29 de septiembre de 2015

El ¿Imperio? de la Ley

6.

Hay una cuestión importante que acucia a esta sociedad en relación a la ley. Y es que estamos perdiendo el mínimo común y básico de relación y convivencia que proporcionan las legislaciones.
Cada vez es más grande el grupo que pide que se legisle todo lo que ocurre en nuestra comunidad. Cada vez es más grande el grupo que entiende que las legislaciones son algo opcional que tienen que aplicarse (o no) según los intereses en juego. Cada vez hace más ruido el grupo que pide que se minimicen, y hasta eliminen, las legislaciones. Con un grupo que no mengua de gente que no se siente concernida por la ley, y que un día sí y otro también se la pasa por el arco de triunfo. Con otro grupo, al que no para llegar adeptos, que piensan que las leyes hay que cambiarlas a coces. 
Y llegará el momento en el que empiecen a chocar. Y convivir será cada día más difícil.
Y todo esto entre las tremendas carencias del sistema que tiene que poner en funcionamiento las legislaciones: retrasos, falta de personal, de medios y de modernización, la abusiva politización de la judicatura y un puñado más cosas. Y con la obsesión, de importantes sectores intelectuales (y políticos), de reformar y reinsertar al criminal, pero sin preocuparse lo más mínimo por las víctimas.   

PD: Esas preguntas que nos acompañarán siempre, y que difícil respuesta tienen: 
¿Hacer que se cumpla la ley lo convierte a uno en facha franquista, en poco menos que un criminal o en un cromañón desalmado?
¿Las leyes de los progresistas están justificadas, son necesarias e irrenunciables (y hay que poner todos los medios para que se cumplan) y las de los conservadores son un pozo sin fondo y muestran el espíritu retrógrado de los mismos (y si no las cumples te tratan como un héroe)?
¿El que tiene el encargo y desempeño de hacer cumplir las leyes puede dejar de hacerlo por que a la gente le resulte impopular?
¿La ley puede negociarse o mercadearse?
¿Son las leyes para siempre? ¿Cuándo, y cómo, podemos cambiarlas sin tener antes que pasarnos a cuchillo?

PD2: Hay días en los que descubres que los acontecimientos que estás viviendo no son el final de algo conocido sino el principio de algo desconocido. Y entiendes porqué la formación intelectual de la sociedad es tan importante. Y, descubres, que además de ésta -y tan importante como ésta- es la educación emocional de la gente. Ya lo vieron aquellos griegos tan antiguos y sabios que la gente destemplada e imprudente, sin paciencia, que no controla sus humores, es un peligro para sí misma y para su polis.

28 de septiembre de 2015

Taurocatapsia

5.





El fresco de la 'Taurocatapsia', hallado en el Palacio de Cnoso (Creta), es una de las cumbres del arte minoico (Edad de Bronce). Aquel era un palacio sin muros ni fosos ni otras estructuras defensivas. Un palacio en el que no se han encontrado ni un sólo resto de armas de guerra, ni defensivas (escudos, armaduras) ni ofensivss (lanzas, dagas o flechas). Dicen las fuentes que durante un buen tiempo fue una civilización sin guerra. Y de ese tiempo espléndido se data el fresco, en el que hombres (de rojo) y mujeres (de blanco) se enfrentan a unos toros de imponente tamaño dando recortes, saltos y brincos. En Creta hay 'cuernos' por todos lados, como puede verse en el magnífico Museo de Heraklion. Eso define la importancia que le daban al asunto. En vista de los hallazgos anteriores -lo de la ausencia de estructuras bélicas- los expertos piensan que por este 'espíritu cretense' las corridas tendrían que ser incruentas y que tendrían que haber sido similares a lo que hoy conocemos como los 'forcados' portugueses.

Ver: 
http://ancient-greece.org/museum/muse-iraclion.html

PD: Hay gente que piensa que el progreso técnico y científico ha provocado, automáticamente, un progreso civilizatorio y moral. Pienso que con ejemplos como éste tendrían que revisar algunos de sus planteamientos.

27 de septiembre de 2015

Fatum ineludible

4.

La España del toro frente a la España del caballo.


















La gente, la luz y la oscuridad.



La profecía autocumplida. Ese fatalismo que nos determina pese a que no está escrito en ninguna parte. Y sin embargo, aquí estamos, ahítos de mezquindades. Que dios reparta suerte. No esperad misericordia del hombre.

24 de septiembre de 2015

El Drama

3.

El hombre no es una cosa, es una narración dramática. La palabra griega δράμα significa 'hacer', también 'actuar'. El individuo es el que hace las cosas. Un ser que actúa en la realidad; y que actúa sobre el mundo.
Tanto si el mundo fue creación divina o si es el fruto del azar, la evolución y las leyes físicas, el ser humano -con la cultura, la civilización, el mito, la ciencia/técnica, la política, la religión- rehace la realidad.
La configuración orgánica no desaparece, es reconfigurada a imagen y semejanza del hombre -mezclando la crueldad titánica con la misericordia más sublime. La realidad natural, amorfa y peligrosa para la integridad corporal, ha de ser contenida y situada en categorías humanas. Hay ahí una especie de desviación del orden natural, al humanizar el hombre el mundo real. Puedo decir, entonces, que el ser humano es un ser desviado y descentrado que proyecta su propio horizonte. Y necesita un cobijo seguro que lo proteja del centro natural que lo llama constantemente. 
Y, últimamente, necesita también protección frente a la humanidad creada por él mismo. El hombre crea la humanidad para poder vivir en la realidad mundana; pero ahora, esta misma humanidad termina por ponerle en un brete. 
Y es que la contradicción se apodera de la realidad que vivimos: lo mismo que nos permite existir -y sobrevivir durante mucho tiempo- es lo que nos corroe y disuelve.
Ahí está el drama de la vida, cambiamos lo que nos conmueve y afecta y terminamos construyendo algo tan dramático que igualmente nos afecta y conmueve.

23 de septiembre de 2015

Imposiciones

2.
Imponer una moral concreta, un modelo de sociedad, la forma en la que ejercer los derechos y la ciudadanía, la manera en la que decidimos sobre nuestras vidas, el modo en el que se comportan nuestros cuerpos.
Esta es la historia de la política, una buena parte de ella, la que tiene que ver con las ideologías. Y no la practican solamente los conservadores (aunque lo suyo sea atronador y todo el mundo vuelque su bilis sobre ellos). También los progresistas tienen sus imposiciones. Y los que acaban de caernos del guindo y quieren salvarnos a todos de las maléficas garras del averno también terminarán por imponer las suyas. No hay política sin imposición.

21 de septiembre de 2015

Las historias de la Historia

1.
Cosas que se nos imponen. Y no las aceptamos. Porque no las comprendemos. Porque nos repugnan humanamente. Porque ponen en peligro nuestra integridad física y moral. Porque son injustas. 
Pero ahí están. 
Esa imposición que se nos hace es más fuerte que la fuerza que hacemos nosotros en contra, no aceptándolas, no comprendiéndolas. Pensamos que basta con que la justicia y la humanidad estén de nuestro lado. Creemos que es suficiente con que la razón nos asista. Los hechos consumados no entienden de finales felices en las películas de Disney.
Y muchas de ellas hacen más fuerza que la justicia, que la humanidad, que nuestra repugnancia. Son cosas que nos sobrepasan como las olas en el mar. Y nos vencen, nos destrozan, acaban con nuestras energías, con nuestra salud. Son cosas que no se quitan, ni se pueden hacer desaparecer. Cosas que ni siquiera se pueden cambiar. 
Y aun así, no las aceptamos.
Pero ahí sigue la lerna taladrando nuestro existir. Impávida frente a la injusticia. Insensible ante nuestro desprecio. 
Algunas cosas solo queda controlarlas. Vivir es sobrevivir. Buscar el equilibrio en el caos. Pasar al otro bando y jugar a caballo ganador. Seguir ardiendo.
Esta es una de las historias de la Historia de la Humanidad. 
 

16 de septiembre de 2015

La mirada de Rick

Reflexiones Patibularias 
CI

Pienso en mi mirada como si fuera la mirada de Bogart en Casablanca.

Observar la vida –el mundo, la realidad- con detenimiento. Empezamos por ahí. Pero miramos desde dentro, por mucho que quisiéramos mirar desde fuera. En no pocas ocasiones vemos cosas que no nos agradan, o que nos parecen injustas, incluso inconcebibles. Y tras esa observación llega el razonamiento, la comprensión y la interpretación de la vida que vivimos –o del mundo que habitamos, o de la realidad que nos acoge. Es cierto que hay mucha gente que vive sin observar (y ni hablamos de razonar, de comprender e interpretar). Es cierto, también, que hay gente que razona e interpreta sin observan ni un destello siquiera de lo que ocurre. Y hay gente muy razonable que observa pero que no acepta ni soporta lo que observa; y como no le agrada lo que ve, o le repugna, termina estirando la cuerda que une ambos momentos y termina poniendo allí cualquier ocurrencia. 

En no pocas ocasiones, es repugnante lo que uno observa –mientras vive. En no pocas ocasiones sólo observo lobos a mi alrededor. Lobos con piel de lobos, lobos con piel de cordero, corderos que se hacen trizas a ellos mismos y terminan vistiéndose de lobos, lobos disfrazados de pastores, pieles de lobo vacías con espectros en su interior. Y otras gentes observan la realidad y no los ven. Y otras gentes observan el mundo y aunque los ven, los niegan porque les repugna, o les asustan. Y me pregunto, ¿cómo es que no ven lo que veo?, ¿cómo es que no ven la lobunez, la maldad, lo dañino que somos, lo destructivo, lo inhumano, que no hay esperanza que valga, que no hay salvación ni redención, que nada que hagamos es suficiente?, ¿cómo pueden ser tan miopes, o tan ingenuos? Y pienso también: el mundo no debería ser un mundo de lobos. El mundo tendría que ser un mundo de otra cosa. Y pienso –me pregunto más bien- qué ocurriría si de repente llegará un oleaje de santidad y beatitud al mundo y todo fuera como debe ser. Y así, como por arte de magia, dejaríamos a un lado nuestra lobunez y todo funcionase a la perfección; que una felicidad desbordante se apoderara de todo ser humano. ¿Cómo sería un mundo así –o una realidad, o una vida- en la que realmente el mal perezca y el bien prevalezca? Seguramente no serían pocos los que se aburrirían. Y tampoco serían pocos los que desconfiarían de semejante utopía, y le verían los tres pies al gato.

Pero, después de todo lo que llevamos pasado como humanidad lobuna, del daño infligido, del odio derrochado, ¿estamos realmente preparados para la perfección, la bondad, el altruismo sin concesiones? ¿No tendría que entrar tal oleaje hasta nuestro propio código genético? Si todo fuera tan perfecto, lo que sobraría es nuestra cultura, nuestra civilización, que no dejan de ser un ardid evolutivo –como las plumas de colores, las garras, las alas, las hachas bifaces- para ajustarnos a un mundo lobuno lleno de violencia y competición sin fin. Cuando todo sea una maravilla, nada de lo que tenemos nos hará falta. Y será, entonces, el fin del capitalismo consumado, entre otras cosas tales como las ideologías políticas y las confesiones religiosas. Incluso el lenguaje y la comunicación no serían precisas puesto que estaríamos es un estado de perfección cósmica.

Después de pensar tanto dislate, lo que realmente terminamos haciendo es manejar las imperfecciones de un modo digno, y justo. Porque hay personas, como mi amiga Adela, como mis padres, que aun siendo imperfectas, son dignas, honradas, altruistas, solidarias, reflexivas, que tratan de controlar su lobunez con razones y emociones. Entonces, ¿cuánta cantidad de imperfección podemos aguantar, cuánta cantidad de lobunez podemos soportar? Volvemos a donde comenzamos, al ojo del observador que mira la vida desde dentro de la vida. Y todo vuelve a empezar: es el eterno retorno de lo igual. Termino con este patíbulo con Nietzsche, aquel observador de la realidad que acabó loco perdido hablando con los caballos.

15 de septiembre de 2015

Diatribas a la inteligencia emocional (más bien a su ausencia)

Reflexiones patibularias


C

¡Ay, cómo son¡... 

Los incompetentes emocionales; los kamikazes de la discusión; los insuficientes en la comprensión de los otros; los estrechos de miras; los incapaces de cariño; los derrochadores de ira y de envidia. 

Los ineptos en la empatía; los incapaces en el saber estar; con la expresividad de una roca, con el mismo talento que un liquen para comunicar sus emociones; ausentes aquel día en el que repartieron el sentido común, la cordura y el buen corazón.

Los que solo miran su ego, los que solo hacen caso a su ombligo, para los que solo existen sus propias necesidades; los que no templan sus nervios; los que bajo la piel arde una dermis de violencia latente.

Aquellos que viven presos de sus diablos, encadenados a sus adicciones; aquellos a los que la frustración y el strés empeoran su estulticia; todos esos que no se esfuerzan un ápice en convivir en paz con sus prójimos más cercanos. 

Rácanos del afecto, derrochadores de negatividad, expertos en la coacción y maestros del chantaje emocional; ases en retorcer las cosas, en envenenar las conversaciones.

Los que nunca prestan auxilio, los que ni dan ni piden ayuda, la exigen como si fuera un imperativo de la existencia; como si nadie más que él tuviera tribulaciones y  problemas.

Los que no se hacen responsables de sus actos, tampoco de sus palabras; los que quieren conseguir las cosas mediante pataletas e imposiciones.

Los que se obcecan en la culpa e ignoran las soluciones; centrados en lo negativo en vez de arreglar la tarea; esos campeones en buscar culpables, pero que nunca piden disculpas, ni perdón cuando se equivocan.

Tullidos, impedidos, baldados. Perdidos en el orgullo, absorbidos por la soberbia; ensimismado en su arrogancia, enrocado en la cabezonería más obtusa. 

¡Ay, de esos a los que les falta el corazón a pellizcos¡ ¡Ay de esos que padecen de insuficiencia de inteligencia emocional¡

Reflexiones Patibularias 99

Reflexiones Patibularias

IC

Ya sé que el 99 en número romanos se escribe 'XCIX' pero hoy voy a hacer lo que me dé la gana... ¡estoy rebelde!

- En ocasiones veo lobos. Bueno, eso era cuando era pequeño, quizás ingenuo y sin experiencia. Ahora, en ocasiones dejo de ver lobos. Y es eso, que no los veo, no que no estén ahí a la vuelta de la esquina. Un mundo de lobos. De lobos contra lobos.

Maquinadores y calculadores somos los lobos; siempre tramando y urdiendo. Feroces, con ganas infinitas de hacer daño al otro, incluso de manera preventiva. Algunos se enfadan con Hobbes y lo tachan de esto y aquello por decir lo que dijo. Y a mí me llamarán pesimista. No hay problema. Lo que me enfada es que lleve razón -fíjate.

- Y en ese mundo de lobos, se mueven idealistas -esa gente que al mirarse al espejo no ven al lobo sino al cordero- que siguen pensando y esperando finales felices y no tener que elegir entre malos males. Esto es tan antiguo como la lobunez: defendernos de nuestra propia lobunez. 

- Porque la lobunez nos revienta por dentro. Y nos llena de frustración, lo que nos hace más lobunos todavía. Y piensan algunos que pueden escapar de ella. Ahí nace la utopía. 



PD: Pido perdón al pobre lobo, que no tiene culpa de que alguien cogiera su nombre para estos menesteres.

11 de septiembre de 2015

Reflexiones Patibularias 98

Reflexiones Patibularias 98

XCVIII


¡Qué grande! 
La maestría de decir mucho con poco. El problema está en lo mucho que han cambiado las cosas.
Ahora se lee muy poco; y ya no se viaja, se hace turismo. Con lo que al fascismo y al racismo añadimos la superficialidad exagerada y el esnobismo bocazas que no hacen sino empeorar a los anteriores. 

6 de septiembre de 2015

Reflexiones Patibularias 97

Razones Patibularias 97

XCVII

La red que nos circunda y en la que vivimos nos oprime. Nos mata. Corrupta, injusta e inhumana. No se atiene a las razones, a los argumentos. No se atiene a la bondad y la humanidad. No cambia por las buenas. Si no cambia por las buenas, habrá que cambiarla por las malas ¿Cuánta cantidad de violencia estás dispuesto a usar para desembarazarte de ella? Esto nos pone ante dos cuestiones, una interna y otra externa. La externa, ¿somos realmente capaces de generar la suficiente violencia como para ganar a la potencia máxima en generar violencia? Lo que nos lleva a la cuestión interna, si somos capaces de generar esa violencia, ¿qué nos diferencia de esa red?, ¿no nos convertiremos en una nueva potencia máxima que tendrá que ser depuesta, una vez más, por los que están por venir? Si la vía de los argumentos es imposible, si la vía de la emociones humanas no funciona y la vía de la violencia es catastrófica, ¿qué es lo que nos queda? Sobrevivir eligiendo una de las opciones. La que consideres el mejor malo de los peores malos que tienes para elegir. Pasarte al otro bando. Quedarte como estás. Quedarte como estás intentando escapar por los recovecos del sistema. Seguir intentando razonar con la bestia. Seguir intentando emocionar a la bestia. Meterle fuego a la bestia. Que la bestia te meta fuego a ti. Que ambos, la bestia y todos los demás terminemos cayendo por el sumidero de la historia.

4 de septiembre de 2015

Reflexiones Patibularias 96

Reflexiones Patibularias 96


XCVI

Llamamos ‘icono’ al “signo que representa un objeto o una idea con los que guarda una relación de identidad o semejanza formal”. Tenemos un hecho y lo reflejamos, o representamos, a través de una imagen. Esto es, una realidad pasa a ser un signo abstracto o gráfico. La iconización es un proceso de abstracción muy humano. No hay nada malo en ello. La utilidad es manifiesta. Pero hay días en el que este proceso se hace muy patente.
Es el día en el que la muerte del crío en la playa queda convertida en la foto del pobre crío en la playa. Y es ésta, la foto, el icono, la representación, lo que recorre las redes. 
Yo estoy viendo un problema aquí, y no es convertir la realidad en icono. Hace mucho tiempo un tipo desconocido fue muerto y crucificado en la gran puñeta. De ahí surgió un movimiento social y religioso que rápidamente acogió como icono a la cruz. El icono tuvo éxito, todo el mundo sabe lo que representa; y, además, ha llegado hasta nuestros días. 
El problema del pobre crío es que ha llegado a morirse a la orilla del consumo exagerado y sin límite. Ha llegado a morirse a una realidad donde las cosas duran lo que dan de sí, lo que tardan en consumirse. Y aquí se consume de todo, incluido el simbolismo, las imágenes y los iconos. Y se consumen con ferocidad rabiosa. Y los consumimos hasta que se consumen, esto es, hasta que se gastan y nos dejan de valer y buscamos otros nuevos. 
Los símbolos generalmente tardan un tiempo en eclosionar, en solidificar y que todo el mundo sepa qué quiere significar. Y cuando solidifican, por mucho que los uses y mangonees no se disuelven ni llevan al equívoco. Volvamos al símbolo de la cruz y su éxito como icono. Todos sabemos qué significa aunque se haya reducido el peso específico de tal confesión religiosa. Si alguna vez ésta llegara a desaparecer el icono quedará en los libros y los niños del futuro podrán comprender que una vez existió tal cosa. Lo mismo pasa ahora cuando vemos un ‘Ojo de Horus’ (el Udyat) y sabemos que representa a la religión egipcia, un credo completamente desaparecido pero que en su día suponía la realidad cotidiana de mucha gente durante mucho tiempo. 
El problema está en convertir al pobre crío muerto en icono, en representación, en material de consumo para usar y tirar. En estos tiempos que vivimos las cosas no tienen poso, no cuajan, no solidifican. Y precisamente es internet y las redes sociales lo que hace que no eclosionen las cosas. Las redes no son parte de la solución, son parte del problema. Problema que no se resolverá, desde luego, eliminando las redes. Es que el problema se las trae. Y el pobre crío huyendo de sus terribles problemas ha llegado a morirse a ésta nuestra orilla donde estamos a lo que estamos. ¡Pobrecito!
Y junto al icono se propaga la indignación. Una indignación igualmente icónica, representativa e ideal. Una indignación de consumo, que consume iconos como los coches consumen gasolina. Pero estos símbolos e imágenes se gastan y ya no dan combustible para la indignación. ¡Más madera!, decían los Hermanos Marx montados en aquel tren. La semana que viene ocurrirá otra tragedia que será convertida en icono. Y así hasta que nos consumamos nosotros mismos.
Yo tendría mucho cuidado con aquellos que quieren convertir la realidad en foto, el hecho en icono, y la indignación de verdad en pantomima de autoflagelación colectiva que dura dos telediarios. Estaría bien que hiciéramos las cosas bien esta vez. Y santificar con el éxito el icono del pobre crío muerto en la playa. Y que solidifique, que eclosione, que se haga indeleble en el tiempo, como la cruz y el udyat. Y nos recuerde a todos que no podemos dejar a los pobres críos morirse en las playas.
PD: ¿Por qué ahora, y no hace dos meses o dentro de dos meses? Me gustaría que alguien solvente pusiera sobre el tapete una explicación técnica de este éxodo masivo en el verano de 2015 cuando los combates en Siria llevan unos años. Las cosas no pasan porque sí. Quisiera tener en mi poder más elementos de juicio.

4 de julio de 2015

Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad. Reflexiones patibularias 95

Reflexiones Patibularias 95

XCV

El arte del 'meme' o la batalla para llegar a lo más hondo de la mente del ser humano y ponerla a favor o en contra de lo que sea. En el campo de batalla que supone internet (y las redes sociales), es esta otra trinchera en la que se baten el cobre unos contra otros. Y Grecia no iba a ser menos... menudo bocado.
Ahora ponte tú -después de leer los cientos de memes que rulan por ahí y que tratan de sacar el monstruito que llevas dentro- a pensar seriamente si votar óxi (NO) o naí (SI).
Es como si no hubiera un mañana. Muchos de estos memes, de estas caricaturas y viñetas parecen que buscan dejar la tierra quemada, el suelo baldío, el daño irreparable y la reconciliación imposible. Que el encuentro no sea posible, que sólo haya espacio para la confrontación. ¡Boga de ariete! decían en la película Ben Hur. En los memes hay mucho de esto.
Como muestra un botón....


Katá (en contra)
1.

2. 

3. 


Ypér (a favor)
1. 

2.

3. 





1 de julio de 2015

Reflexiones Patibularias 94

Reflexiones patibularias

XCIV

Exageración


Sobreactuación

Histrionismo

Desproporción

Extremosidad
Desmesura
Sobredimensión
Demasía
                                              



Y en medio de esto, es un acto de profunda subversión pedir lo contrario.... 


Ya me tocan las vacaciones. En este clima de aparatosidad hiperbólica y ridiculismo(*)-agotador e irritante- dan ganas de desconectar, cuando menos. Feliz Verano.

(*) Palabra portuguesa

30 de junio de 2015

Reflexiones Patibularias 93

Reflexiones Patibularias 93

XCIII

1. Una de las cosas que tiene hacerse mayor, de madurar, de tomar las riendas de tu vida, es lidiar y apechugar con lo malo y negativo que te venga. Asumir los errores, pero siempre centrado en la tarea de arreglar las cosas. Manejarlo, impedir que te destroce, aprender de los errores, y que no vuelva a ocurrir; y si ocurre de nuevo estar preparado. 
Soslayar las cosas, patalear y encabronarse, negarlas como si no existieran, mirar para otro lado haciéndose el sueco, evitarlas como si tú no estuvieras allí o no tuviera nada que ver contigo, inventarse un enemigo exterior que se conjura en tu contra, son trazos de inmadurez que pueden empeorar una situación ya de por si complicada. 

Pero claro, del dicho al hecho hay un trecho. ¡Ponte tú a razonar con estas calores....¡



2. La 'Guerra Mundial Total' en este posmodernismo nuestro, en la sociedad del capitalismo consumado, es la máxima perfección de la inveterada 'Ley del Talión' que ya aparecía en el Código de Hammurabi. Mira que han pasado cosas y sigue mucha gente pensando que un acto de violencia e injusticia se sofoca con otro. Y que un acto de violencia e injusticia rebozado como una croqueta de justicia y legalidad se sofoca con otro acto de violencia e injusticia rebozado cual empanadilla de legitimidad popular. Y que al poder destructivo masivo ha de anteponerse otro de igual, o mayor, intensidad.
Nos cuesta aprender cosas imprescindibles. La parábola del escudo y el puño, nos habla de qué ocurriría el día en el que el puño más fuerte e indestructible se enfrentara al escudo más recio e indestructible. Ambos se destruirán.



3. Pues venga... ¡boga de ariete!.... Porque claro, ¿quedarse quieto, parado, callado, aguantarse? .... 
El futuro -nos dicen- no está escrito, está abierto, no estamos predestinados a nada de antemano. Somos dueños de nuestro propio destino.
Va a ser que no.... que si realmente somos como hemos sido, que si seguimos haciendo lo que nos pide el cuerpo, lo que clama la justicia -que el mal perezca y el bien prevalezca- somos combustible vivo de la Ekpyrosis de los estoicos, pasto de la apocatastasis de la patrística. La victoria no será la propia victoria sino la destrucción del otro. Así los dos ganarán porque ambos de destruirán, con todos los demás en medio. 

¡Qué mala es la caló!



14 de junio de 2015

Reflexiones Patibularias - Meter el dedo en la llaga.

Reflexiones patibularias 92

XCII



En el Evangelio de Juan (capítulo 20, versículo 24) aparece el episodio de Tomás y su necesidad de pruebas tangibles para creer en la resurrección del nazareno. Tomás no cree si no ve, si no palpa, si no tiene experiencia directa y sin intermediarios de lo que le pasó a Jesús. 
Si traemos este suceso a la actualidad tenemos que la gente no aprende en cabeza ajena; aprende por sus propias experiencias. Me refiero, claro está, a la actualidad política que vivimos actualmente. El ciudadano no aprende ni por fe, ni por miedo, ni tampoco por las pataletas ridículas de los perdedores. Estamos, eso creo, ante el evento educativo y de aprendizaje social que nos iba haciendo falta.
Por eso, hay que meter el puño en el costado, retorcerlo, hasta quedar saciados de conocimiento de primera mano. Y luego de meter el puño, que se meta el cuerpo entero y pueda verse por uno mismo lo que hay y lo que no hay dentro. Si es cierto lo que dijeron o es una nueva sarta de mentiras. Que cada uno lo compruebe por sí mismo. Así que a por ello, con saña y denuedo, a meter y a meter, hasta que quedemos exhaustos.
Cambiar la fe por los viejos a la fe por los nuevos es una estupidez gigantesca. También significa que no hemos aprendido nada después de todo lo que llevamos pasado. La credulidad de hoy en día no tendría que depender de la fe sino de los hechos. 
Para que nadie pueda decir que no tuvieron la oportunidad, para que nadie diga que no les dejaron, para que nadie diga que se les impidió hacer y deshacer a su antojo. Y, sobre todo, de una vez por todas, nos hacemos responsables de nuestros actos, aguantarse con lo que salga, que somos mayores de edad y no hormigas necesitadas de salvación constante.
Lo dicho, hay que meter en el dedo en la llaga. Y no solo hay que meterlo, una vez dentro hay que retorcerlo y retorcerlo hasta que nos quedemos bien satisfechos.
Tenemos que hacernos mayores de edad y dejar de lado estas estupideces infantiles, esta pose de tragedia constate que no nos ayuda en nada. Nuestra sociedad muestra la extraña combinación de dos distorsiones. La primera es el mesianismo: la constante necesidad de que nos salven de otros. La historia sociopolítica del último siglo es mesianismo puro, en el que un país de menores de edad han clamado al cielo (y últimamente en las redes sociales) para que un Mesías llegue para salvarnos de las garras del malvado de turno. El último es Pablo Iglesias y su partido PODEMOS.
Junto a éste encontramos al milenarismo: el mundo se está acabando, la destrucción se nos viene encima si seguimos así. Vivimos al borde del Apocalipsis constante. La nueva catástrofe la está promoviendo el PP ante los resultados electorales que han acontecido.
Vivimos en la distorsión constante. Y más que un problema de inacción, dejadez o pasotismo de la ciudadanía lo que yo veo es histrionismo social un tanto patético y lastimoso. La tremenda exageración de unos y otros, una hiperbólica necesidad de agigantar nuestras diferencias, de acrecentar los males –mientras se ningunean las semejanzas-, en un frentismo sin misericordia ni reconciliación.
Es alucinante ver lo que pasó ayer sábado 13. Exageración de los que celebraron las investiduras como si hubiera caído el Muro de Berlín o hubieran ganado un Mundial. Exageración de los que no la celebraron como si se hubiera abierto las puertas del Averno y una legión de animas ponzoñosas vinieran a por nosotros para convertirnos en zombies (más o menos lo que le pasó a Jon Snow en el capítulo 8 de la temporada 5). 


No estoy a favor del PP. No estoy a favor de PODEMOS. No voto ni a unos ni a otros. Estoy en contra del frentismo, del antagonismo guerracivilista de esta sociedad histriónica que hemos construido. Estoy en contra de que sólo puedan existir dos bandos y haya que afiliarse a uno de ellos por cojones. Me molesta la minoría de edad de muchos conciudadanos que esperan que un Mesías con coleta le salve de las garras de un tío con bigote. Me molesta la minoría de edad de muchos conciudadanos que tienen el miedo en el cuerpo por el supuesto Armagedon que llega con el cambio político. ¿Cómo saber, a priori, que PODEMOS, va destrozar el país? Nadie sabe el futuro. Esto dura 4 años. Si dentro de 4 años resulta que son unos mataos o que no son el grupo de monjes budistas que dicen ser, que se corrompen en su pureza y son tan chungos como los de antes, la gente podrá volver a votar lo que quiera; y se irán por donde vinieron. Pero tiene que ser a posteriori, con los hechos por delante, con el dedo metido en llaga.
¡Por favor! qué trabajo nos cuesta la mesura y el equilibrio. Hay que hacerse mayor, de una vez 

30 de mayo de 2015

Modo Cínismo 'ON'....

Durante una semana he estado colgando en Facebook un meme-reflexión sobre la jornada electoral acaecida el pasado domingo 24. Siguiendo con la vorágine de análisis y contranalisis que se ha dado en todos los medios (y que seguirá un tiempo todavía), las he recopilado en esta entrada. Ahora puede verse la serie completa.

Sábado de... 'Estoy reflexionando'

Domingo de... 'A votar'... Siempre lúcido, maestro Saramago, ahora que escribes en la eternidad, te llevo en mi recuerdo...

Lunes de.... 'Ajo y Agua'

Martes de... 'A tomar viento fresco'

















Miércoles de... 'A ver cómo cambiamos esto con tanto cambalache'
Jueves de... 'Newton es un listillo'... y aquí, la historia se repite y repite dándole la razón al Nietzsche del Eterno Retorno...

Viernes de...'Esto es todo amigos'... Hasta la próxima, que está al caer.



23 de mayo de 2015

La hermenéutica de 'Allí Abajo'


'Allí abajo' es una serie de TV -que se emite actualmente en A3 los martes por la noche- que cuenta la historia de Iñaki. El nota que aparece vestido de corto, y sombrero cordobés, es un chico vasco que -circunstancias de la vida- termina viviendo en Sevilla, en la que se enamora de una de las enfermeras que cuidan a su madre.
La serie es muy divertida, con momentos especialmente hilarantes como el que podemos ver en la foto. El capítulo de la cuadrilla de vascos en la feria de Sevilla me parece maravilloso: no hay que hacer malabarismos, sólo fijarse en la sencilla comicidad del ridículo humano. Hay que ser muy sieso para no reírse cuando Peio, en un arrebato festivo, se sube a la barra de la caseta y casi desmonta las instalaciones. 
No soy un experto, claro está, pero me parece que una cuestión fundamental que hace de esta serie un programa tan bueno son las actuaciones del plantel de actores. La credibilidad que le dan a los personajes es fundamental, los llenan de humanidad cotidiana y eso se nota. Por destacar algo, y que no sea de los actores principales y más conocidos: la pareja de actores que hacen de la tía Bego y Sabino hacen un papelón (igual que la pareja "contraria", la de Rafi e Isabel); demuestran que con poco, si está bien hecho, se transmite mucho. En fin, la serie es muy recomendable. Yo intento verla con mi hijo adolescente y pasamos unos buenos momentos partidos de la risa, que es de lo que se trata con estos productos televisivos. 
Ahora a lo que voy... el aspecto filosófico de la serie... ¡noniná¡....
Hans-Gorg Gadamer es un filósofo alemán que vivió la friolera de 102 años. Bien, este buen hombre ha pasado a la historia de la filosofía como el 'fundador' de una de las corrientes filosóficas más importantes del siglo XX, la hermenéutica filosófica. Uno de los elementos centrales del pensamiento filosófico de Gadamer son la importancia que tienen los prejuicios en nuestra vida, en nuestra historia.
Me parece, seguramente sin pretenderlo, que la serie 'Allí abajo' realiza una interpretación muy correcta de esta parte de la filosofía de Gadamer. A ver...
Todos pensamos mal de los prejuicios, decimos de ellos que son juicios falaces y sin fundamentos, hechos deprisa y corriendo y sin pensar lo que decimos. Que son juicios falsos y equivocados; o que se hacen con mala intención, con el ánimo de hacer daño. Los prejuicios son dañinos, y no sirven de nada, solemos decir todos. El filósofo alemán no comparte esta última afirmación: los prejuicios tienen un valor fundamental. Son importantes y por eso hemos de prestarles atención.
Lo que dice Gadamer es que lo primero que tenemos que hacer es aceptar que existen y que todos participamos de ellos: nadie está libre del pensar prejuicioso. Si no somos honestos con nosotros mismo, en realidad estamos invocando un prejuicio, contra el propio prejuicio. No se puede no tener prejuicios. Lo que hay que hacer es ver cuáles son nuestros prejuicios. Sin esta aceptación de los prejuicios (la apertura, dicho en términos técnicos) no saldremos de ellos, no los superaremos.
Para que nos entendamos: nadie nace sabiendo. Pero tan cierto como este dicho, decimos otro: nadie tiene la mente en blanco. Todos tenemos en nuestra cabeza un batiburrillo de ideas sobre las cosas de la vida y sobre la gente. Ideas que aprendimos de nuestros padres, en la escuela, en los libros o en la tele. Ideas que forman parte de la sabiduría popular, del saber de la calle, del acervo cultural de los pueblos y las sociedades. Las ideas preconcebidas, los tópicos, -los prejuicios, para que nos entendamos- están ‘allí dentro’, se nos han ido metiendo en la cabeza poco a poco, sin darnos cuenta. Y terminan siendo parte de uno mismo, las buenas, las malas y la medio pensionistas, todas.
Lo que cuenta la serie ‘Allí abajo’ es precisamente esto. Que todos tenemos prejuicios e ideas preconcebidas de lo que son los vascos y de lo que son los andaluces. Muchas de esas ideas preconcebidas se acercan mucho a la realidad, vamos, que son verdad verdadera. Y otras muchas, o son mentira, o son inexactitudes o son una manera de andar malmetiendo.  
El prejuicio no nos aleja de la realidad, realmente lo que hace es acercarnos a ella, nos orientan hacia la misma. Son –dicho de modo filosófico- la condición de posibilidad de la comprensión. Para saber algo de algo, o de alguien, hemos de empezar por los prejuicios que tenemos de esa cosa, de esa persona o de esa situación. El punto de origen para saber, el pistoletazo de salida del conocer, son los prejuicios.
La toma de contacto que tenemos de Iñaki son los prejuicios que tenemos de los vascos. No hay otra cosa. Somos incapaces de controlarnos al saber que Iñaqui es vasco. Y en nuestra cabeza aparecen una enorme cascada de ideas preconcebidas de los vascos. Y lo mismo con Carmen, nos es imposible inhibir los prejuicios que tenemos de ella por ser andaluza. Y en nuestra cabeza van apareciendo una jauría de tópicos sobre los andaluces.
Pero la cuestión importante aquí es seguir adelante. Una vez que tenemos abierta la puerta no podemos quedarnos en ella, hay que seguir adelante. Quedarse únicamente en los prejuicios es aceptar sin espíritu crítico lo que nos dicen. Es quedarnos enjaulados dentro de ellos. Los prejuicios han de convertirse en los materiales de construcción del saber, en los ladrillos del conocimiento. Hemos de esforzarnos en comprobarlos y verificarlos, confirmarlos o refutarlos.
Hay ahí un importante trabajo: todos, al menos los que se esfuerzan en trabajar con sus prejuicios, hacen un trabajo filosófico sin saberlo. Hay que profundizar en esas ideas preconcebidas, en esos típicos tópicos que traemos de serie con nuestras vidas. Para hacerle justicia a Iñaki –y a Carmen- tenemos que saber más cosas de ellos, saber de su pasado, de sus relaciones familiares; tener información buena y honesta de sus lugares de origen, de la historia de sus pueblos; saber de su lengua, cómo se expresan, cómo conversan y se relacionan con los demás; pero, incluso, y eso lo sabemos por Aristóteles, de la meteorología y la  geografía su tierra. Por eso es tan importante el paisaje y la ‘fauna’ humana -el paisanaje de Unamuno, un vasco universal y español cósmico al que admiro profundamente- que nos enseña la serie. La cuadrilla de amigos, las vecinas, los tíos, esa callada camarera de corazón palpitante, el médico malaje, el celador pillastre, el Sr. Benjumea, la tasca, el patio de vecinos, el hospital, etc. Hay mucho de ‘ponerte en su lugar’, el ‘tomar su piel’, el ‘ponerte en sus zapatos’, etc. La empatía es una cuestión de la psicología en la que no podría entrar con profundidad. Pero la comprensión del otro, el entendimiento con los otros, sí es un tema muy filosófico, que ha llenado muchos libros en la historia del pensamiento.
Desmontar los prejuicios sobre los otros, hacerles justicia, supone un importante trabajo sobre uno mismo. Al hacerlo, al investigar sobre los prejuicios que tenemos de los demás, vamos descubriendo cómo somos de verdad. Cuando nos enfrentamos a algo, a alguien o a una situación, tampoco podemos evitar realizar una proyección de nosotros mismos. Lo dije anteriormente, no estamos vacíos: tenemos vivencias previas, tenemos esperanzas y expectativas, tenemos miedos, filias y fobias. Y pensar sobre otros nos pone a prueba a nosotros mismo, nos dicen cómo somos, qué tenemos, qué nos falta, etc. Porque no podemos evitar compararnos, y pensar qué sería de nosotros, o que haríamos nosotros, etc. Y nos damos cuenta de que algunas cosas son ciertas y que otras son falsas, que estamos equivocados, que tenemos que mejorar, ser mejores personas, aprender a pensar mejor de los demás y/o de nosotros mismos, etc.
Volvemos con Gadamer, que lo tenemos muy olvidado. Hasta ahora teníamos a los prejuicios, teníamos la disposición a trabajar sobre ellos, teníamos un caudal de información que puede modificar los tópicos y teníamos nuestro propio ser, nuestra mente, conciencia o como queramos llamarla. Para el alemán lo correcto sería estar abierto a lo que el otro tiene que decirnos sin renunciar a lo que nosotros mismos tenemos que decir. Y eso tiene forma de diálogo mental, de conversación interior. Más de uno se habrá dado cuenta que el pensar se parece mucho a una conversación con uno mismo, una especie de charla incesante e infinita de uno mismo consigo mismo. Allí abajo, o allí dentro, en nuestra cabecita, se encuentran las ideas preconcebidas que tenemos de los vascos y de los andaluces, y éstas se enfrentan a la información que vamos obteniendo al conocer más afondo a Iñaki y a Carmen, sus vidas y aventuras. Y nos damos cuenta de que es cierto que el vasco Iñaki es de cierto modo a como dicen que son los vascos, o que la andaluza Carmen no es cómo dicen que son las andaluzas, por ejemplo. Hasta que llega un momento en que vemos la verdad de Iñaki como Iñaki y de Carmen como Carmen; y ser vasco o andaluza son un elemento entre otros muchos de su vida, pero no el esencial o el que define su existir.
Y todo eso, toda esa charleta interior nos ayuda en algo que ya dijo otro filósofo hace una jartá de años; un tal Heráclito de Éfeso que dijo  ‘Conócete a ti mismo’. Ver las peripecias de Iñaki y de Carmen, ver cómo se enamoran, ver cómo los vascos se lo pasan bien en la feria, como la pareja que trabaja en el bar afronta sus problemas, ver cómo el Sr. Benjumea lidia con su soledad, ver la enfermedad de Maritxu, la timidez de Nekane, la soberbia del médico, etc., nos ayudan a nosotros mismos porque todos nos estamos enamorando de alguien, o vivimos en soledad, o tenemos problemas laborales, o tratamos a diario con hijos de las cuatro letras, etc.
Pero es que hay más, y nos ponemos un poco idealistas o utópicos para terminar. Ese diálogo interno –el que le hace justicia a los otros, y el que nos ayuda a nosotros mismo a ser mejores personas y afrontar las cosas de la vida- puede materializarse en diálogo externo con ese otro. Y ese diálogo material y efectivo con el otro, el hablar o conversar con otras personas de distinta procedencia a la nuestra, con otro pasado, con otra historia, con otra tradición, con otra lengua,  abre la posibilidad de llegar a acuerdos, buscar soluciones a problemas y conflictos graves e importantes.
Al final, los prejuicios no son tan malos si sabemos trabajar con ellos y manejarlos con decencia y buena voluntad. Y eso es lo que hace la serie ‘Allí abajo’.
Una post data para terminar… ¡kabenzozt!...

Fco. Javier Benítez Rubio es Diplomado en Enfermería y Licenciado en Filosofía.

17 de mayo de 2015

Reflexiones sobre la importancia de un sistema educativo aconfesional.

Reflexiones Patibularias 91

XCI
La religión, para el creyente más escrupuloso y ortodoxo, supone un ideal de obligado cumplimiento; que, además, supera la barrera de la idealidad para afectar la conducta humana y la estructura moral de la comunidad. Este ideal, por tanto, es ejecutable, se ha de materializar en el mundo. Dice Fernando Savater que 
para los fieles, la creencia religiosa no es fruto de la imaginación humana sino de la revelación divina; y para ellos, …, la cuestión no es sencillamente interpretar nuestra experiencia vital sino transformarla de acuerdo a los dictados de preceptos que nos han sido dados por una autoridad superior[1].
Lo que religión ofrece al creyente no se lo frece nadie: propone un camino doctrinal soteriológico, dispone de soluciones sobrenaturales para paliar el miedo a nuestra condición finita y mortal, y establecen normas de comportamiento, personal y grupal, para minimizar los padecimientos y los temores vitales.

De todo lo dicho anteriormente, lo que plantea un problema grave, severo y de difícil encaje en las sociedades libres en las que vivimos actualmente, es la obligatoriedad. Si las creencias religiosas quedaran en el ámbito simbólico, o de la opinión privada, o en el contexto del derecho personal, el mundo sería otro -pero no ahora, sino desde hace milenios. La religión es una obligación, asumida por el creyente, pero que debe ser trasladada por imposición a todos los demás. En las democracias occidentales laicas, las jerarquías han perdido peso social y político. Pueden, claro está, hacerse oír en el ágora pública como otros muchos grupos ideológicos, y las creencias y ceremonias se ejercen libremente dentro del marco de las leyes civiles.
Superada la amargura de la debilidad sociopolítica, se enfrentan las altas instancias eclesiales a otro asunto: la influencia impositiva sobre la masa de creyentes también disminuye, con lo que el número de creyentes sumisos tampoco es el que era. Se multiplican los librepensadores, los heterodoxos, los críticos y los disidentes. Es en este contexto de pérdida clara de influencia social donde el asunto de la educación se vuelve tan importante. Las libertades en democracia son fundamentales; y entre ellas destaca la libertad de enseñanza. Existe el peligro de que a través del sistema educativo, subrepticiamente o no, se difundan explicaciones inverificables sobre la naturaleza y el mundo, y soflamas sobre la moral y sus valores. El adoctrinamiento en una fe religiosa concreta supone también el adoctrinamiento en una forma de comportamiento determinado. Y este vínculo que existe entre creencia y acción es lo que convierte este asunto en un peligro para la vida democrática de la comunidad. 
Considero que el sistema educativo público tiene que ser aconfesional en lo tocante a la religión. Y en aquellas asignaturas relacionadas de algún modo u otro a ésta, se traten los asuntos con rigor histórico y científico. Y en cuanto a la sociedad en general, la libertad de crítica a la religión ha de tener el mismo tamaño que la libertad que se concede a la religión misma. Es importante que permanezca abierta la posibilidad de denunciar la nocividad de algunas creencias religiosas, especialmente las que pretendan competir con la ciencia y con el discurso político; que no se cierre la opción de criticar las ocurrencias de la jerarquía, especialmente la que pretenden censurar los valores y opciones de vida de algunas personas.



                [1] Savater, F., ¿Es tolerable la tolerancia religiosa?, en Bermejo, D. (Editor), ¿Dios a la vista?, 2013, Dykinson, Madrid, p. 487.