienen en mente la violencia, hay que pedirles que cultiven su espíritu democrático y dejen la violencia de lado. El frentismo no es la solución a nada, es empeorar las cosas que ya, de por sí, están malas.

Hay algo detrás de los números

Siempre hay algo más detrás de los números... siempre. El ser humano es muy poco conformista con la cruda realidad y siempre quiere ir más allá de los hechos básicos de su existencia, unos por unas razones y otros por otras, pero a todos nos recoge la idea de buscar un algo que hay por detrás. Ayer fueron las Elecciones Generales, los números ya están aquí, y yo quiero hacer mis propias interpretaciones, que cada uno haga las suyas. 


Este año, a diferencia de otros muchos, los datos, no dicen muchas cosas. La primera y fundamental, que yo entiendo, es que hay ganadores y perdedores. En las noches electorales anteriores se dibujaba una especie de comedia bufa en la que todos mostraban su mejor sonrisa y el cartel de ganadores. Lo de ayer pasará a ser un recuerdo tormentoso en la biografía de más de un político. 


La situación actual no está para muchas alegrías, por lo que seguir centrándose en el pasado poco o nada de provecho arroja a la tarea que queda por delante. Esto es lo que hay, y ahora a seguir adelante. Lo mismo digo con los malos perdedores y la no aceptación de los resultados, el seguir enrocado en el miedo, el temor, el terror y el espíritu agorero de un posible apocalipsis. A mi entender, los números dicen que apelar al miedo y al horror ya no sirve. A lo mejor tanto batacazo de algunos parte de eso, de optar por el miedo. A estos, recordarles que la base de la democracia (esta que tenemos y no otra) es una cuestión cuantitativa, de número y no cualitativa. No hay forma objetiva y fuera de toda duda que diga qué opción política es mejor que otra. Por eso se vota, porque todas parten en igualdad de condiciones. Y es la mayoría la que decide las cosas. Si no se acepta este hecho básico se puede ser cualquier cosa menos demócrata: hay que ser demócrata en la victoria y también en la derrota. 

En el año 2008, el partido que ayer terminó ganando, cosechó 10.259.199 votos y ahora en 2011 han tenido 10.830.693 votos. Tras cuatro años de crisis y otras cuestiones su techo ha subido en sólo 571.494 votos. ¿Dónde está la explicación de lo que ha ocurrido si realmente la subida no ha sido, ni de lejos, tan potente, solo de un 5% respecto a las anteriores elecciones?
En el año 2008, el partido que perdió aquel año, ayer tuvo 11.259.199 votos y en 2011 ha conseguido 6.973.880. Tras cuatro años de gobierno y desgaste han perdido 4.285.319 votos. Han perdido el 39% de los votos. Esto es una hemorragia, sin paliativos ni subterfugios. Tienen que aceptarlo y dejarse de milongas y componendas. Porque no ha habido un trasvase amplio al enemigo, es que 3,7 millones de votos no se los llevaron los otros sino partidos del mismo espectro ideológico. Con lo que encima, se desactiva la pataleta posterior de llamar estúpidos o ignorantes a los que votan al otro, a los que se pasan a la acera de enfrente. Los otros han mantenido lo suyo, son estos los que han perdido al 40% de los suyos. Puede que ahí este una posible explicación además del hartazgo del miedo y del horror. En la soberbia, la prepotencia y la chulería del que piensa que siempre tiene razón y que lo suyo es lo mejor y la única opción buena; y que sale a relucir en estos momentos de derrota, como respuesta a los propios errores, en vez de mirarse al espejo y reconocer los fallos y aprender de ellos. España no ha girado hacia el ala conservadora, esta cura de humildad significa que ha terminado harta y exhausta de talante, mentiras y fuegos artificiales, de crispación, de separación y frentismo constante.

Para terminar, la democracia es un sistema de gobierno cuya principal característica técnica, a mi entender, es la perfectibilidad, o sea, que puede perfeccionarse, que tiene siempre margen de mejora y perfeccionamiento; que una vez visto los fallos puede cambiarse porque está abierta a esas mejoras. Uno de esos fallos queda aclarado en números: IU consiguió ayer 1.680.810 votos y 11 escaños, y UPyD consiguió 1.140.242 votos y 5 escaños. Otros partidos consiguieron menos votos y más escaños. Por ejemplo, CIU 1.014.263 (16), Amaiur 333.628 (7). Lo de este último es especialmente sangrante por lo que representan, con 806.614 votos menos que el partido de Rosa Díez tienen 2 escaños más. E IU que tiene 666.547 votos más que CIU tienen 5 escaños menos. Esto tiene una explicación y una interpretación, lo primero es el conjunto de circunscripciones y el sistema D'hont (ver aquí y aquí) y lo segundo es que en España no somos iguales y que eso de 'una persona, un voto' es una falacia. Si la democracia quiere mejorar y ser más demócrata una de las cuestiones que tiene que perfeccionar es esta y pergeñar una Ley Electoral acorde a los tiempos que corren donde, sobre todo, se respete la escrupulosidad del 'un hombre, un voto', porque si no somos iguales votando, lo nuclear en la democracia, no podemos ser iguales en otras cosas.